Aún en la cama, Guadalupe Solís, de 85 años, vestida de camisón amarillo, el pelo hecho una mota de algodón, escucha arreglándose al hombre que ha sido su esposo desde hace 65 años y que ahora se ayuda para caminar con una silla de ruedas.
—¿Ideay Francisco —inquiere ella— me estás llamando?
La voz ronca de Francisco Flores, de 88 años, pregunta por qué, simulando inocencia, en este viejo juego de pareja.
—Te me estás poniendo bien perfumado, hasta acá me está llegando el perfume profundamente, ¿me estás llamando Francisco? —repite de un cuarto a otro.
Este par de abuelos vive desde hace años en esta casa decorada con peluches en el reparto Las Mercedes de Managua, llena de radios viejos, tocadiscos en desuso y un televisor en el que se encuentran para ver, casi todo el día, programas de amores desenfrenados y traiciones.
Una cascada de risas entre ambos.
“Nosotros vivíamos solos, nadie nos decía nada, hacíamos el amor encantados, si nos peleábamos, nos peleábamos, las reconciliaciones eran mejor”, dice ella sobre experiencias de otros años.
“Tené cuidado con lo que decís, todo se está imprimiendo”, regaña el marido señalando la grabadora.
La relación formal inició cuando un pariente sobornó a un juez que no quería admitir el casamiento porque eran muy jovencitos, pero en realidad se conocen desde niños, cuando al barrio San Sebastián, Francisco llegaba como mensajero de los recados de su padre y buscaba al de Guadalupe.
Casi siempre, en vez de encontrarse al destinatario, soportaba las piedras lanzadas con una tiradora que la traviesa niña, con quien luego se casaría, le destinaba desde el anonimato.
A lo largo de estos años de vida compartida, nunca pudieron procrear hijos, pero él sí, fuera del matrimonio. Han pasado por crisis, desempleos, infidelidades. Flores siempre fue un afamado bailarín de mambo en sus años mozos y un devoto asistente a la Casa del Obrero, de donde salía, aún casado, con guapas jovencitas a quienes enrumbaba hasta sus domicilios.
Muchos años después, siguen juntos pese a las tempestades. Son una excepción a la regla en estos tiempos cuando los divorcios se cuentan por miles en Managua.
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CASI DIEZ MIL DIVORCIOS EN LOS JUZGADOS
En los juzgados capitalinos, un laberíntico mundo de despachos con más historias que Las mil y una noches , 9 mil 221 parejas se divorciaron desde 2008 hasta lo que va de este año. Sólo durante 2011, que aún no termina su segundo mes, 224 parejas han buscado su separación.
La Oficina de Estadísticas de los Juzgados llama la atención en que además, del total de divorcios, únicamente 28 parejas se separaron por mutuo acuerdo.
“A mí me parece que los divorcios se dan porque no hay comprensión, eso es que los dos se enfurecen. Francisco era bailarín, iba a la Casa del Obrero, se iba a dejar a las muchachas con las que bailaba, pero a medianoche yo no iba a discutir”, explica Solís.
Flores considera que la realidad es distinta a la que ellos vivieron, se han perdido valores, pero la culpa del cambio de carril obedece a un problema de políticas públicas según él. “Es culpa de los gobiernos que han estado. Es el libertinaje, darle libertad a la mujer y ponerla a la par del hombre. Ahora se sienten hombres como el marido”, agrega.
AMOR ANTE LOS TRIBUNALES
En el Juzgado Segundo Distrito de Familia de Managua, cruzando la capital entera desde el reparto Las Mercedes, está la juez Belda María Cárcamo Sánchez, quien atiende divorcios y demandas de pensión alimenticia.
“El mundo aquí es diferente que el de las telenovelas y películas. Todo mundo sabe que cuando se empieza (el amor) es la historia más bonita, porque es cuando deciden juntarse, se sienten bien, son cómplices, amigos. Lo que pasa es que cuando comenzamos no nos han contado que la vida en pareja es un sube y baja, un ir y venir, tratar de entenderse”, dice Cárcamo Sánchez.
LA HISTORIA DE KARLA
No escucha a la juez. En las afueras de este tribunal una mujer de rostro pétreo espera que la atiendan. Minutos antes de la entrevista con la judicial, la joven jugaba con su hija de 5 años en un columpio colocado ahí para que los niños se distraigan mientras sus padres resuelven en teoría sus diferencias.
Karla Morales, de 23 años, recuerda que estando en secundaria en el Colegio Manuel Olivares conoció al padre de su bebé. Aquéllos eran años maravillosos, de encuentros en los parques y cartas de amor. Después vinieron los celos de su ahora ex marido que se enfurecía incluso con sus hermanos y quien meses después resultó padre de otro niño fuera del matrimonio.
Desde hace siete meses, Karla y él iniciaron los trámites de divorcio y ahora ella le reclama la pensión alimenticia, porque desde hace año y medio no le da dinero para la manutención de la niña. “Nos escapábamos del colegio, éramos cariñosos, le decía muñeco, papi. Ahora yo digo que no vale la pena casarse. Él dice que me detesta, que no puede verme”, lamenta Morales.
La juez Cárcamo, con 18 años de experiencia en su ramo, cuenta lo difícil que es ubicarse de modo imparcial frente a casos como éste. “Nosotros percibimos las emociones, el conflicto, la crisis, pero en la medida de las posibilidades buscamos cómo darle una respuesta legal a esa crisis. ¿Por qué? Porque la respuesta sociológica y psicológica se la dan otros. Todas las historias que pasan por aquí me impactan. De todas me acuerdo”, dice la funcionaria judicial.
“Yo tengo que pensar en el bien del niño, a quien estamos obligados a proteger”, añade convencida.
Cárcamo no está de acuerdo con que se valore como que es el fin del amor el incremento de la cantidad de divorcios en comparación con los matrimonios en los registros de los Juzgados de Managua. Según datos oficiales, mientras 9 mil 221 se divorciaron, apenas 1 mil 408 se casaron desde 2008 hasta lo que va del 2011.
“Esa diferencia ocurre porque los matrimonios que se celebran en Managua se pueden celebrar por notario o por el juez y la mayoría es por notario. De manera que en las estadísticas del Poder Judicial nunca van a encontrar todas (las bodas), usted va a encontrar algunas estadísticas de matrimonio, pero son mínimas. Es más fácil casarse a través de un notario, usted lo busca, le dice que sí y ya. Aquí (al Juzgado) hay que venir a hacer una fila. Esperar que se le programe. Como soy curiosa, le pedí unos datos al Registro Civil que me parecen más realistas, entre 2008 y 2009. Mientras en Nejapa habían entrado seis mil divorcios, en el Registro se habían inscrito 25 mil matrimonios y ésos son los datos que deben compararse. La cantidad de divorcios no significa que la gente no se está enamorando”, refuta la juez de Familia.
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