Por Fabián Medina
Foto de LA PRENSA/Manuel Esquivel
Esta es la historia de una muchacha de Estelí que quería ser profesora y estudió para ello, pero se metió a guerrillera. Luego entró a la Policía y lleva ya 32 años en ese cuerpo, donde es una de sus principales jefes. La comisionada mayor Glenda Zavala Peralta dirige con mano dura una de las áreas más calientes de la Policía: la Dirección de Auxilio Judicial.
¿Usted escogió la Policía o la Policía a usted?
Cuando andaba en la guerrilla, yo decía: el día que triunfemos voy a entregar el fusil y me voy a dedicar a dar clases, pero mi jefe me dijo: vamos a formar la policía y yo veo que vos quedas bien ahí. Yo lo hice a manera de prueba. (Ríe)
Y ya lleva probando 32 años y mire donde está. ¿Se ve de jefa de la Policía?
Cuando uno llega a este grado, comisionado mayor, que es el grado que antecede a comisionado general, ya hice carrera policial. Sí, uno tiene aspiraciones…
¿Quiere ser jefa de la Policía?
Sí, claro. Si me tocara la oportunidad, me gustaría hacerlo. También me puede tocar el retiro.
¿Y si se retira a qué se dedicaría? ¿Retomaría su profesión de maestra?
Si me dan la oportunidad, sí, tal vez ya no en secundaria, pero sí en la Academia de la Policía.
¿Qué le gusta hacer para divertirse?
Me gusta bailar mucho.
Vaya, bailarina…
Siempre estoy participando en concursos de bailes que se desarrollan en la Policía, y en mi vida personal también me gusta.
¿Qué baila?
De todo un poco: salsa, merengue, un poco de palo de mayo, folclor…
¿Qué le deja el baile?
Baja el estrés del trabajo y me siento bien. Es saludable. Me satisface, porque me gusta y porque las otras personas dicen que lo hago bien.
Uno piensa que la jefa del Departamento de Auxilio Judicial sólo vive entre papeles y capturando delincuentes.
Siempre hay momentos para todo. Este 25 de marzo, por ejemplo, es mi cumpleaños. Mi mamá dice que mis cumpleaños son maratónicos. A veces paso hasta un mes celebrando porque me invitan de todos lados. Un asado, un cerdito, y, no vamos a negar, el traguito, la cerveza… normal.
¿Qué la saca de sus casillas?
La impuntualidad, el irrespeto. Trato de respetar para que me respeten
Les grita a sus subordinados
Sí pasa, no voy a decir que no.
¿Y a los reos?
A la persona detenida hay que respetarle sus derechos. Está demás tratar mal a una persona por un delito. Hace años se pensaba que la confesión era la prueba fundamental. Ya no. Hay que investigar.
¿Campo u oficina?
En el trabajo me inmiscuyo en todo. No me gusta ser jefa de escritorio, siempre estoy en el caso. Si hay que entrevistar, entrevisto al detenido, si hay que hacer investigación, la hago. Soy operativa. Me gusta estar en el terreno.
¿Algún caso que le ha revuelto el estómago?
Sí, un caso de Estelí. Una violación. Fue la forma cómo encontramos el cadáver. Uno nunca se acostumbra. Tratamos de ver cada caso desde el punto de vista técnico, pero en el fondo uno tiene su sensibilidad.
¿Qué siente cuando un juez deja libres a delincuentes que tanto les costó capturar?
Uno se frustra. La verdad es que me molesto Creo sí que ahora con la legislación eso está cambiando.
¿Usted teme que le pase algo?
Tomo las medidas de seguridad que hay que tomar, pero no soy excesiva. Trato de pasar desapercibida.
¿Cuándo fue la última vez que le disparó a alguien?
Participé en la insurrección. Como policía, nunca. Más bien en el 83 me dispararon a mí en una emboscada.
¿Qué le diría usted a una muchacha o muchacho que quiere ser policía?
Que esta es una manera de servir a la sociedad.
¿También le diría que tiene su lado feo?
No es su lado feo le diría sí que ser policía requiere algunas restricciones. Trabajamos sin horario, no tenemos días festivos libres, más bien cuando la población festeja nosotros trabajamos.
Y que los salarios no son los mejores.
Deberíamos ganar mejor, pero creo que algunos beneficios que nos dan compensan esos salarios.
¿Y qué piensa cuando oye que dicen que esta Policía es cada vez más partidaria?
Nosotros nos apegamos siempre a la ley. Y tratamos de que las cosas se resuelvan con los menores costos. Buscamos el equilibrio. Yo trato de ser profesional.
¿Usted es sandinista?
Yo no lo niego, nuca lo he negado. Yo soy sandinista, pero en mi trabajo soy muy profesional. En 32 años no tengo denuncias en mi contra en Asuntos Internos ni en los Derechos Humanos. Eso me parece que es un buen punto de partida para evaluarme.
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