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movimientos desarticulados y un par de maracas son suficientes para estremecer la costa de Pochomil. Divertidos arreglos musicales, frenéticos bailes y mucho carisma. Él es el hombre y el espectáculo. Conozca la historia de este pintoresco personaje que durante 25 años ha hecho de su vida un show que trasciende fronteras
Fotos LA PRENSA/ Carlos Malespín
“ Buenas tardes, verdad, señoras y señores, les traemos música en inglés bien bonita. ¡Caballada! (una risita aguda), el rey del pop, verdad, bien bonito para ustedes: Michael Jackson. Bonito para atrás, otro paso más tuani (sonidos musicales hechos con la boca), todo bien bonito, el show bien bonito… las ocho más caballadas de Michael Jackson”.
En un sólo disparo, una ráfaga de palabras se escapan de su boca. Flaco, alto, desgarbado. Camisa manga larga, pantalón oscuro formal, calcetas negras que extrañamente cubren las puntas del pantalón, como polainas, y tenis. Piel curtida de sol y un escaso cabello maltratado por el mismo, largas arrugas que enmarcan cada expresión en el rostro y una sonrisa de dientes prominentes y desordenados.
No temo equivocarme al afirmar que sólo la escasa familia que tiene sabe su nombre, aunque todos en el lugar sepan quien es Rafael Antonio Obregón González, de 39 años. Los últimos 25 dedicados a ser un hombre de espectáculo. Ése es su trabajo, el que lo bautizó como Chayanne, con el que ayuda a su familia y el que lo ha popularizado en Nicaragua y el mundo.
Una presentación de canto, sonidos y baile. Un par de maracas y su boca son los únicos instrumentos. Llega a su trabajo oficial en una bicicleta roja. Una hilera de ranchos que pertenecen a los restaurantes costeros de Pochomil son su principal centro laboral.
El sonido tranquilo del mar se rompe cuando él entra en acción. Se desliza por la arena serpenteando las mesas de los visitantes, hace sonar un par de veces las maracas y sin megáfono se hace escuchar por todo el lugar. Un silbido por aquí, un grito por allá y ¡que comience la función! Por cien córdobas un paquete de cuatro canciones.
Desde temas del Chayanne de quien adoptó el nombre, hasta el rey del pop Michael Jackson, pasando por los Bukis y Daddy Yankee. Cumbia, bachata, pop, reggaetón, música romántica.
De miércoles a domingo todas las tardes es igual. Sobre todo cuando es temporada alta y puede pasar un día completo sacudiendo el cuerpo y pegando gritos. Pero si el negocio está muerto, él busca la manera de ganar dinero. Raja leña, hace mandados, acarrea agua.
Pero si finalmente decide unirse a la iglesia evangélica a la que ha estado asistiendo últimamente, la doctrina le exigiría dejar el canto y el baile mundano. Se retira el Chayanne de Pochomil. Vender pescados sería la opción de Rafael para ganarse la vida. Vive con sus abuelos desde niño. Su madre se fue de la casa a otra comunidad y mantuvo contacto con él los primeros años; de su papá sabe mucho menos. Tiene un hermano, pero no hay una relación tal.
Doña Ana María Ruiz y don Julio César Mayorga son su única familia. Ambos se han dedicado a las labores del campo. Ella hasta antes de perder la visión trabajaba la tierra y él continúa haciéndolo con la poca fuerza que le queda. Por eso desde niño Rafael buscó la manera de ayudar a su familia y salir adelante. Habitan un terreno de unos cuantos metros cuadrados a un costado de un cañaveral. Dos casitas y un tercer rancho al centro como cocina. Una de ellas armada con media docena de postes de madera y revestida con latas, plástico y cualquier cosa que pueda ser usada como pared. La segunda, metros abajo frente a la otra, resplandece bajo el sol. Techo y paredes de zinc nuevo. El tamaño justo para tener un cuarto y una sala pequeña. Resguardada con una cadena y un candado. Chayanne no está.
“Nunca estudió, como él ha sido como loquito desde chiquito, le gusta andar por ahí bailando y no aprendió ni a leer mi pobre muchachito”, dice doña María, “pero no es que él sea loco, él es sano… nosotros lo veíamos inquieto desde pequeño, pero nunca para llevarlo al médico, él vivía feliz con su música, no le hace daño a nadie, es un hombre sano. El modo de él es así”, asegura su abuela con cierto aire de ingenuidad.
