CORRESPONSAL/ LEÓN
Imelda Guevara, de 60 años, tiene 22 años de vender en el Mercado La Terminal, en donde hay malas conexiones de aguas negras y cada vez que llueve se inunda, además las láminas de zinc están “agujereadas”.
Los comerciantes de La Terminal de Buses pidieron a las autoridades municipales que cambien los perlines y el zinc y de una mejor imagen a ese centro de compras.
Milton Castellón, de 39 años, comerciante de productos lácteos con 12 años de trabajar en el Mercado La Terminal de Buses, asegura que las autoridades municipales nunca han invertido y que las bases (perlines) del mercado se encuentran sarrosas.
“Las condiciones son pésimas, toda la infraestructura ya está obsoleta, el techo casi nos llega a la cabeza, solo son cobrar impuestos y no ha habido inversión de nada, todos los días doy de impuestos 12 córdobas, nosotros no sabemos qué hacen con nuestros impuestos, se preocupan por cobrar, solo la Alcaldía sabe qué hacen con el dinero”, dijo Castellón.
Amparo Munguía Hernández pidió a las autoridades que cambien el techo, pues se encuentra sucio y cuando llueve se pasa el agua. “En varias ocasiones les hemos dicho a las autoridades y no hacen nada”, dijo.
Otro de los problemas que existe en el mercado es la falta de iluminación. Cuando los comerciantes llegan por la madrugada abren sus tramos en plena oscuridad. Al igual que en el Mercado Central, el servicio de electricidad está disponible, pero no hay bombillos.
Deisy Prado Gutiérrez, de 70 años, manifestó que cuando llueve parece un “pascón (el techo), queremos que nos cambien el zinc y lo pongan más alto, de un momento a otro nos cae el techo, no sirve, ya es hora de que lo cambien y las bujías no funcionan, creo que con nuestros impuestos deben componer este mercado, nos han echado al olvido”, dijo Gutiérrez.
COMERCIO EN LA CALLE
Otro de los problemas que existen en La Terminal de Buses es la extensión del mercado, lo que ha generado un desorden, porque unos 30 comerciantes se han tomado algunas calles para vender sus productos.
Los conductores particulares, taxistas y personas que caminan aseguran que los comerciantes no deben salirse a la calle a vender sus productos.
Sin embargo Mariela Sandoval, de 35 años, vendedora de verduras, colocada a orilla de la calle, dijo que el alcalde debe pensar en la gente pobre antes de tomar la decisión de moverlos.
“Él está bien sentado en una oficina y uno se asolea aquí, él debiera ponerse la mano en la conciencia, que nosotros somos personas pobres, no tenemos un recurso fijo, un tiempo el alcalde pensó en desalojarnos hasta con la Policía”, dijo.
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