TÚNEZ/AFP
Una remodelación ministerial es inminente en Túnez, anunció ayer el portavoz del Gobierno, en tanto que miles de manifestantes siguieron exigiendo la partida de los caciques del régimen de Ben Alí y las fuerzas armadas rompieron su silencio, declarándose “garantes de la Revolución”.
Diez días después de la fuga hacia Arabia Saudita del ex presidente Zine El Abidine Ben Alí y la caída de su régimen represivo de 23 años, la situación sigue siendo inestable en Túnez, donde miles de manifestantes reclaman a diario un gobierno depurado de los caciques del pasado gobierno.
- El secretario de Estado adjunto para Asuntos de Oriente Próximo de EE.UU., Jeff Feltman, se reunió ayer en Túnez con el ministro de Exteriores y otros líderes políticos para transmitir al pueblo tunecino el apoyo de Estados Unidos en la transición democrática.
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Una remodelación del gobierno es inminente, “tal vez de aquí a mañana”, anunció ayer el portavoz del gobierno de transición y ministro de Educación, Taieb Bacush. “No hay que olvidar que hay puestos que no han sido atribuidos”, declaró, recordando que cinco ministros renunciaron la semana pasada: tres sindicalistas, un opositor y un miembro del ex partido en el gobierno, Unión Constitucional Tunecina.
Las fuerzas armadas de Túnez se pronunciaron por primera vez ayer, declarándose “garantes de la revolución” y prometiendo respetar la Constitución. “El ejército nacional es garante de la revolución. El ejército ha protegido y protege al pueblo y al país”, declaró el jefe del Estado Mayor del ejército tunecino, general Rashid Amar, en un discurso improvisado en la explanada de la Kasba, sede del poder político en Túnez.
Cientos de personas seguían manifestándose la noche de ayer (hora local) en Túnez, pese al toque de queda, para reclamar la renuncia del gobierno de transición integrado.
Los manifestantes tampoco escucharon al jefe de Estado Mayor del ejército, el general Rashid Amar, quien les había pedido por la tarde que se fueran de la explanada de la Kasba, sede del poder político en Túnez, donde se encuentran las oficinas del primer ministro.
A las 20H00 (19H00 GMT), cuando empezaba el toque de queda que culmina a las 05H00, todavía había cientos de manifestantes en la explanada, los cuales se aprestaban a volver a pasar la noche a la intemperie, pese al frío.
El jefe del ejército había llamado a los manifestantes, entre ellos numerosos jóvenes de las provincias desheredadas y rebeldes del centro del país, a levantar el cerco a las oficinas del primer ministro, que se inició el domingo y continuaba ayer.
Los manifestantes, que eran centenares al amanecer, aumentaron en horas de la tarde para alcanzar, según un militar, una cifra de entre “tres mil y cinco mil” en la plaza de la Kasba, cerca del palacio donde trabaja el primer ministro Mohammed Ghanuchi.
Las puertas del palacio de la sede del gobierno estaban estrechamente protegidas por militares. Los accesos a la Kasba fueron cerrados mediante alambradas y cordones del ejército y la policía.
Ante las manifestaciones para pedir su dimisión, el Gobierno parecía contar con un agotamiento del movimiento y trataba de poner en marcha el país.
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