Por Jeniffer Castillo Bermúdez
Hace dos años, Joe Grey Velásquez decidió viajar a Managua para estudiar Ingeniería Forestal en la Universidad Nacional Agraria (UNA) y así poder preservar y conservar la zona boscosa de la Reserva de Bosawas.
Velásquez, quien es originario de la comunidad de Walakitang, Río Coco, dijo que, si bien la vida en esa zona no es fácil, en Managua la situación se torna más compleja, sobre todo “cuando lo que se busca es estudiar y no se tiene a ningún familiar que te pueda dar acogida mientras culminás tu carrera universitaria”.
La única opción que tenía Velásquez era conseguir una beca de alojamiento en la UNA, pero el derecho lo perdió en el segundo semestre de su carrera, cuando dejó dos clases.
“Yo la solicité y la perdí porque salí mal en unas clases. Es verdad que las dejé, pero no fue porque soy un mal estudiante, sino que a veces yo no tenía dinero para pagar las fotocopias y poder estudiar, y eso es muy difícil para un estudiante”, relató.
Ahora este universitario debe pagar 350 córdobas mensuales por el alquiler de un cuarto pequeño situado en el barrio El Rodeo, en Managua.
En Nicaragua la situación de los albergues universitarios es variable. Mientras en la UNA el internado para 350 estudiantes refleja carencia de inversión, en la Universidad Nacional de Ingeniaría (UNI) los 110 universitarios que disponen de beca de alojamiento viven en condiciones más óptimas.
Por ejemplo, las paredes del internado de la UNA están rayadas y las habitaciones son inseguras, porque fácilmente se abren con un pedazo de cartón.
“Aquí vos entrás fácil, porque las cerraduras están dañadas, eso permite que nos roben los colchones y las otras cosas que dejamos en los clósets”, denunció Julio César Vega, estudiante de tercer año de Agronomía en la UNA.
Contrario a esto, en la UNI los albergados tienen espacios para estudio y recreación. Además el piso y las paredes del lugar están limpias, porque la universidad contrató personal de limpieza para el internado.
“Nosotros invertimos entre 700 mil y 800 mil córdobas en el internado, cada año cambiamos los colchones, se pintan las paredes y se hacen otras inversiones menores como reparaciones de fisuras en el techo y en ventanas”, indicó Diego Muñoz, secretario general de la UNI.
HACINADOS, PERO AÚN ASÍ DAN RIDE
Pese a que la cantidad de estudiantes albergados en los internados universitarios se desconoce, el presidente del Consejo Nacional de Universidades (CNU) y rector de la UNA, Telémaco Talavera, se rehusó a brindar estos datos.
No obstante, en el terreno los estudiantes aseguran que, aunque las universidades ofrecen un número limitado de becas de alojamiento, cada año se rebasa la capacidad de los internados.
“Aquí tenemos seis literas (de dos camas cada una) y por cada cuarto somos 12 estudiantes los que debemos estar, pero hay semestres, principalmente a inicios del año, en los que nos quedamos hasta 20 estudiantes”, contó Sergio Molina, estudiante de cuarto año de Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua).
Los universitarios han denominado “compañeros al ride y paracaidistas” a aquellos estudiantes que no disponen de beca interna y aun así se quedan a dormir en los internados.
“Nuestra capacidad es de acoger a 350 estudiantes, pero hay una demanda superior. Sabemos que se requiere construir un nuevo internado, pero hacer eso cuesta dos millones de dólares y con el presupuesto que tiene un crecimiento vegetativo eso es casi imposible”, indicó Roberto Blandino, vicerrector de la UNA.
Para conseguir un beca de alojamiento, las universidades solicitan a los interesados un promedio de al menos 70 por ciento y se prioriza a los estudiantes que provienen de los departamentos más alejados de la capital.
Asimismo, cada universidad les garantiza la alimentación y material de aseo mensual.
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