Desde la enseñanza de las matemáticas se puede promover el consumo de frutas y alimentos nutritivos en la niñez que ingresa al preescolar y primaria.
Aprender a sumar y restar contando bananos o naranjas puede resultar tan divertido, así como aprender las unidades de medidas como el litro a través de la leche.
El exministro de Educación, Miguel de Castilla, habla con LA PRENSA y enfatiza que “con hambre es imposible aprender”.
El experto en educación afirma que en las escuelas del país no es extraño que un niño se desmaye al llegar a la escuela.
Este malestar puede estar influenciado por la falta de una buena nutrición y también porque los niños, principalmente de la zona rural del país, tienen que caminar grandes distancias para llegar a la escuela.
Por ahora el Ministerio de Educación (Mined) proporciona a casi un millón de niños una merienda rica en proteínas y carbohidratos, pero esta carece de vitaminas y minerales ya que no contiene frutas y vegetales.
Además el Programa Integral de Nutrición Escolar (PINE) apenas ofrece al niño un promedio de 350 calorías al día, casi el 30 por ciento de lo que en realidad se necesita consumir al día. Según el Instituto de Nutrición para Centroamérica y Panamá (INCAP), un niño que ingresa al preescolar, cuya edad oscila entre los 3 y 6 años, necesita 1500 calorías y uno de primaria requiere 1750 calorías diarias a partir de los siete años.
La alimentación es determinante para el crecimiento del niño, pero ¿cómo contribuye en el desarrollo intelectual del estudiante?
La educación es un cruce de caminos, no sólo la relación de maestros-alumnos es la que garantiza la calidad de la misma. Muchas veces los factores que determinan calidad están fuera de la escuela y ese es el caso de la alimentación de los niños, a más niveles de pobreza de la población, menores niveles de posibilidad hay de que el niño se alimente bien y que llegue a la escuela con capacidades y fortalezas para aprender bien y mejor.
La alimentación tiene que ver con el desarrollo de todas las capacidades mentales de la persona, la atención que el niño pone a la explicación que está dándole la maestra. Un niño con hambre se distrae y tiene bajos niveles de memorización.
Eso va más allá del ingreso a la escuela.
Claro porque ese mismo niño cuando sea grande trabajará con menos capacidad en su puesto de trabajo. Partiendo de esa conclusión universal en relación a la alimentación-aprendizaje, se decide (en 1989) incorporar la alimentación escolar como un eje transversal del currículo de la educación básica y media.
Aquí influye también el tema de la implementación de los huertos escolares (en 1,200 colegios) y la lucha contra la comida chatarra en las escuelas. No se trata de alimentar por alimentar, sino de garantizar que el niño amplíe sus capacidades intelectuales, permanezca en las escuelas y transmita sus conocimientos sobre nutrición escolar. Todo esto repercute en el futuro de la persona.
¿Qué cambios considera que ha traído la alimentación escolar en la niñez que llega a la escuela?
No hay investigaciones científicas en el país que muestren la situación nutricional de los niños en las escuelas. Aquí en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN Managua) estamos creando el Observatorio Pedagógico de la Educación Nacional y una variable que esperamos determinar es el tema de la nutrición escolar.
Lo que sí hemos visto, a partir de la experiencia en las escuelas, es que hay escuelas donde los niños llegan porque se les garantiza la alimentación. Recuerdo que en Bilwi una maestra me afirmó que la matrícula se había incrementado a partir de que se inició a entregar los alimentos, en esa escuela los niños más que a aprender llegan a comer y la comida es un gancho para que el niño ingrese en el sistema.

Pero el PINE es una merienda completa.
En las escuelas se da una parte (arroz, frijoles y maíz) pero los padres tienen que completarlo con otro ingrediente.
¿Cuáles son los estándares de peso y talla con la que los niños ingresan al sistema educativo?
No tengo el dato preciso pero sí sabemos que los estándares del peso y la talla con la que los niños ingresaban a la escuela fueron bajos. El PINE abastece a casi un millón de niños y la matrícula de preescolar y primaria anda por ese mismo número.
Pero hay algunas escuelas que no son beneficiarios de este programa alimenticio.
Claro y son escuelas de las zonas alejadas. Lo que se está haciendo por ahora no (es lo ideal), pero sí es un esfuerzo y por eso fue galardonado por la Organización de las Naciones Unidas para Agricultura y la Alimentación (FAO) en 2008. El PINE además de la merienda está dentro del currículo y lo que se les enseña a los niños en las aulas de clases está estrechamente relacionado con lo que les ofrecen las señoras en los quioscos escolares.
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