Silvio José Báez, Obispo Auxiliar de Managua   LA PRENSA/ URIEL MOLINA

“La política debe ser purificada”

Fiel creyente en la simbiosis de fe espiritual y conciencia ciudadana, monseñor Silvio José Báez Ortega anhela que la población nicaragüense entienda claramente que la clase política de este país está para servirle y no al contrario. Este es para monseñor Báez el principal problema que tiene sumido al país en este atolladero social y político.

Fiel creyente en la simbiosis de fe espiritual y conciencia ciudadana, monseñor Silvio José Báez Ortega anhela que la población nicaragüense entienda claramente que la clase política de este país está para servirle y no al contrario. Este es para monseñor Báez el principal problema que tiene sumido al país en este atolladero social y político.

Como guía espiritual, dice que nunca perderá las esperanzas de que los nicaragüenses asuman con firmeza sus deberes tanto cristianos como ciudadanos.

A inicios de este año usted dijo en una entrevista con LA PRENSA que Nicaragua estaba en un callejón sin salida. Tomando en cuenta que 2011 es año de elecciones, ¿el país sigue atrapado en ese callejón o ya se vislumbra alguna salida?

El gran problema con el cual nos encontramos en estos momentos es la desconfianza hacia las instituciones en el país, y eso es gravísimo de cara a las elecciones. Yo veía que se estaba en un callejón sin salida precisamente debido al irrespeto a la función política y el deterioro al Estado de Derecho que se empezaba a vislumbrar. En este momento, de cara a las elecciones, las cosas se han agravado. Lo que en aquel momento se observaba como planes o proyectos se ha cristalizado en hechos legales revestidos de ilegalidad.

¿Cuáles son esos hechos concretos a lo largo del 2010 que han traído como consecuencia la actual situación política?

Para mí el hecho más grave, y que es la raíz de todo, es el empecinamiento del Presidente de la República en postularse como candidato, cuando la Constitución no se lo permite. Esto crea ya una situación de tensión e irregularidad. Otro hecho es que estas elecciones están en manos de un Consejo Supremo Electoral que no goza de credibilidad y que en otras elecciones ha dado muestras de poca honestidad y falta de respeto a la voluntad popular.

¿Hay temor acerca de que la situación llegue a un punto en que se puedan lograr los cambios solamente por medio de la protesta popular?

Es un temor que existe y es legítimo. Cuando no se respeta la ley, cuando no se respeta la voluntad popular, indirectamente se van creando las condiciones para que se den manifestaciones populares de todo tipo. La historia de Nicaragua las ha conocido. Nadie quiere que ocurra violencia, deseamos verdaderamente que este año transcurra en paz, pero es un peligro latente.

Pero ¿esta preocupación de la Iglesia católica se sustenta por los antecedentes históricos de Nicaragua o realmente lo perciben desde la misma población?

Se percibe algo, pero tampoco podría asegurar que hay un deseo latente de la gente de expresarse violentamente en las calles. En el fondo el problema en Nicaragua es que hay que cambiar el modo de hacer política. Aquí la política se ha vuelto un modo de vida, una especie de negocio privado. La visión cristiana del hombre que aporta la Iglesia es aquella en la que el poder se concibe como un servicio, cuando el adversario a combatir es el egoísmo en el corazón.

Pero ¿este pensamiento sobre la forma de hacer política no le parece un poco irreal? Por naturaleza la política es el arte de las mañas y las trampas, y no sólo en Nicaragua.

Es que en el caso de Nicaragua no es que la política sea un problema, sino que es la causa de los problemas. Tenemos una concepción del político como el caudillo, como el que todo lo puede, el que llega al poder para el bien de él y su familia. Es verdad. En todas partes la política debe ser purificada. Pero en un país como el nuestro, donde las instituciones están tan partidarizadas, donde todo está prácticamente al servicio de los partidos políticos, tenemos una falta de control real de las instituciones. En Nicaragua cabría purificar no solo el modo de hacer política, sino también la mentalidad. Raramente uno se puede encontrar un país como el nuestro, en donde los partidos políticos se dividan la Corte Suprema de Justicia. La justicia tiene que estar por encima de los intereses de los partidos políticos.

¿Usted cree que el presidente Daniel Ortega y su administración representan esa manera nociva de hacer política?

Lamentablemente en Nicaragua estamos repitiendo los errores del pasado. Este gobierno bien pudo haber hecho una forma de hacer política distinta. La Revolución Popular Sandinista pudo haber hecho una forma de hacer política distinta. Son experiencias políticas que suscitaron esperanzas en su momento, pero, como en tantas otras ocasiones, han terminado siendo proyectos frustrados.

¿Tiene usted alguna esperanza en que este Consejo Supremo Electoral no va a repetir las irregularidades de las elecciones municipales? ¿O irremediablemente hay que cambiarlo?

La Iglesia ha insistido en que lo ideal son nuevas autoridades. Nuevos rostros, que todos brinden confianza. Como creyentes, no perdemos las esperanzas. También es importante que haya observación nacional e internacional sin restricción, que el proceso de cedulación se realice de forma justa, sin ningún tipo de privilegios y sin excluir a nadie.