No pudo estudiar, no sabe leer y tampoco usar la computadora. Pero en Facebook hay tres páginas de perfiles de él que juntos suman más de dos mil fans. En YouTube más de una docena de vídeos con miles de visitas y comentarios.
“Él nació con ese talento, él canta, grita, da una vuelta y se corcovea. No tiene pena de nada, así se gana la vida desde chiquito. Él es alborotado y bailarín, eso es todo”, asegura su abuelo.
La mayor parte del tiempo Chayanne permanece en la calle. Sale todos los días en su bicicleta roja. Dependiendo de la actividad que tenga usa camiseta o camisa manga larga, jeans o pantalón formal, siempre ceñidos a la altura del ombligo y con una faja ajustada que hace paletones en la tela alrededor de su cintura. Siempre tenis con calcetas arriba. Una mochila desteñida y remachada. Un par de parches, una bomba de aire y sus maracas. Todo lo que podría necesitar fuera de casa.
Su abuelo se ofrece amablemente a llevarme hasta el lugar donde probablemente esté.
Mientras avanzamos por las calles de Pochomil habla orgulloso de su nieto. Cuenta que todo el mundo lo conoce y que llegan a buscarlo los “yankis”, los “gringos”, los “cheles”.
“A la casa han llegado varias veces buscando a Chayancito, uno de ellos es muy bueno: Estefanito. Él lo ha apoyado y parece que le hizo conecte con otros chavalos de una banda”, dice don Julio antes de llegar.
Ahí está. Sentado en una silla plástica con la mirada perdida. Camina serio y sale a saludar. Al mínimo contacto visual se le pinta una exagerada sonrisa en el rostro y extiende la mano. Muy amable y hablantín. A veces imparable.
Por sí sólo ha creado su fama de personaje del lugar, sin embargo lo suyo no siempre está de moda. El verano y las fechas festivas en que la gente decide visitar el mar le son de provecho, pero el resto del año tiene que ingeniárselas para ganar. Hasta hace un tiempo el negocio estaba malo. Pero el año pasado recibió una llamada de un viejo amigo que le devolvió el entusiasmo que ya estaba perdiendo.
“Yo me mantengo de aquí para allá buscando qué hacer, pero quiero comprarme un celularcito porque ahora la gente me está contactando… Cuando el chele me andaba buscando la primera vez, tuvo que llegar varias veces a la casa. Estefanito se llama, con él he trabajado más”, cuenta Chayanne, quien da la impresión de estar nervioso. Se refiere a la primera vista que recibió de Stef Biemans, un holandés radicado en Nicaragua que se ha dedicado a la producción audiovisual. El año pasado, en la víspera del primer aniversario de la muerte de Michael Jackson recibió la invitación para hacer un vídeo en tributo al rey del pop, pero no contaba con que esta vez esos mismos pasos lo llevarían lejos.
Sus maracas comienzan el show siendo audífonos que se conectan entre sí por un cordón negro que rodea su barbilla. Hace el son de chischiles, sonidos electrónicos, produce con su boca el ruido que hace la radio al sintonizar una emisora. Mientras, se “modula” haciendo girar la mano en una de sus orejas. Efecto de eco. “Sonido estéreo, tereo, tereo, tereo”. Menciona un par de emisoras, a veces dice nombres de un par de canales y da la hora exacta.
Canta algo que no es inglés ni español. Una clase de dialecto en el que mezcla palabras y sonidos. Con ritmo sí, con rima también. Se sobreentiende lo que quiere decir o el tema que desea interpretar, pero es un arreglo o un desarreglo de la canción en el que imprime su estilo. Un hombre peculiar, con un talento peculiar.
Sacude los hombros mientras agita las grandes maracas verdes. Suelta una risita aguda semejante a la del pájaro loco. Comienza a cantar en su “inglés”. Se escucha su cansada respiración y hace pausas que justifica con excéntricos pasos de baile.
Brazos extendidos, un par de flexiones, dos gritos, de nuevo la risa. Arrastra los pies y se desplaza por la pista en una especie de moon walk, el legendario paso de Jackson. Ahora un legendario paso del Chayanne de Pochomil. Se para derecho, coloca una mano en el abdomen y empujando con fuerza la pelvis. Adelante, atrás, adelante, atrás. Euforia total. Y si el público lo pide, hace bailes personalizados, sobre todo a las damas. Arranca aplausos, gritos y carcajadas.
“Esto es original hijá, esto nadie lo hace. ¿Igualito o no es igualito? Habrá otro Chayanne como éste. ¿Qué dicen ustedes?”, dice como frases sueltas entre estrofas de las canciones.
