Luis Alvarenga, invitado al Festival Internacional de Poesía, lee a bordo del “poeta móvil” durante el carnaval poético en una de las calles de la ciudad de Granada. LA PRENSA/A. AGÜERO.

Luis Alvarenga: Visiones

Un escritor salvadoreño habla de su poesía como una experiencia humana importante para conocerse a sí mismo y señala el valor literario de Roque Dalton y Claribel Alegría, entre otros

Por Marta Leonor González

Luis Alvarenga destaca como investigador y poeta entre los nuevos derroteros de El Salvador. En los últimos años se ha dedicado al estudio y compilación de obras poéticas y narrativas de autores salvadoreños, en 2003 publicó, bajo el sello editorial de la Dirección de Publicaciones e Impresos, El ciervo perseguido, una investigación sobre la vida y obra del poeta Roque Dalton. Un año después apareció Esto Soy, una compilación de la obra poética de la escritora Claribel Alegría y en el 2005 despuntó con estudios y compilaciones de la obra narrativa de Miguel Ángel Espino y la obra completa de Hugo Lindo.

Invitado a la séptima edición del Festival Internacional de Poesía de Granada, Alvarenga recrea su visión de la vida en una poesía precisa que aborda los temas cotidianos y las contradicciones del mundo moderno. De esas visiones ha publicado Otras guerras (poesía, 1995) y El libro del sábado (poesía, 2001). Además ha publicado poesía en suplementos y revistas de El Salvador, Estados Unidos y Nicaragua.

Su trabajo aparece antologado en los volúmenes Piedras en el huracán, de Javier Alas y Alba de otro milenio, de Ricardo Lindo, así como en el libro Poésie salvadorienne du XXme. siecle, compilado por la ensayista Maria Poumier. También ha compilado la obra poética de sus contemporáneos en la publicación Cruce de poesía, Nicaragua-El Salvador, que aporta a un panorama de los autores jóvenes salvadoreños.

CLARIBEL ALEGRÍA

¿Cómo los intelectuales salvadoreños han valorado la poesía de Claribel y cómo el público la valora. Se conoce su poesía?

No, su poesía sigue siendo, me parece, muy poco conocida. De su obra lo más conocido es el libro que escribió a dúo con Bud Flakoll, Cenizas de Izalco. Es una persona muy querida en El Salvador.

¿Cómo fue que llegó a la poesía de Claribel y le interesó hacer una de las antologías más completas de su quehacer poético?

Precisamente lo señalado antes: el conocimiento de la obra de esta autora se reduce a Cenizas de Izalco, que es una buena novela, y a sus obras testimoniales. La persona interesada en su poesía podí a acceder solamente a sus poemarios publicados en los noventa, pero la obra poética anterior era prácticamente inasequible, a menos que uno quisiera aventurarse a buscar en las dos o tres bibliotecas importantes del país, pero no para el gran público. Hay una excelente antología que se publicó anteriormente en Nicaragua, Una vida en poemas, que hace un recorrido interesante en su obra y se detiene particularmente en sus trabajos más recientes, o más recientes para aquel tiempo. En mi trabajo traté de ahondar más en los primeros libros que publicó Claribel. Estuve tentado a contrariarla al querer publicar poemas de su libro Suite de amor, angustia y soledad, pero es un poemario que no la satisfizo.

LA GUERRA, LAS COSAS PERDIDAS

¿Su primer libro de poesía, Otras guerras, qué es lo que determinó este título y qué relación tiene con los conflictos que vivió El Salvador?

Las guerras del país y las guerras personales. Lo arduo que es, humanamente hablando, ajustarse a una nueva realidad, donde todo lo aprendido se tiene que desaprender.

El libro del sábado escrito entre 1995 y el 2000 habla de las cosas perdidas, pero también de la espera. ¿Podría definir esta etapa así de su poesía?

Sí, en buena medida así es. Está dedicado a la memoria de mi abuelo, Bernabé Luis Alvarenga, pero también a mis amigos, vivos y muertos, de tiempos de la guerra. Tiene mucha rabia. Eran tiempos en que la usura planificada y racionalizada llamada neoliberalismo irrumpía. Pero también esperanza, aunque no lo parezca.

¿De la poesía que ha aprendido de la vida, qué reflexiones le ha procurado ésta?

