Humberto José Muñoz no desayunó en su casa. Pero ayer al llegar a su aula de clases, en el colegio República de Canadá, comió gallopinto con queso y un vaso de cereal.
Por lo general ese es el desayuno diario de este niño que ingresó a primer nivel de preescolar.
Muñoz es parte de ese casi millón de niños asistidos por el Programa Integral de Nutrición Escolar (PINE) que pretende mejorar los niveles de retención y rendimiento escolar en el país.
La alimentación de los niños antes de los cinco años es determinante. De eso depende la capacidad intelectual de los estudiantes en el futuro, según apuntan distintos estudios.
No obstante, en Nicaragua se estima que 21 de cada 100 niños en edad escolar padecen desnutrición crónica, según la Encuesta de Hogares realizada en el 2007.
Este problema causa que los escolares no se concentren en clases, además disminuye su capacidad de retención y memorización, de acuerdo con Rafael Amador, especialista en salud y nutrición del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
“Los niños que antes de los cinco años no se alimentan bien, al momento de insertarse a la escuela es un niño que va en desventaja en relación con el resto de la población porque su capacidad intelectual ya se ha disminuido en al menos un 20 por ciento y eso significa que es un niño en condiciones débiles y no logra concentrarse”, resaltó Amador.
En las escuelas la oferta alimenticia desde el 2009 cambió. El Ministerio de Educación (Mined) prohibió la venta de alimentos no nutritivos y orientó a los propietarios de los quioscos escolares la comercialización de alimentos nutritivos acorde a la realidad alimentaria del país.
La merienda que los estudiantes consumen a la hora de recreo es variada. Pueden comer desde tajadas con queso y un refresco de naranja que su precio ronda los ocho córdobas o bien disfrutar de una ensalada de frutas que cuesta 10 córdobas en los quioscos escolares.
“No vendemos chiverías . El niño demanda bastante las tajadas con queso y otros alimentos como las enchiladas o los tacos de carne”, explicó Marta Lidia Coronado, responsable del bar del colegio Benjamín Zeledón, en Managua.
Durante el 2008, cerca de dos mil trabajadores de los quioscos escolares recibieron capacitaciones sobre la manipulación, almacenamiento, limpieza y selección de la oferta nutritiva que se ofrecería desde el año siguiente en las escuelas públicas del país.
PRECIOS APEGADOS A LA REALIDAD
Susana Romero, directora del colegio Experimental México, detalló que cada mes una comitiva integrada por el Ministerio de Salud (Minsa) y el Mined supervisa a los quioscos escolares.
Estos deben mantener al día su registro sanitario y los precios de las comidas no debe sobrepasar los 10 córdobas, promedio máximo de dinero que los padres de familias dan a sus hijos cada día.
“Yo le doy cinco u ocho córdobas para que compre en el bar del colegio su comidita a la hora de recreo. No puedo darle más porque no se puede, pero igual con eso me aseguro que compra algo nutritivo”, afirmó Magaly Rizo, madre de familia.
De acuerdo con la Guía de Nutrición e Higiene para Kioscos Escolares del Mined, la finalidad de los bares escolares es contribuir a mejorar la alimentación y la nutrición de los escolares.
Para esto la dirección del centro educativo deberá seguir esta guía de nutrición.
“Esto ha sido un trabajo duro porque el niño ya estaba acostumbrado a la comida chatarra y, ahora, incluso en el currículo está establecida la promoción del consumo de alimentos nutritivos. A través del PINE al niño se le orienta y aunque no es lo necesario, esta merienda ayuda a mejorar el rendimiento del niño”, apuntó Maritza Tellería, subdirectora del colegio República de Canadá.
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