Último episodio del juego decisivo de la Serie Final entre el Bóer y Chinandega. Juego empatado en Managua, dos outs. Dos corredores indios en base y José Campusano al bate, con tres bolas y dos strikes.
De pronto, un terremoto sacude el estadio. Todos saben que no es una canción, tampoco un hit. Lo que pocos saben es hacia adónde salir corriendo.
“Tienen que salir al campo, buscar las puertas abatibles y salir al terreno de juego”, advierte César Osejo, administrador del Estadio Nacional Dennis Martínez, uno de los edificios más emblemáticos y antiguos de la capital, con capacidad para 12,500 personas.
“¿Al terreno? Para mí que uno tenía que buscar la calle”, replica Martín García, un habitante de Managua que suele visitar el estadio cuando el Bóer llega a la Serie Final.
Es normal que García y el resto de fanáticos del beisbol desconozcan cómo pueden salvar sus vidas dentro del Dennis Martínez si ocurre un terremoto cuando menos lo esperan.
Después de 62 años de existencia, el Estadio Nacional estrenó un sistema de seguridad que aún no está terminado ni se ha dado a conocer a los visitantes.
Los fanáticos del beisbol que sólo asisten al Dennis Martínez durante la Serie Final, se sorprendieron al ver menos sillas en el palco y espacios más abiertos, como continuación de las remodelaciones que iniciaron con el cambio de torres y los pasillos pintados.
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CORRER AL TERRENO
En el juego del pasado miércoles todos se asombraron de la agilidad de la Policía Nacional para detener una amenaza de violencia, pero pocos percibieron que hay más puertas al terreno y son más anchas.
Hacia estas puertas hay que correr en caso de terremoto. No a las que están debajo de las graderías, que llevan a la calle, éstas son trampas mortales.
“Mantenemos cerradas estas puertas porque queremos que la gente busque el terreno de juego cuando ocurra una emergencia. Si algo ocurre, los vigilantes inmediatamente abren las puertas abatibles para que todo el mundo salga a la zona de seguridad, que es el campo”, comenta Osejo.
El estadio cuenta ahora con 15 salidas de emergencia: una detrás del home plate , tres en el mezanine del cuadro interior, dos en cada mezanine de las rayas de outfield , y dos en cada una de las graderías.
Así las cosas, escapar a la calle no es una opción.
“No queremos que la gente busque cómo salir por debajo de las graderías, lo que queremos es reducir el riesgo, ahí podría amontonarse la gente, mientras que en el campo tienen 100 metros para correr donde quieran”, asegura el administrador.
De hecho, escapar del estadio ahora es más fácil, luego de que se le quitó el 50 por ciento de las sillas al coloso. Y se eliminaron algunos muros que interrumpían cualquier estampida.
Desde que fueron cambiadas las gigantescas torres de iluminación, ya no existe el peligro de que caigan sobre la gente.
El sacrificio implicó reducir la capacidad de espectadores de 20,000 a 12,500 dentro del Dennis Martínez.
Aunque estos días de cierre de campeonato las graderías han alojado a unos 15,000 fanáticos.
“Intentamos cumplir con las principales recomendaciones del Sinapred (Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres)”, afirma Osejo.
POCA SEÑALIZACIÓN
La parte débil, sin embargo, es la señalización. Las pinturas en los pasillos que indicaban las rutas de escape se borraron de tanto uso, especialmente detrás del dogout del Bóer, en la línea de la primera base, que se mantiene más agitado en comparación con la del equipo visitante.
El administrador reconoce que ésa es la debilidad ahora. Asegura que al inicio los porteros estaban claramente identificados y advertían a la gente que estarían ahí para ayudar si surgía una emergencia, ahora no.
Osejo afirma que cuando inicie el Campeonato Germán Pomares, a finales de febrero, estará todo señalizado.
Hasta el momento, las únicas señales que hay son las del parqueo de la directiva del Bóer, casualmente obstruyen las puertas de entrada, y que podrían ser un obstáculo si éstas son utilizadas para evacuar.
Mientras tanto, la gente puede gritar y brincar todo lo que quiera, según el administrador. Un estudio realizado por la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) determinó que la infraestructura aguanta tres veces más peso por metro cúbico que el que soporta en una Serie Final.
En otras palabras, el Estadio Nacional sólo se caerá si se activan las dos fallas sísmicas que lo atraviesan por debajo.
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