La poesía es para mí una forma de vida. No de ganarme-la-vida en el sentido convencional que esta expresión tiene, sino de recobrar la vida.

Integró parte de los miembros del Grupo Xibalba uno de los grupos iconos de los años 80 en El Salvador que le procuró muchas experiencias. ¿Cómo fueron esos años de formación poética, qué le dejó Xibalba?

Una experiencia humana importante: conocer a otros jóvenes que también estaban interesados en la literatura. Algunos de ellos son y siguen siendo grandes amigos míos. Una experiencia política, también, porque compartíamos inquietudes y opciones políticas más o menos similares. Pero también un aprendizaje literario, que me permitió darme cuenta de que la poesía es algo serio.

ROQUE DALTON

El ciervo perseguido es un largo ensayo biográfico sobre Roque Dalton. ¿Cómo es vista la figura de este poeta por los salvadoreños?

Hay muchas perspectivas, que van desde una admiración reverencial hasta un intento visceral de querer negarle cualquier valor político o poético.

¿Por qué se ha interesado en investigar a Dalton? ¿Cada vez este poeta arroja nuevos datos sobre su trayectoria y escritura?

Como sujeto biografiado es un personaje fascinante, con una vida intensa, que se coloca en el centro de acontecimientos históricos, culturales y políticos importantes. Claro, a esto contribuye también su leyenda, creada conscientemente por él mismo, pero también la grandeza de muchas de sus acciones y las limitaciones de otras. Me interesó porque me parece un ejemplo de cómo alguien puede intentar vivir la poesía.

Ha publicado de compilaciones obras de autores como Pedro Geoffroy Rivas, Miguel Ángel Espino, Roberto Armijo y Hugo Lindo, escritores claves para conocer la literatura salvadoreña. ¿Qué aprendió de ellos? ¿Por qué ocuparse de estos autores?

Porque en términos generales, todos los autores son grandes desconocidos. Se les reduce a una o dos obras o a un único aspecto de su trabajo. Compilar su obra es una forma de facilitar que la riqueza de su obra literaria se la puedan apropiar los lectores del presente. Entre las muchas enseñanzas que esto me ha dejado, he aprendido con ellos que el escritor, el poeta, necesita tener un conocimiento amplio de la realidad, que necesita cultivarse, para así tener un sustrato cultural e intelectual que nutra su obra.

LA POESÍA, LA NOVELA Y LOS ENSAYOS

¿Qué tiene inédito, hay planes de publicar algo próximamente?

Inéditos, tres libros de poesía, un libro de relatos con personajes que conocí en los ochenta, una versión corregida y aumentada de mi biografía de Roque Dalton. Para qué seguir, si, como advertía Álvaro Menéndez Leal, el libro inédito no existe. Por de pronto, no tengo perspectivas de publicar. Ya veremos.

¿Qué ha pasado con su poesía, se paga un costo por tanto silencio poético? ¿Ha priorizado más la investigación, por qué?

He seguido escribiendo poesía. No he publicado poesía desde hace muchos años. Primero, porque es muy difícil publicar en El Salvador; segundo, porque a lo mejor dediqué muchas energías al trabajo de investigación y ensayístico. El costo, si pudiera hablarse de costos, es que se me tiene más como ensayista que como poeta. Pero he dejado atrás los pudores poéticos y veré cómo publico lo inédito.

¿Qué nos dice de su experiencia con la novela y la narrativa?

Es algo demasiado incipiente. No he pasado más allá de algunos ejercicios, borradores, intentos, etc. Pero me parece una forma fascinante por lo difícil. Como decía Lezama: “Sólo lo difícil es estimulante”.

¿Qué acontecimiento fue lo que lo llevó a la poesía? ¿Cuál fue la fibra íntima que le tocó?

La necesidad de expresar sentimientos, ideas, que no se podrían expresar de otro modo. La necesidad. La sed.

¿Cuándo leo estos versos: ¿Es éste el día? pregunté./ Su mirada no me dijo nada./ Ella miraba a mis muertos/ cuando miraba hacia mis ojos. ¿Qué trata de decir de la vida?

Que hay cosas que sólo pueden decirse apenas insinuándolas, tal es lo paradójico de su intensidad.

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