Impresionante. Tanto que resultó el ganador entre decenas de vídeos de más de 40 países del mundo, en el concurso “Looking for a Michael” que promovió el año pasado Metrópolis, un proyecto global que hospeda diferentes páginas de reporteros independientes alrededor del mundo. Stef es uno de ellos.
“Me di cuenta que existía este personaje y supe que tenía chance, es un tipo original y al final ganó”, cuenta Biemans en tono de asombro. “La gente llevó lo vídeos y yo viajé a Holanda para presentar el de Chayanne y la votación fue impresionante”.
En efecto, en la página lookingformichael.com aparece de principal el vídeo del ganador. Como él mismo diría “Chayanne no es jugando, lo que hace es caballada”.
Ganó mil dólares que recibió en su casa a manos de Stef. Dinero que invirtió en su casita, un televisor y unos cuantos enseres para amueblar la nueva pieza construida.
“Luego de eso un día Estefanito me llamó porque los muchachos Mejía Godoy querían grabar conmigo. Yo le dije que sí, pues me interesa que la gente conozca a Chayanne, yo ya soy famoso, no creás… este Chayanne es caballada, pero así me vuelvo más popular. Estoy en YouTube, en Playbu (Facebook) y quiero que la gente me siga conociendo, quiero triunfar como artista”, dice con un soplo de grandeza que contrasta con la inocencia y sencillez que representa al personaje.
Así fue como el año pasado se reunió con una de las bandas nacionales más populares de la actualidad. El plan era sencillo. Unir fuerzas y sacar provecho.
Una banda de covers de música popular nicaragüense con adaptaciones de rock, funk y todo lo que se les ocurra. La música del chinamo, la música sobaqueada, la música popular. Esto, mezclado con un personaje popular como Chayanne, sólo podría tener un resultado. Desatar la euforia de la juventud que por ignorancia, prejuicios o vergüenza no se atreven a bailar una buena cumbia o una canción chinamera, que con percusión completa o con sólo un par de maracas despiertan el espíritu de cualquiera que sea capaz de sentir ritmo. Chayanne de Pochomil y La Cuneta Son Machín. Una explosiva combinación que se reunió por primera vez en junio del año pasado en un show que sacó espuma de El Chamán. Esa noche la discoteca capitalina tuvo un lleno impresionante. Sacar de las playas a este personaje y ponerlo al frente de miles de jóvenes era una hazaña que muchos no querían perderse.
“Eso fue una cosa increíble, más de dos mil personas aclamando al hombre, se volvieron locos al verlo y él enloqueció más de la emoción. Estaba descontrolado, no quería salir del escenario. Tenían previsto que interpretara unas cinco canciones, pero ante los aplausos se rehusaba a salir, fue divertido y él lo disfrutó mucho”, cuenta Stef.
¿Le pagaron? Sí, ganó más de cien dólares en esta presentación. Gracias a este éxito una empresa telefónica lo contactó en diciembre del año pasado para un evento aún más grande. La Cuneta Son Machín, Gustavo Leytón y Chayanne de Pochomil. La paga se duplicó y él reconsideró retirarse.
“Ese concierto fue caballada. ¡Uuuh, sí! Yo les llené de gente el lugar, es que este Chayancito no es jugando. En Pochomil me han dicho que no me retire, que se muere el lugar si yo me voy… pero no sé, hay cosas que no voy a conseguir en la farándula; mientras que si me entrego a Dios, él me puede dar lo que busco… eso sí, va a ser más difícil conseguir dinerito”, reconoce con cierto pesar Chayanne.
Cuatro canciones a 100 córdobas. Si es gente con menos recursos puede bajar a 80. En días buenos puede recoger hasta 1,500 o 1,800 córdobas. Pero se cotiza en dólares si de eventos masivos se trata. No le ha ido mal, según dice.
“Lo que más piden es música movida o románticas. Lo más caro es el reggaetón porque es más encontrado. En inglés tenemos la que dice “parararirarira”, pero el que me levantó a mí cuando Chayanne pasó de moda fue Michael Jackson, Billie Jean”, dice Chayanne. Cuando hay mariachis y conjuntos de marimbas la competencia es dura. Pero su espectáculo frenético es único.
