TRÍPOLI/ AFP
Prohibición de salir de los hoteles salvo para viajes organizados, desinformación y cortes de internet: los periodistas extranjeros enviados a Trípoli están bajo estrecho control del poder libio, que se enfrenta a una revuelta popular sin precedentes.
La tensión era palpable en la capital libia el viernes, día de la gran oración y momento clave de la movilización de los oponentes del régimen de Muamar Gadafi.
Las puertas del hotel Rixos, en donde reside la mayoría de los periodistas extranjeros, fueron cerradas. Los corresponsales no pudieron salir más que en un convoy organizado por las autoridades, dijo a la AFP un periodista extranjero por teléfono.
Musa Ibrahim, un portavoz del Gobierno libio, dirigió una fuerte advertencia a la prensa extranjera.
“Cualquier periodista que salga a la calle sin permiso será arrestado. Es un día especial. Grupos terroristas quieren provocar actos violentos y la presencia de periodistas agravará la situación”, dijo Ibrahim a los periodistas occidentales que fueron contactados por la AFP.
VIGILADOS Y SIN INTERNET
Escapar a la vigilancia de las autoridades libias ya era difícil desde antes del viernes, pues el Gobierno controla a los periodistas desde su llegada al aeropuerto de Trípoli.
Desde el jueves en la noche el acceso a internet fue bloqueado sin explicación en los dos hoteles de Trípoli que fueron designados para albergar a la prensa internacional.
“No es culpa nuestra, se trata de una intervención exterior”, dijo a la AFP un empleado del hotel Corinthia.
Desde que comenzó la revuelta el 15 de febrero en el este del país, las autoridades libias han denunciado la cobertura por parte de la prensa extranjera de estos hechos sangrientos, acusándola de exagerar su importancia y de estar en contra del régimen que controla Libia desde hace casi 42 años.
Las autoridades también desmienten sistemáticamente las operaciones militares que efectúan en el este del país, aún si la AFP ha obtenido numerosos testimonios concordantes de estos hechos e incluso presenciado los enfrentamientos directamente.
El miércoles pasado, Ibrahim se negó a dar declaraciones y finalmente dijo que eran “rumores” las versiones sobre un ataque armado dirigido por las autoridades con el fin de retomar el control del puerto petrolero de Brega. Sin embargo, Seif al Islam, uno de los hijos de Gadafi, declaró al día siguiente a la televisora Sky News que un ataque aéreo había ocurrido efectivamente, pero que estaba “destinado a atemorizar” a los oponentes.
El Gobierno libio organizó el jueves un convoy para la prensa en el noroeste del país, en donde los fieles al régimen parecen haber tomado el poder, pero los periodistas tenían prohibido acercarse a la población local.
En Zauiya, una ciudad situada a 60 kilómetros al oeste de Trípoli, la guía del comité libio para la prensa extranjera, Aicha Jalud, dijo que la situación estaba totalmente “bajo control”, pero se negó a pasar por el centro de la ciudad.
Uno de sus colegas reconoció que el centro de Zauiya estaba aún bajo control de la oposición, como lo hacían pensar los troncos de árboles que bloqueaban las rutas para impedir que pasaran las fuerzas del orden oficiales.
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