TRIPOLI/AP
El régimen del gobernante libio Moamar Gadafi está armando a simpatizantes civiles en Trípoli, para controlar la sublevación y reprimir cualquier acto de protesta, dijeron el sábado residentes.
Mientras tanto continúan los esfuerzos para rescatar a los entre 200 y 300 británicos que como trabajadores de la industria petrolera se encuentran en lugares muy apartados de Trípoli o de la costa.
70 ciudadanos del Reino Unido llegaron a primeras horas del sábado a Malta a bordo de la fragata HMS Cumberland tras una penosa travesía de treinta y cinco horas a partir del puerto libio de Bengasi.
Los británicos formaban parte de un total de 207 personas de distintas nacionalidades evacuadas hoy por ese buque de guerra, que, según Hague, regresará el domingo a Bengasi para recoger a quienes deseen salir de allí.
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La aeronave había partido esta mañana del aeropuerto de Pisa (centro de Italia) y pretendía repatriar a un grupo de italianos que, según explicó ayer el ministro de Defensa, Ignazio La Russa, ha agotado todos sus víveres.
Por otra parte, 148 ciudadanos brasileños que estaban varados en la ciudad libia de Bengasi ya están a camino de Grecia en un navío que zarpó en la mañana de hoy y que también transporta a 48 portugueses, 20 españoles y un tunecí, informaron fuentes oficiales.
Se trata de empleados de la constructora brasileña Queiroz Galvao que no habían podido abandonar Libia debido a los daños en la pista que impiden el uso del aeropuerto de Bengasi, ciudad controlada por los rebeldes que se oponen al régimen de Muamar el Gadafi.
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Los seguidores de Gadafi han emprendido la instalación de retenes de control y patrullajes alrededor de la capital.
El día anterior, manifestantes que exigían la salida de Gadafi fueron blanco de disparos de individuos armados que apoyan el régimen.Con esta acción, lo simpatizantes de Gadafi intentaron frenar las primeras marchas antigubernamentales de importancia en varios días en Trípoli.
Gadafi, quien habló desde la parte alta de las murallas de un fuerte histórico en la capital, pidió a sus simpatizantes que defiendan la nación en lo que constituye el mayor desafío que él ha enfrentado en sus 42 años de gobierno.
Los rebeldes controlan casi la mitad de la franja costera de Libia, de unos 1.600 kilómetros (1.000 millas) de largo y en la que vive la mayoría de la población.
«A su debido momento, abriremos el depósito de armas para que todos los libios y tribus se armen, Libia se pondrá al rojo fuego», expresó Gadafi.La comunidad internacional intensificó sus acciones ante el derramamiento de sangre, en tanto que los estadounidenses y otros extranjeros eran desalojados del caos que se extiende por esta nación del norte de Africa.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tiene previsto reunirse la tarde del sábado por segundo día para analizar la imposición de un embargo de armas al gobierno libio, así como una moratoria a los viajes y un congelamiento de las cuentas de Gadafi, la familia de éste y funcionarios importantes del gobierno.
El presidente Barack Obama firmó el viernes una orden ejecutiva que congela todos los bienes de Gadafi y los cuatro hijos de éste en Estados Unidos.
El Departamento del Tesoro dijo que las sanciones contra Gadafi, tres de sus hijos y una hija también se harán extensivas al gobierno libio.
El viernes por la noche, efectivos militares que apoyan a Gadafi atacaron con tanques la base aérea de Misrata al este de Trípoli que había caído en manos rebeldes.
Misrata es la tercera mayor ciudad de Libia y se ubica a unos 200 kilómetros (120 millas) de la capital.
Varios vecinos de la capital, contactados por teléfono desde El Cairo, informaron que había civiles progubernamentales que patrullaban las calles en camiones. Las personas hicieron las declaraciones en forma anónima por temor a represalias.





