Humildes familias del barrio Nueva Vida se dedican a la venta de cajetas para su sobrevivencia. LA PRENSA/MASSIELL LARGAESPADA

Los sobrevivientes de Nueva Vida

Son las 9:00 de la mañana. Las llamas del fogón hacen hervir vigorosamente el dulce que está en la cazuela. Gertrudis Modesta Mayorga, que está en pie desde las 4:00 de la madrugada, revuelve rápidamente una y otra vez el dulce que cada vez se observa más espeso, y le agrega una cantidad de azúcar que ella sabe es la medida justa.

Son las 9:00 de la mañana. Las llamas del fogón hacen hervir vigorosamente el dulce que está en la cazuela. Gertrudis Modesta Mayorga, que está en pie desde las 4:00 de la madrugada, revuelve rápidamente una y otra vez el dulce que cada vez se observa más espeso, y le agrega una cantidad de azúcar que ella sabe es la medida justa.

Con los ojos casi cerrados por la humareda que sale del fogón, y con varias gotas de sudor en su frente y resto del rostro por el vapor de la olla grande, Gertrudis dice que el dulce está casi listo para las cajetas que saldrá a vender por la tarde, pero antes tendrá que pelar una docena de cocos que le agregará.

Gertrudis, una humilde mujer de 30 años de edad, originaria del barrio La Tejera, recuerda que hace 9 años junto a dos hermanas más iniciaron el negocio de las cajetas como un medio para sobrevivir en medio de la extrema pobreza que azota a su familia de escasos recursos económicos.

Aunque llegaron al asentamiento Nueva Vida en 1998, después de las severas inundaciones que provocó el huracán Mitch en los barrios costeros del lago Xolotlán, con la esperanza de lograr una mejor calidad de vida, Gertrudis admite que ha sido un cambio radical, pero no precisamente como sugiere el nombre de ese barrio.

Unas 5 mil personas habitantes de diferentes barrios adyacentes a las costas del lago Xolotlán fueron reubicadas en el asentamiento Nueva Vida a finales de octubre e inicios de noviembre de 1998, luego de la catástrofe que provocó el huracán Mitch en diferentes regiones de Nicaragua.

Las viviendas en nueva vida carecen de los servicios básicos de agua potable y alcantarillado.
LA PRENSA/M. LARGAESPADA

Gertrudis Mayorga recuerda que hace 12 años, cuando fue fundado el barrio Nueva Vida, ubicado al costado oeste del municipio de Ciudad Sandino, era una especie de desierto donde no había trazados de calle, agua potable, energía eléctrica y ningún otro servicio básico.

“Esto era puro monte. Aquí no había absolutamente nada. Nosotros nos venimos prácticamente sin nada porque lo habíamos perdido todo. No teníamos camas ni ropa y poco a poco la fuimos rebuscando para poder sobrevivir”, narró Mayorga.

Un grupo de 200 familias fue beneficiado con la donación de terrenos que incluía la construcción de una modesta vivienda por parte de la Alcaldía de Managua, sin embargo, según una fuente municipal en Ciudad Sandino, el proyecto no fue suficiente y la mayoría de damnificados careció de un techo digno.

Juan José Silva, fundador de Nueva Vida, relató que la mayoría de habitantes improvisaron la construcción de sus viviendas en medio de cauces, con materiales obsoletos como pedazos de madera podrida, ripios, latones corroídos por el tiempo y todo lo que encontraban a su paso.

Silva, que desde que llegó a Nueva Vida se dedica a hurgar en medio del basurero municipal que está ubicado en ese sector, para poder obtener unos cuantos pesos de la venta de algunos desechos, señala que el cambio de vecindad fue muy negativo para él.

“Yo vivía antes en La Tejera (barrio) y me iba a vender raspadita al Mayoreo (mercado). Pero cuando me vine para acá me salía muy lejos ir hasta allá y como aquí no había trabajo, me puse a buscar qué hacer y lo único en lo que pude trabajar fue en La Chureca de Ciudad Sandino”, comentó el fundador.

