Una mañana llena de carcajadas, música, regalos y mucha diversión disfrutaron más de 300 niños diabéticos, ayer en el Hospital Manuel de Jesús Rivera, La Mascota.
La actividad inició con la animación de la payasita Ni fu Ni fa, quien puso a los padres de familia a bailar y a brincar en los diferentes concursos que realizó para que compartieran con sus hijos.
Además, los niños con talento artístico demostraron sus habilidades en un concurso de dibujo que se organizó, mientras otros disfrutaban de los pintacarita; luego vinieron las piñatas, donde chicos y grandes se lanzaron al suelo por el botín, finalizando con la entrega de juguetes y un delicioso almuerzo.
Esta actividad fue organizada por la Asociación de Padres de Niños y Jóvenes Diabéticos de Nicaragua (APNJDN) y los trabajadores de Citibank Nicaragua.
Según Aura Cuadra, presidenta de la asociación, ésta atiende, a nivel nacional, a más de 500 niños diabéticos, a quienes brindan medicamentos, jeringas, glucómetros, entre otros.
“Queremos finalizar las actividades de este año con una actividad bonita para los niños, donde se olvidaran, aunque sea un instante, de sus dolencias”, dijo Cuadra.
De igual forma, Elizabeth López, representante de los empleados de Citibank Nicaragua, aseguró que esto fue parte de la responsabilidad social de esta institución y el entusiasmo de más de veinte empleados, quienes se dieron a la tarea de comprar piñatas, obsequios y dulces especiales a niños enfermos con diabetes.
UNA VENCEDORA
Guadalupe Espinoza, de siete años, luce feliz y contenta al bailar en los concursos que realizaron durante la festividad navideña. Mientras, su madre Isabel Zepeda nos cuenta su historia.
“Me di cuenta de que la niña estaba enferma cuando apenas tenía tres años, la miré muy flaquita y no quería comer. En una ocasión llegó a convulsionar por una subida de azúcar. En el hospital le hicieron diferentes exámenes y le diagnosticaron diabetes infantil”, recuerda.
Esta joven madre comentó que la enfermedad que sufre su hija requiere de muchos cuidados. La niña tiene que inyectarse con insulina dos veces al día e incluso después de cuatro años hasta ha aprendido a inyectarse sola.
“Ella ya ni sabe dónde inyectarse, lo hace hasta en el ombligo, para que la piel descanse de tantos hincones”, lamentó.
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