Este año sus opiniones causaron reacciones del mismo presidente Ortega, quien lo señaló de estar incitando desde su púlpito a que la gente se levante en contra del Gobierno…

Yo no esperaba una reacción así del Presidente, porque no me refería directamente a él ni mi intención era crear en la gente una especie de espíritu de sublevación o desobediencia política. Cuando invité al pueblo nicaragüense a despertar, me refería a que una nación no construye su futuro si el pueblo está resignado, poco comprometido con el cambio social y político. No se va a lograr con un pueblo adormecido, que no entiende que los políticos están a su servicio. Me refería a un despertar espiritual e intelectual. El que debe decidir el destino de una nación es el pueblo, y el pueblo no es un partido político.

¿Estos encuentros con la población que usted promueve en distintas parroquias buscan fomentar determinados valores para que se exija una mejor forma de hacer política en el país? ¿O se centran en lo estrictamente espiritual?

Los encuentros sostenidos en las parroquias lo que han perseguido es comentar y compartir con el pueblo de Dios los distintos mensajes de los obispos. Lo que se ha querido compartir con la gente es que en primer lugar la fe no es algo privado en la relación con Dios. La fe en cada cristiano tiene una repercusión, una dimensión y una exigencia a nivel social y político, y eso es lo que los obispos hemos querido expresar con los dos mensajes que se han hecho este año. El único objetivo ha sido pastoral; evidentemente entra la formación espiritual, pero también la invitación para que los cristianos en modo consciente asuman su papel de ciudadanos. No sólo como un deber cívico, sino también como una exigencia, una prolongación en su relación con Dios.

Pero esa pasividad que usted menciona podría estar vinculada con un problema de falta de fe en la población…

Indudablemente. Cuando un cristiano no toma en serio su inserción social y política en la realidad, no vive las exigencias que desde la fe tiene al estar en una sociedad concreta. El que no defiende sus derechos o el que no conoce sus deberes en una sociedad, el que no colabora para que las cosas mejoren a nivel social y político, indudablemente se debe a un problema de falta de fe o una limitación de la fe.

¿Cómo podemos colocar el discurso religioso del que permanentemente se sirve el Gobierno para acompañar su discurso político?

Aquí se entra en un terreno muy ambiguo, porque lo religioso se puede prestar a la manipulación. Yo puedo presentar un discurso religioso, un símbolo religioso y unos ritos religiosos vacíos de fe. Son solo una fachada. Ese es el peligro de la religión. Hace poco decía cómo la Biblia prohíbe usar el nombre de Dios vacío, esa es la traducción del famoso mandamiento del uso del nombre de Dios. La Biblia lo prohíbe porque en un discurso religioso puede haber un vacío de Dios extremadamente peligroso.

¿Considera entonces que el gobierno del presidente Ortega en su discurso político utiliza el nombre de Dios vacío?

Yo no quisiera entrar a juzgar a una persona, porque el mismo Evangelio nos pide a nosotros no juzgar. Yo simplemente te presento el problema.

¿Qué papel pretende jugar la Iglesia católica como institución durante este 2011, tomando en cuenta siempre el factor elecciones?

La Conferencia Episcopal este año se va a manifestar como colegio con relación a las elecciones. En algún momento ya hemos adelantado la posición de la Iglesia a la luz de su magisterio. En primer lugar, la Iglesia como institución y su colegio de obispos y sacerdotes no va a tomar y no puede tomar partido por ningún grupo político. La posición de la Iglesia será siempre una posición por encima de las partes, porque no es una posición ideológica.

¿Usted se ha reunido con algún grupo o figura política reconocida?

En mi oficina de vicario general y obispo auxiliar en la Curia he recibido políticos de todos los colores, indistintamente, y con todos he hablado como amigo, como creyente, como pastor, pero no me he reunido con ningún grupo político. Los obispos tenemos que ser muy cautos, porque el peligro de manipulación es enorme. Si ya a uno lo quieren manipular con lo que dice, ahora imagínate con lo que uno hace. Yo mismo he tenido que negarme a muchas invitaciones. Figuras políticas que me invitan a que dé una reflexión, pero ya el hecho de que yo aparezca junto a un determinado grupo ya puede crear para mi comunidad cristiana una cierta desconfianza hacia mi figura, al verme como alguien que ya está parcializado.

¿Qué anhela monseñor Silvio José Báez para el 2011 con respecto a la situación política y social del país?

Mi mayor anhelo es que en este año se sienten las bases para el desarrollo de una Nicaragua justa. Trabajo digno para todos, educación, sobre todo en los grandes valores humanos, para sacar adelante una sociedad. Una sociedad en la que los líderes no quieran eliminar a sus adversarios políticos, sino a los ídolos egoístas de su corazón. Que se lleve a cabo un proceso electoral respetuoso y pacífico, en donde el pueblo analizará con conciencia sus opciones políticas para decidir inteligentemente lo mejor del país y que esa voluntad popular sea respetada.

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