A falta de empleo,algunos de los habitantes de Nueva Vida se dedican a la recolección de desechos y viven de su venta.
LA PRENSA/M. LARGAESPADA

FALTA DE SERVICIOS

La carencia de los servicios básicos, la marginación social, el desempleo y la falta de oportunidades convirtieron al barrio Nueva Vida en una de las zonas más precarias del municipio de Ciudad Sandino, donde la delincuencia marcó ese territorio.

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A pesar de que el barrio Nueva Vida es una de las zonas más precarias del municipio de Ciudad Sandino, este lugar parece contar con la bendición de Dios, pues es donde se localiza la mayor concentración de organismos no gubernamentales, que ejecutan diversos proyectos sociales en el área de salud, educación, alimentación y capacitaciones técnicas.

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  • Según un estudio socioeconómico realizado en el 2010 por el proyecto español Redes de Solidaridad, las principales amenazas y debilidades de esta comunidad son:
Degradación de ciertos valores humanos. Organizaciones sociales inexistentes o muy frágiles.

Fragilidad institucional y de coordinación institucional. Elevada violencia familiar y social.

Inequidad, falta de oportunidades para las mujeres, violencia y alto índice de machismo.

Insalubridad y vulnerabilidad en las condiciones del barrio. Altos niveles de enfermedades curables.

También tiene la debilidad de tener una alta movilidad de la población. Reducción de la cooperación internacional.

Baja credibilidad y debilidad en la gestión municipal. Instituciones públicas con intervenciones mal enfocadas. Baja calidad de la educación. Empleo precario y desempleo.

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Fue así como Nueva Vida desde su fundación se caracterizó como una zona de alta peligrosidad. Sin embargo, no todos sus habitantes buscaron la “salida fácil” para ganarse el sustento diario.

Rosa Ramírez Brizuela, jefa de una numerosa familia de 13 miembros, dice orgullosamente que desde que llegó a esa comunidad no ha parado de trabajar y ha vendido desde frijoles cocidos hasta fritanga.

“Aquí hay mucha gente luchadora. Para poder sobrevivir hemos inventado de todo. En mi caso yo he hecho tantas cosas para vender. Antes salía a vender buñuelos en las otras zonas de Ciudad Sandino, pero ahora tengo mi pequeño negocio de comida en mi casa”.

Gertrudis Modesta Mayorga recordó que antes de dedicarse a la venta de cajetas vendía tortillas que ella misma hacía en su casa desde las 3:00 de la madrugada.

“Cuando vinimos al barrio ahí nomás buscamos qué hacer. Lo primero que hicimos fue palmear tortillas y salir a venderlas. También hacía motasatol, arroz con leche, y para poder vender cajetas tuvimos que pagarle a una mujer para que nos enseñara hacerlas”, dijo la mujer.

Pero la historia no es igual para todos. Martha Lorena Narváez, originaria del barrio La Tejera, ha sufrido los alcances de la pobreza en su máxima expresión. Su condición de madre soltera con tres hijos a cargo y con apenas 20 años de edad, sin un trabajo con el que mantener a sus pequeños de 7, 4 y 2 años, la obligó a separarse de sus vástagos.

“La vida es bien dura aquí, pero hemos aprendido a sobrevivir. De eso se trata. Un día comemos y otro día no, pero así vamos llevándola. Ojalá que la Alcaldía hiciera proyectos en esta zona”.
Martha Lorena Narváez
LA PRENSA/M.LARGAESPADA

“Estoy trabajando en La Chureca de Ciudad Sandino, pero eso no me da para mantener a mis hijos. Por eso aunque me duela mucho tuve que darle el mayor a su papa y el otro me lo tiene una hermana. Yo tengo al de dos años y nos tenemos que amarrar las tripas para medio comer en toda la semana”, comentó la joven madre.

El último censo poblacional realizado por el Instituto Nicaragüense de Desarrollo (Inide) en el año 2005 contabilizaba 7 mil 32 personas en el barrio Nueva Vida, de las que unas 3 mil 90 eran menores de 15 años.

HACINAMIENTO EN LAS VIVIENDAS

No obstante, según datos oficiales del Sistema Local de Atención Integral en Salud (Silais), para el 2011 existen más de 9 mil 800 pobladores y unas mil 500 viviendas, cifras que revelan un alto nivel de hacinamiento en la mayoría de hogares.

