ECUADOR/EFE
El Presidente de Ecuador, Rafael Correa, cumplió ayer cuatro años en el poder, una marca que ningún mandatario alcanzaba desde 1996, y en ese período ha impulsado un proyecto de izquierda que ha alejado al país de Estados Unidos y de los mercados de capitales.
Correa celebró la gesta arropado por una multitud de seguidores en la localidad de Machala, ante la que se jactó de haber puesto orden en un Estado que recibió “en un verdadero caos”.
Desde allí, en su programa televisivo semanal, el mandatario citó la reorganización del Estado con nuevos ministerios e instituciones, y la reducción de la desigualdad y la pobreza como sus principales logros, al tiempo que admitió no haber avanzado “casi nada” en seguridad.
El problema se puso de manifiesto esta semana con el asesinato de dos policías en Guayaquil.
Correa ha culpado principalmente al sistema judicial y promueve una reforma constitucional para su reestructuración, que someterá a consulta popular en un referendo cuyas preguntas anunciará el lunes, según dijo.
No obstante, algunos analistas creen que el fallo también está en la policía, algo que se reflejó el pasado 30 de septiembre, cuando un motín de centenares de agentes estuvo a punto de derrumbar al Gobierno.
Correa, un joven ex ministro de economía, recibió la banda presidencial en 2007 tras un período de gran inestabilidad política, durante el cual los mandatarios caían por protestas en la calle, golpes militares o acciones de la Legislatura.
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