Los fuertes rayos del sol a los que se ha expuesto Alejandro José Paniagua ya han oscurecido su piel morena durante los seis años que lleva desempeñándose como mototaxista en el municipio de Ciudad Sandino.
La jornada laboral de Alejandro Paniagua, de 38 años, inicia desde las seis de la mañana y culmina a eso de las siete de la noche cuando ya logró “realizar el día”, lo que significa que ya ha reunido los 250 córdobas de pago diario al dueño del vehículo, además que ya recuperó la inversión de 200 córdobas en gasolina y que ya obtuvo su ganancia que va de 50 a 150 córdobas.
Hace más de seis años que las mototaxis o caponeras se han convertido en los medios de transporte más utilizados por la población de Ciudad Sandino, para el traslado local en los más de 50 kilómetros cuadrados de extensión que comprende ese municipio.
Según el departamento de transporte de la comuna de Ciudad Sandino, existen unas 190 mototaxis registradas y más de 100 con permisos provisionales para operar.
De acuerdo con estadísticas de Tránsito de la Policía Nacional, existen más de 900 mototaxis en el país, por lo que las casi 300 caponeras que operan en Ciudad Sandino representan poco más del 30 por ciento, convirtiéndose en uno de los municipios que más utiliza este medio de transporte.
Si bien es cierto que el oficio de mototaxista para más de 200 conductores originarios de Ciudad Sandino representa una oportunidad de subsistencia, también conlleva muchas dificultades y riesgos, aparte del cansancio y la “gran asoleada”.
Para los cadetes la ganancia se ve reducida por el pago a sus arrendadores y por las inversiones que realizan en las reparaciones de las mototaxis, debido principalmente al mal estado de las calles, convirtiéndose en un gasto recurrente.
Orlando Fonseca Gaitán, propietario y conductor de una mototaxi, recuerda que la situación se tornaba más difícil para él cuando inició como cadete de una de las tres primeras caponeras en Ciudad Sandino en el año 2004.
“Empecé cuando el chino nica metió las tres primeras motos en Ciudad Sandino. Empecé como cadete, pero gracias a Dios me salió una oportunidad de pagar una al crédito en dos mil 500 córdobas. Ya con mi moto puedo ver más ganancias porque no es lo mismo que trabajársela a alguien”, dijo Fonseca.
En contraparte el mototaxista admite que cada 15 días debe llevar el vehículo a un taller mecánico, pero además semestralmente hace una inversión de unos 4 mil 500 córdobas en mantenimiento del vehículo y pagos en la municipalidad.
“Cuando uno no es cadete tiene que guardar para reparar la moto por lo menos cada 15 días. Se friegan los rines por el peso de las personas y el mal estado de las calles. Las calles no tienen buenas condiciones, están prácticamente desbaratadas y eso nos perjudica directamente a nosotros”, señaló el conductor.
A COYOL QUEBRADO
A diferencia del caso anterior, para Alejandro José Paniagua la situación es otra. Su meta diaria es reunir 600 córdobas para poder obtener unos 150 córdobas de ganancia.
Esos 600 córdobas equivalen a 60 carreras, ya que la tarifa estándar dentro del casco urbano es de 10 córdobas.
Aunque confiesa que a veces no ha logrado ni “sacar el turno”, es decir que las carreras que realizó solo fueron para pagar el derecho de la moto y el combustible, Paniagua reconoce que su trabajo de mototaxista le ha permitido mantener a su familia de cuatro miembros aunque sea “a coyol quebrado y coyol comido”.
“La compra de la comida es al diario. Aquí no hay nada de que voy a comprar la canasta básica. Digamos que yo me pongo a ahorrar para comprarla, pero siempre surgen otros gastos que tengo que realizar y ahí voy solucionando al coyol quebrado y coyol comido”, refirió.
VULNERABLES AL PELIGRO
Según Rubén Martínez Vidal, conductor de una mototaxi desde hace más de tres años, son muchos los peligros a los que se exponen tanto en las vías principales de la zona urbana del municipio así como en algunos barrios y comarcas.
“Los buses casi nos pasan llevando, a cada rato tenemos problemas con los buseros porque a veces no nos dan la pasada y se creen los reyes en las carreteras. El otro problema es que como las calles están malas los vagos se aprovechan para robarnos cuando estamos pasando por una calle agrietada”, comentó Martínez.
Orlando Fonseca Gaitán recordó que hace más de un mes tres pasajeros le hicieron parada y minutos después lo intimidaron con un arma blanca para despojarlo del dinero que había recogido.
“No nos podemos confiar porque los ladrones se hacen pasar como pasajeros. La otra vez me hicieron llevarlos hasta la Laguna de Xiloá y estando ahí me acorralaron con unos machetes. Gracias a Dios no me mataron, pero sí me robaron 700 pesos (córdobas)”, relató.
Según Alejandro Paniagua, el mal estado del 70 por ciento de las calles de Ciudad Sandino facilita el actuar de la delincuencia en algunos sectores del municipio.
“En Nueva Vida, en la zona cuatro y en otros sectores hay un montón de calles malas. Cuando nosotros pasamos por ahí lo hacemos despacio para no dañar el vehículo, pero cuando vemos ya tenemos a los ladrones encima”, expresó.
El otro riesgo es el de la posibilidad de accidentes.
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