Si uno pudiera beberse un bosque en una taza de café, probablemente su sabor tendría cierta acidez que se mantendría en el paladar, quizá sabría un poco a mandarina o a chocolate blanco.
No es necesario imaginar los sabores del bosque en el café. Ése es el sabor que se siente de un café cuando es sembrado en sitios boscosos.
Así lo constató la firma certificadora Rainforest Alliance esta semana, tras escoger a los diez mejores “cafés sostenibles” de Nicaragua.
Los cafés sostenibles son los que crecen en fincas cuyos dueños se preocupan porque las plantas estén rodeadas de bosques y agua, pero además que tratan bien a sus trabajadores.
Más que seguir el prototipo de una finca ideal, con cobertura forestal, acceso a agua de calidad y empleados felices, lo que busca Rainforest Alliance son condiciones para que el negocio del café sea verdaderamente un negocio y éstas lo son.
Según Ana Lucía Corrales, administradora del Servicio de Seguridad de Auditoría de Agricultura Sostenible (SAAS), que trabajó el tema con Rainforest Alliance, el “café sostenible” es un concepto “que tiene que ver con buenas prácticas socioambientales”.
Para que una finca sea considerada como productora de café sostenible, tiene que tener un buen manejo del cultivo, condiciones sociales, recursos hídricos y relación con la comunidad vecina.
Esto significa que debe ser una finca con buena producción de café sin necesidad de atentar contra la naturaleza en el uso de agroquímicos, debe pagar de forma justa a sus empleados y respetar sus derechos, garantizar el recurso del agua con buenas prácticas ambientales y fomentar estas buenas prácticas entre otras fincas y habitantes de la zona, explicó Corrales.
Los diez mejores cafés sostenibles del país alcanzaron promedios superiores a los 80 puntos. En total participaron 25 fincas.
La finca La Bastilla alcanzó el mejor promedio con 84.33 puntos. Le siguieron las fincas Jesús María, La Hammonia, El Recreo Estate, El Limoncillo, Santa Rita, Buenos Aires, La Argentina, La Colonia y Monimbó.
Según Rainforest Alliance, más de 25 millones de personas dependen del café en las zonas tropicales del mundo. Sólo en Centroamérica se han perdido unos 600 mil empleos en el ramo.
El café sostenible tiene menos riesgos de perderse por sequías o inundaciones, pero además, tiene la ventaja de ser considerado como “café especial”, cuyo precio es mayor en el mercado internacional.
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