Una mujer cubana vende perros en una calle de La Habana. Los negocios por cuenta propia florecerán por el despido masivo, una de las medidas de las reformas económicas en la isla. LA PRENSA/AFP/ADALBERTO ROQUE

Preocupación e incertidumbre por despidos

Leticia es enfermera desde hace 20 años en un centro geriátrico de La Habana con un sueldo que apenas le da para mantener a sus hijos. Pero no sabe hacer otra cosa y teme perder su empleo luego de que el Gobierno cubano iniciara esta semana el recorte de 500,000 puestos estatales.

LA HABANA/ AFP

Leticia es enfermera desde hace 20 años en un centro geriátrico de La Habana con un sueldo que apenas le da para mantener a sus hijos. Pero no sabe hacer otra cosa y teme perder su empleo luego de que el Gobierno cubano iniciara esta semana el recorte de 500,000 puestos estatales.

“No es fácil lo que viene. ¿Para dónde voy a ir? Independientemente de la preocupación, veo mucha incertidumbre”, declaró Leticia Albert, de 40 años.

Aunque se queja del salario de 512 pesos (unos 20 dólares) que recibe al mes, la mujer está preocupada porque lleva sólo cuatro años en el Centro Geriátrico de La Habana Vieja y cree que los más nuevos serán los primeros en ser despedidos.

Según Leticia, “unos cinco” trabajadores quedaron cesantes hace unos meses, cuando se aplicó una primera reducción de la nómina del centro, aunque la administración aún no ha anunciado los nuevos despidos, se sabe, dice, que “la segunda será grande”.

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Como alternativa a los despidos, el Gobierno de Cuba autorizó en octubre la apertura de licencias para 178 oficios en pequeñas y medianas empresas y cooperativas urbanas. Según datos oficiales, hasta diciembre más de 100,000 cubanos habían solicitado trabajar de forma privada. El Gobierno calcula que en 2015 la mitad de los cinco millones de trabajadores cubanos podrían laborar en el sector privado, actualmente de 824,000 trabajadores.

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“Eso se anuncia en una reunión con los trabajadores que aún no se ha hecho, pero sabemos que van a eliminar mucho personal”, añadió Leticia, que tiene dos hijos.

El Gobierno de Raúl Castro anunció en octubre la eliminación de 500,000 empleos estatales antes del 31 de marzo, en la primera fase de un plan para eliminar en los próximos tres años a más de un millón que sobran en el Estado (20% de la fuerza laboral cubana), entre ellos 22,000 en la salud pública, según datos oficiales.

El recorte de las llamadas “plantillas infladas”, uno de los males que arrastra la economía cubana, comenzó a aplicarse oficialmente el martes por los ministerios de la Industria Azucarera, Agricultura, Construcción, Salud y Turismo, según anunció el secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC, única), Salvador Valdés.

“Nerviosismo no existe, pero preocupación sí. Es un tema que no se puede pasar por alto”, pues “nadie sabe a quién le puede tocar”, dijo Yanelys Coello, quien trabaja como cajera en el café El Escorial, del Centro Histórico de La Habana, donde hasta la fecha “ningún trabajador quedó despedido”.

El portero del café, Rolando Garrido, de 34 años, graduado de técnico en agronomía en 1995, también percibe “la preocupación”, pero es optimista en que si queda cesante, encontrará otro empleo. “Hay mil gentes preocupadas, pero soy idóneo (requisito fundamental a la hora de aplicar los despidos según la CTC) y yo trabajo en cualquier parte. En última instancia, regreso a la agricultura”, dijo sonriente.

El Gobierno lanzó desde octubre una ofensiva mediática para explicar la necesidad de aplicar la medida, como parte de un plan de reformas para hacer eficiente la economía, controlada en más de un 90 por ciento por el Estado, advirtiendo que ningún trabajador “quedará desamparado”.

 Miles de cubanos esperan  que la economía mejore este año, aunque existe incertidumbre por los despidos masivos.
LA PRENSA/AFP/ADALBERTO ROQUE

“En 2011 (…) es vital que sigamos tratando cada uno de nuestros problemas domésticos a camisa quitada, con la crudeza necesaria, pero sin llegar a ser apocalípticos”, dijo ayer un artículo en el diario oficial Granma.

El albañil Alexis Vargas, de 42 años, espera la reunión que en su centro laboral anunciará los trabajadores que quedarán cesantes. Pero “yo tengo trabajo dondequiera”, dice refiriéndose a la falta de brazos que existe en los sectores de la agricultura y la construcción.

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