“Por lo menos se necesita de un poco de estudio, estar maquinando, te hablo más el inglés y miskito un poquito… Estaba estudiando, pero como soy bien bandido me salía de clases, ciertas palabras sé y otras no… Yo pongo el casete o el disco y con mis audífonos comienzo a maquinar pasos, hago mis arreglos y cuando ya me la sé, la pongo a todo volumen para bailar, lo único que me falta es un DVD para ver los vídeos. El de Daddy Yankee es un show caballada, se va a reír bien bonito, tremendo. Siéntese para que aprecie el concierto”, nos sugiere Chayanne.
“Pero con sólo la voz , oíla… (cambia totalmente el tono, se hace más ronco y melódico) Probando sonido, probando láser. Probando uno, dos, tres (sonidos electrónicos)… Ésta es nueva de Daddy Yankee, se llama La Despedida”, dice y suelta una serie de sonidos extraños entre música disco y reggaetón. Un disparo de euforia.
Según este hombre que a ratos parece de hule y al siguiente momento podría tener un par de resortes por piernas, él puede cantar desde un set de cuatro canciones y en los conciertos tardar hasta tres horas. Asegura haber memorizado unas 3,600 canciones, todas anotadas en una agenda con título, artista y clasificada por ritmo.
Chayanne es su sello de artista, pero le gusta más la figura de Michael Jackson. “Él fue el rey del pop, todos sus pasos originales, era un artista completo, bailaba, cantaba, cuando él se murió millones de gente lo lloraron, fue una lástima, a mí también me dolió”.
Aunque si se lo piden entona algunos temas tropicales viejitos del boricua, como Este ritmo se baila así y Fiesta en América.
En una ocasión Stef Biemans escribió al equipo de producción del programa de espectáculo Sábado Gigante para contarles la historia y el talento de este singular hombre, pero nunca obtuvo respuesta. Ése es un sueño que Chayanne mantiene guardado. Ir a los Estados Unidos, enfrentarse a El Chacal de la trompeta y salir victorioso agitando sus maracas verdes. Montarse en un avión sería el mayor de los sacrificios, pues además de evitar viajar largas distancias, no le gustan “esos chunches”. Un hombre trabajador, un tanto excéntrico y sin vicios. Una persona que en ocasiones no parece del todo cuerdo, pero que busca lo que cualquier otro. Un buen trabajo. Hacer lo que mejor sabe, divertir a la gente con su espectáculo. Quiere una cita con el presidente Daniel Ortega, a quien asegura haberle pedido un acordeón una vez que se tomó una foto con él en Granada. Desea formar una banda y ser el vocalista. Está en busca de una compañera. De esto último depende que todo lo demás se realice. Una vez estuvo enamorado.
“Yo tenía una pareja, pero ella se murió. Tenía cáncer, el cáncer es una enfermedad mala. Cuando yo me metí con ella teníamos planes de casarnos, pero no nos dio tiempo, yo la amaba, la lloré como un niño”. El semblante de Chayanne cambia totalmente y su voz se apaga.
“Se llamaba Isabel Calero Gutiérrez , ella es de un lugar que se llama Los Velásquez, yo la quería, yo la amaba. La apoyaba con sus medicinas, yo le llevaba pescado, le llevaba dinero según lo que yo ganara. Eso fue hace seis años. Murió un 20 de octubre, una tarde de lluvia”.
La conoció en un culto, en la iglesia de Pochomil a la que todavía asiste. La veía de lejos todos los días hasta que encontró el valor para declararle su amor. Ella lo tomó de la mano y se besaron.
“Cuando me apretó la mano yo dije ‘¿cómo? esto es que le gusto’. Si una mujer se deja besar es porque lo quiere a uno, es un amor puro y sincero… (suspira y mira hacia el mar)… Cuando una mujer es buena hay que estimarla, y yo a ella la amaba. Mujeres hay bastante, claro que hay bastante, pero no he encontrado a otra como ella”.
Se sincera y reconoce que la motivación para cambiar de religión es en el fondo la esperanza de encontrar una pareja. Para él al unirse a la iglesia y “dejar el mundo” podría encontrar lo que busca, pues Dios le daría a la mujer de su vida en recompensa por su fidelidad.
“En este mundo de la farándula uno también necesita de compañera. Alguien a quien llamar por teléfono, darle besitos, compartir el cariño… Yo soy trabajador y ya tengo mi casita y mis cuatro cositas. No importa si tiene hijos, pero eso sí, a Chayanne le gustan las mujeres formales. Pero que se haga lo que Dios quiera, si Él me la manda antes para seguir en esto y alegrar a la gente, pues voy a seguir siendo el Chayanne de Pochomil”. z
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