Vista aérea de la finca en San Fernando, Tamaulipas, donde en agosto fueron encontrados los cadáveres de 70 inmigrantes de Centro y Suramérica. LA PRENSA/AP/NAVAL DE MÉXICO

“Oímos disparos y huimos”

“El tren se detuvo bruscamente y se empezaron a escuchar gritos y disparos y muchos nos echamos al monte”, contó Alejandro, un hondureño que asegura escapó de un secuestro masivo de indocumentados en el sur de México, hecho también denunciado por el Gobierno de El Salvador.

 

OAXACA/AFP/EFE

“El tren se detuvo bruscamente y se empezaron a escuchar gritos y disparos y muchos nos echamos al monte”, contó Alejandro, un hondureño que asegura escapó de un secuestro masivo de indocumentados en el sur de México, hecho también denunciado por el Gobierno de El Salvador.

Alejandro, que viajaba junto a su hijo de 23 años, no alcanzó a ver a los presuntos hombres armados que se llevaron a alrededor de 50 de los indocumentados con los que viajaba clandestinamente la noche del pasado jueves en un tren de carga por Oaxaca (sur).

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La Comisión de Derechos Humanos de México y otros organismos no gubernamentales han advertido que los secuestros de migrantes proporcionan ganancias millonarias al crimen organizado en este país. La CNDH estimó que los casi 10,000 secuestros que documentó en un semestre entre 2008 y 2009 habrían dejado unos 25 millones de dólares en rescates.

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Prevenido por los compañeros de caminos y los activistas que alertan de la ola de secuestros de inmigrantes que vive México, el hondureño saltó del último vagón del tren apenas escuchó los ruidos y emprendió la huida separándose de su hijo. “No miré para atrás. Lo único que quería era salvar mi vida y me escondí en el monte”, recuerda en conversación telefónica desde el refugio católico para inmigrantes de Ixtepec (Oaxaca) “Hermanos en el camino”.

Pasado el peligro, regresó a la vía férrea y se reencontró con otras personas que también viajaban en el tren. “Allí me dijeron que los hombres llevaban armas de fuego y machetes y habían secuestrado a mujeres, hombres y niños”, explicó.

Alejandro ya había recorrido México unos años atrás para llegar a Estados Unidos. “Entonces era tranquilo. Ahora es lo más horrible que puede suceder por la delincuencia, por los secuestros”, lamenta.

El Gobierno mexicano afirmó el martes que no tiene pruebas de este secuestro masivo. Sin embargo, un día después se trasladó a Ciudad de México para testificar a una docena de centroamericanos que también se refugiaron en el albergue de Ixtepec del sacerdote y activista Alejandro Solalinde.

Alejandro es el último de los supervivientes que sigue en el refugio, pero ayer tenía previsto emprender de nuevo la ruta hacia el norte a pesar de que hombres armados los están acechando, según ha denunciado Solalinde. “No he visto aún a mi hijo, pero sé que ya está en camino”, aseguró.

Por su parte el Instituto Nacional de Migración (INM) de México, que depende de Gobernación, “ratifica su preocupación por llegar al fondo en las indagatorias” del caso y señala que “mantiene constante comunicación con autoridades de los tres niveles de Gobierno (federal, estatal y municipal) para allegarse de todos los datos y elementos que le permitan esclarecer lo presuntamente ocurrido”, según una nota de la institución.

El martes el Gobierno de El Salvador, a través de un comunicado de su Cancillería, pidió a México investigar el supuesto secuestro de unos 50 inmigrantes en Oaxaca, “dar lo antes posible” con su paradero y detener a los presuntos responsables.

En las últimas horas el comisionado del INM, Salvador Beltrán del Río, “tomó contacto con el canciller Mario Canahuati, de Honduras, y con el Viceministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, Juan José García Vázquez, con quienes las autoridades mexicanas mantienen constante comunicación” y comparten la preocupación sobre lo sucedido, agrega la nota.

Beltrán del Río detalló ayer, en declaraciones radiofónicas, que contactaron a la empresa ferroviaria que maneja el tren y que dijeron no tener “conocimiento de que haya ocurrido la detención” del mismo en esa zona, aunque se sigue trabajando para constatarlo.

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COMENTARIOS

  1. Juan J Jiron J
    Hace 16 años

    Solo cuentos. El maquinista, conductor, o como se llame la persona encargada del tren debe saber lo que pasó. Que se deje de pendejadas y que diga todo lo que pasó y cómo pasó.

  2. Maro
    Hace 16 años

    Grupos de ultra derecha donde incluso hay politicos, en Estados Unidos estan pagandole a sicarios como los zetas para que supuestamente infundan temor a los inmigrantes y asi lograr que cese la inmigracion ilegal, pero estos asesinos no tienen reglas ni obedecen leyes ellos cobran por hacer eltrabajo y para estos asesinos cualquier metodo es valido.

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