Pobladores denunciaron que las fuentes de agua se han secado producto del despale en la zona, sin embargo las autoridades aseguran que todo marcha bien. LA PRENSA/R.MORA

Continúan denuncias de despale

Una comisión especial que incluía al Concejo Municipal de Condega, Estelí, determinó que en la reserva de Canta Gallo todo marcha con normalidad, pese a que pobladores de la zona han denunciado despales.

CORRESPONSAL/ESTELI

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Leoncio Espinoza, quien fuera miembro de la cooperativa Laureano Flores, que administra la zona de Canta Gallo, es uno de los que ha denunciado el despale en la zona. Él afirma que desde hace 20 años cuando se comenzó a cortar árboles de pino, el panorama de esa zona comenzó a cambiar y se está alterando el ecosistema. Comentó que las montañas ya no son frondosas como antes y que las fuentes de agua comienzan a secarse en tiempos de verano, algo que antes no ocurría.

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Una comisión especial que incluía al Concejo Municipal de Condega, Estelí, determinó que en la reserva de Canta Gallo todo marcha con normalidad, pese a que pobladores de la zona han denunciado despales.

“El Concejo Municipal recibió denuncia y se hizo una comisión de visita, se les explicó a las personas y quedaron satisfechas, pero posteriormente otro grupo de ciudadanos sigue denunciando que hay malos manejos de los planes de manejo y yo estoy esperando cualquier denuncia”, afirmó el alcalde sandinista de Condega, Jairo Arce.

El concejal liberal Noel Bravo afirma que después de recibir las denuncias puso como tema de agenda en el Concejo el supuesto despale en Canta Gallo, específicamente en las comunidades Bramadero y Los Alpes y se conformó la comisión de visita en la que iban efectivos del Ejército, Policía, el Marena y el Inafor.

Sin embargo para Bravo parecía que todo estaba preparado porque encontraron a un sinnúmero de personas con machete en mano trabajando en el mantenimiento de una de las zonas y aseguró que no los llevaron al mero lugar donde está el despale.

Doña Martha Flores, quien habita en la comunidad de Darailí, a pocos kilómetros de Canta Gallo, relató que ven bajar dos camiones cargados con madera casi a diario.

Además de dañarles el camino y las mangueras que les llevan el agua, consideró que la tala de árboles les está secando las quebradas.

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