El hacinamiento reina en la mayoría de las viviendas del barrio Nueva Vida, donde a pesar de las precarias condiciones de vida en cada hogar se observa entre 3 y 5 niños.

Buena parte de la población de Nueva Vida se dedica al comercio informal en las diferentes calles del municipio de Ciudad Sandino, otros viajan hasta el Mercado Oriental a vender algún producto, unas 80 personas se ocupan recogiendo desechos del vertedero municipal y otra parte labora en diferentes maquilas ubicadas en Mateare.

Desde el cambio de Ciudad Sandino a municipio en el año 2000, el progreso ha llegado paulatinamente a esta comunidad con algunos de los principales servicios básicos, como el agua potable y la energía eléctrica.

Sin embargo, la ayuda de diferentes organizaciones no gubernamentales (ONG) ha sido determinante para el desarrollo de esta zona.

Enrique González, director del proyecto español Redes de Solidaridad, que brinda apoyo a la población de Nueva Vida en educación, salud, nutrición, atención sicosocial, formación técnica, inserción laboral, entre otros, reconoce que es una zona altamente vulnerable, pero que ha alcanzado mayores impulsos en los últimos años.

“Para poder sobrevivir me he metido hasta a trabajar en medio de la basura. No es mucha la ganancia, pero al menos puedo ganarme unos realitos. Siempre he sido pobre, pero aquí ha sido peor”.
Juan José Silva
LA PRENSA/M.LARGAESPADA

GENTE SOLIDARIA

Unos 300 niños y más de 80 jóvenes de escasos recursos de Nueva Vida son beneficiados con ese proyecto social.

“Hay líderes comunitarios naturales positivos. Mujeres con potencial comercial y otras actitudes favorables para el desarrollo del barrio. Existencia de espacios de coordinación y participación públicos y privados. Muchos jóvenes con habilidades para el deporte y las danzas, oportunidad para disminuir el riesgo social”, destacó el promotor social.

Redes de Solidaridad cuenta con un dispensario médico que brinda atención primaria no sólo a la población de esa comunidad, sino a diferentes zonas de Ciudad Sandino.

Además existe otro puesto médico de una ONG norteamericana y el centro de salud del Ministerio de Salud.

Según el doctor Wilfredo Ávila, director del Centro de Salud Nueva Vida, las principales enfermedades que presenta la población de esa comunidad son respiratorias y diarreicas, debido al mal estado de las polvorientas calles y la escasez del agua potable, cuyo servicio llega de forma irregular.

“Así como una nueva vida que digamos, pues, no es. Ha sido un cambio muy fuerte en nuestras vidas, porque aquí vinimos muchas familias a abrirnos caminos en medio de  la nada”.
Gertrudis Mayorga
LA PRENSA/M.LARGAESPADA

“La falta de agua potable crea muchos problemas en la salud. De ahí se deriva una serie de infecciones por la falta de medidas higiénicas. El polvo complica a los pacientes asmáticos y las charcas en las calles que crea la misma población se convierten en los principales criaderos de zancudos”, expresó el médico.

Otro de los problemas que enfrenta la niñez de ese territorio es la desnutrición, por la falta de una buena alimentación. Cabe señalar que en esa comunidad existen más de 10 comedores infantiles que ayudan a enfrentar los problemas nutricionales.

“Muchos padres le dan de desayunar un pico con un glu glu a sus hijos, pero estamos claros de que eso no es un desayuno. Lamentablemente no pueden darle algo mejor como un huevo con un pan. Tenemos casos específicos de niños con serios problemas de desnutrición. Afortunadamente existen varios comedores infantiles que ayudan a mejorar la alimentación de esos niños”, indicó Ávila.

En esa comunidad está ubicado un centro de atención especial para niños discapacitados que representa un lugar de referencia en todo el municipio de Ciudad Sandino.

En el año 2003 nació el Centro de Atención Específica El Guis en el barrio Nueva Vida, con el propósito de brindar atención especializada a personas con capacidades diferentes de escasos recursos económicos de ese sector.

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