El viaje que hacen cada día centenares de usuarios en el servicio de transporte interlocal expreso que va de Masaya a Managua no es precisamente un recorrido cómodo y seguro, que se pueda disfrutar, sino más bien es un recorrido controversial y estresante para quienes necesitan llegar hasta la capital.
Estos recorridos duran cerca de 40 minutos y los microbuses diseñados para una docena de personas están llenos de sorpresas.
“¡Managua, Managua! ¡Súbase, que hay espacio todavía!” es el grito común de los cobradores que llaman a los pasajeros a subir.
Lo asombroso es que en la unidad siempre hay espacio para subir a otro pasajero, a costa de apretar a los demás.
TODO INICIA EN LA TERMINAL
Las expresiones de descontento, molestia, insatisfacción y muchas veces de desesperación se pueden observar en los rostros de cada usuario que llega desde muy temprano a buscar cómo abordar los microbuses que se usan en este servicio de transporte y que parten desde la terminal del parque San Miguel, en Masaya.
A las siete de la mañana la terminal es “invadida” por centenares de personas, que abordan un bus para poder viajar a la capital y dirigirse a sus centros de trabajos, la universidad o algún mercado capitalino.
- La capacidad en estas unidades de servicio expreso es de 12 pasajeros más el conductor. Pero los transportistas doblan ese número y durante el recorrido abordan hasta 12 pasajeros más, los cuales tienen que ir de pie y pagando 13.50 córdobas como pasaje, igual las personas que viajan sentadas.
En zonas donde la velocidad permitida es de 80 kilómetros por hora se desplazan hasta a 120 kilómetros por hora.
Aventajan todo tipo de vehículos que van en la misma carretera hacia Managua, en zonas prohibidas, invaden carril contrario, los conductores hablan por celular las veces que sea necesario, sin importar nada, violando las leyes de tránsito.
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Las condiciones de infraestructura en esta terminal no son las más adecuadas. No hay bancas donde sentarse ni techo para protegerse del sol o la lluvia.
Las personas tienen que preocuparse por no meter sus pies en “lagos” de polvo que se pueden observar; y por si fuera poco tienen que ser muy pacientes para esperar al menos 35 minutos y abordar el bus expreso, si tienen suerte.
Por lo general se aprecia una larga fila, que forman de manera irregular y a su conveniencia las personas, debido a las malas condiciones del lugar.
Se escucha todo tipo de pláticas. Problemas laborales, económicos, conversaciones que son seguidas de grandes sonrisas que al final terminan siendo una suerte distracción “necesaria” para la espera larga.
ABORDAR NO ES FÁCIL
El permiso de salida de las unidades de transporte interlocal expreso es autorizado con intervalos de cada cinco minutos. Cada bus se llena al instante, por su poca capacidad. A pesar de que los usuarios están a la espera en una fila, hay que “ponerse vivo” y tratar de agarrar un lugar a tiempo, de lo contrario tendría que esperar más.

“Esta situación es todos los días cada mañana. Antes era menos fregado abordar un bus para dirigirse a Managua. Creo que las cooperativas debieran poner a disposición más de ellos, porque se necesita que el servicio mejore”, comentó Roberto Estrada, quien viaja a diario hacia Managua, donde trabaja como conductor.
“Es un desorden el que se forma en esta terminal todos los días. Al menos tengo que esperar hasta 30 minutos para poder irme en uno de estos buses. Lo que más lo desespera a uno es ver la larga fila que debemos hacer”, comentó Rosa López, quien viaja a Managua todos los días.
EL RECORRIDO
El recorrido que hizo ayer una unidad de la cooperativa 17 de Mayo, con placas número (CZ-189), es de unos 25 kilómetros.
La unidad sale a las siete y media de la mañana con destino a la Universidad Centroamericana (UCA). El cobrador, al que llaman Martín, grita siempre que “hay lugar todavía. Hay que acomodarse”.
La unidad abandona el casco urbano de la ciudad de Masaya y sale a vía central para tomar rumbo a la carretera Masaya-Managua.
“¡Masaya-Managua! ¡Masaya-Managua! ¡Súbase, que todavía hay lugar!”, insiste Martín. Los ciudadanos a bordo del bus se vuelven a ver preguntándose dónde subirá más pasajeros, si el microbús va lleno.
Lo importante para Martín es que el microbús se detenga y ofrezca un lugar aunque nadie alcance. Hasta llegar a la UCA, siempre hay espacio.
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