Fedra Icela Padilla Wilson, estudiante de tercer grado, ya comió. El reloj marca las 9:40 a.m. y ahora unos 470 alumnos se disponen a continuar con la jornada escolar en el colegio Corazón del Muelle, situado en Bilwi, cabecera de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).
Ella no había desayunado en su casa y la merienda integrada por arroz y arvejas que recibió en el colegio es el primer alimento del día.
A esa hora la estudiante ya tiene un par de horas de clases. No obstante, la jornada escolar se interrumpe para desayunar. Luego se incorpora a su aula de clases que carece de pupitres, pizarra acrílica, ventanas y techo en buen estado.
En su escuela, cuatro de cada 10 niños tiene que “enrollarse” literalmente en el piso porque no hay pupitres, y los que hay están arruinados.
En Puerto Cabezas los estudiantes además de recibir clases con hambre tienen que soportar el deterioro de la infraestructura escolar.
En el colegio Corazón del Muelle hay una matrícula de 470 alumnos, todos provienen de barrios pobres, según explica el director Eddy Wilson.
La matrícula de este centro de enseñanza no se corresponde con la cantidad de pupitres que el Mined proporcionó unos cinco años atrás.
Según Wilson la merienda no falta en este colegio pero sí los pupitres. Ahí además de recibir las clases, cuatro de cada 10 alumnos tienen que sentarse en el piso para comerse la merienda que los padres de familia llegan a preparar a la cocina artesanal que tiene el centro de enseñanza.
MERIENDA ATRAE ESTUDIANTES
Wilson dijo que el año pasado, cuando la merienda no se entregaba todos los días a los estudiantes, la matrícula pasó de 470 a 340 alumnos.
- La merienda escolar en las escuelas públicas de Puerto Cabezas se distribuye por las mañanas.
Después de comer al niño lo vemos más animado y atento en las clases (…) lo único que el Mined no nos entregó fue el aceite, hasta el año pasado nos daban aceite pero ahora no sé qué ha pasado que no nos vino, dijo Micke Levis, director del colegio Rubén Darío.
No obstante, Alfred destacó que hay escuelas donde la situación de la infraestructura escolar entorpece el efecto de un aprendizaje de calidad que podría asegurarse a través de la merienda escolar.
Anualmente el Mined distribuye 20 mil toneladas de alimentos, de las cuales el 30 por ciento es asumido por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y un 70 por ciento lo asume el Mined.
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En el municipio de Puerto Cabezas, a unos 565 kilómetros de Managua, la matrícula escolar se asegura a través de la merienda escolar que sirve de “gancho” para conseguir que el niño asista todos los días a la escuela.

La pobreza es extrema en ese municipio y obliga a las familias a “apretrarse” el estómago porque los tres mil córdobas promedio con los que viven en los hogares no ajusta para más.
Por eso comer arroz con arvejas resulta más accesible para las familias que generalmente viven de la pesca. Esta no es la única opción alimenticia de Puerto Cabezas, pero sí es la más barata.
En casa por lo general las familias le añaden guineo cocido o un pedazo de pan de coco y ya “matan el hambre”, según cuenta Martha Henry, madre de familia.
En la escuela ese mismo platillo representa un segundo o tercer tiempo de comida para el niño que acepta ir al colegio porque tiene su alimentación asegurada.
MATRÍCULA SATURADA
Allison Gutiérrez ingresó este año al colegio Jardín de Sonrisas. Esta pequeña tiene cuatro años y todavía le cuesta hablar, aún así dijo: “Mi mamá me trae a comer (…) y estudio también”.
Este centro de educación inicial y preescolar está equipado totalmente para asistir a 200 niños. Su infraestructura es la apropiada para atender a la primera infancia.
No obstante, según Michelline Urbina, directora del centro educativo, la matrícula este año se saturó con 250 niños.
“Porque aquí se les asegura su comida y también se busca apoyo con los padres y otros organismos como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y aquí acompañamos las arvejas con queso, carne, pollo y hay días en los que les hacemos arroz aguado de pollo o sopa de res”, detalló Urbina.
NIÑOS SE DESMAYAN
En Bilwi las escuelas con más demanda son las asistidas por el Programa Integral de Nutrición Escolar (PINE) del Ministerio de Educación (Mined), pero hay otras, como el colegio Corazón de Niño, donde alrededor de cuatro niños se desmayan a diario por estudiar con el estómago vacío.

“No nos dan el PINE y eso que atendemos a niños de barrios bien pobres. Imagínese que ahorita atendemos a 422 alumnos de preescolar y primaria y no todos desayunan o almuerzan en sus casas. Por eso es que a final del año vemos que se nos van de la escuela”, relató María Elena Rivas, subdirectora de primaria del colegio Corazón de Niño.
El exministro de Educación, Miguel De Castilla, dijo el pasado miércoles que en las zonas alejadas del país, principalmente en la Costa Caribe nicaragüense, más que aprender los niños llegan a buscar un plato de comida.
Se estima que en el país 21 de cada 100 niños en edad escolar padecen desnutrición crónica, según la Encuesta de Hogares realizada en el 2007.
Y en zonas como la RAAN se estima que 35 de cada 100 niños tienen desnutrición crónica por los pocos ingresos de las familias.
Para el exministro, la merienda que ofrece el Mined, a casi un millón de estudiantes de preescolar y primaria, funciona como un “gancho” para garantizar la matrícula escolar. En el 2009 el programa alcanzó una retención escolar por encima del 90 por ciento.
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