BRASILIA / AP
Luiz Inácio Lula da Silva, el obrero metalúrgico que alcanzó la presidencia de Brasil, culmina ocho años en el poder como el líder más popular en la historia reciente de su país.
Lula entregará el mando mañana sábado a la presidenta electa Dilma Rousseff en condiciones envidiables: una economía en crecimiento, el desempleo más bajo de la historia e indicadores sociales cada vez mejores, con 29 millones de personas que salieron de la pobreza durante su mandato.
Todo reflejado en encuestas envidiables para cualquier gobernante, que le atribuyen una popularidad del 87 por ciento, algo que ni él mismo hubiera imaginado cuando ganó su primera elección presidencial, en 2002, después de tres intentos fallidos.
Su gestión se caracterizó por un estilo popular y un discurso emotivo lleno de referencias a su infancia pobre y su vida como obrero en fábricas de vehículos de San Pablo, donde se convirtió en los años setenta en el principal líder sindical de Brasil.
Su gobierno dejó una marca imborrable en la sociedad brasileña, al promover la inclusión social sin abandonar la prudencia fiscal y el crecimiento económico.