Una cosa es no simpatizar con Ricardo Mayorga y su irrespetuoso estilo de abordar las conferencias de prensa, y otro distinto desear que no salga a flote en los retos que tiene enfrente, y más que eso, que no sea capaz de sobrevivir a sus propias contradicciones.
Cada quien es libre de ubicarse en el lado que estime conveniente, a favor o en contra del peleador que más controversias ha generado en la historia del pugilismo nacional. En mi caso, me gustaría que saliera a flote y evitara terminar convertido en una calamidad, destino que parece empeñado en perseguir.
Siempre he señalado que es una pena que Mayorga no se haya percatado del valor que ha tenido, tanto como pugilista como también como generador de emociones en un mercado tan curioso como el de Estados Unidos, donde a algunos les ha parecido gracioso su estilo temerario y su lenguaje procaz al referirse a sus oponentes.
Ahora que ha vuelto al hit parade por sus presentaciones promocionales junto a Miguel Cotto, a quien se medirá el próximo 12 de marzo en Las Vegas, Nevada, he vuelto a escuchar que Ricardo sí sabe promocionar sus peleas y que seguro va a provocar un llamativo interés tanto de espectadores como de suscriptores para el servicio pague por ver.
Tengo mis reservas al respecto. Sé que genera interés. Lo he visto en Las Vegas y en Los Ángeles. Pero cuando se habla de mercadear, hablamos del conjunto de operaciones por las cuales se garantiza el paso de una mercancía desde el productor al consumidor, pero la gran finalidad es generar utilidades. Mercadear es hacer negocio.
Mayorga cumple una parte del proceso, pero más bien actúa como un instrumento dentro de un sistema de mercadotecnia, donde los dividendos se los llevan otros. Para decirlo claro, actúa en un circo, pero el dinero se lo lleva el dueño del circo. Diferente sería si Mayorga generara el interés, pero además recaudara buenas utilidades.
Sin embargo Mayorga está frente a una nueva oportunidad para sacarle un mejor provecho a su habilidad para generar interés. Por supuesto, la forma en que lo hace no es la más apropiada, y no sólo eso, es penosa, pero no podemos negar que para algunos ha caído en gracia, aunque a él no le caigan los centavos.
Ver en la versión impresa las páginas: 1 B