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Más que una llamita

De su origen hay datos que resaltan que ya desde la edad de hielo europea se utilizaban y de acuerdo a algunos hallazgos arqueológicos, se descubrió que algunas velas tienen una antigüedad que supera los 30 mil años.

Las hay de todos los colores, olores y tamaños, funcionan bien en una casa como elementos decorativos, en una cena romántica o durante una celebración religiosa; también hay quienes usan este elemento en conjuros y rituales que para muchos hasta dan miedo. Se trata de las velas o candelas, como se les conoce popularmente.

De su origen hay datos que resaltan que ya desde la edad de hielo europea se utilizaban y de acuerdo a algunos hallazgos arqueológicos, se descubrió que algunas velas tienen una antigüedad que supera los 30 mil años.

Hoy su uso ha variado. Ya no es necesariamente la fuente de luz en los espacios oscuros; en la actualidad las velas, candeleros y candelabros se conjugan en la decoración, aportando una atmósfera íntima y romántica, y para muchas personas hasta resulta ser la forma más económica de decorar.

Y es así que a través de la historia este cilindro de cera hoy adopta miles de formas y diseños, y se encuentra desde velas envueltas en finos papeles, puestas en candeleros sobre elegantes mesas o colgando de elaborados y sofisticados candelabros.

También hay quienes las han puesto a flotar en fuentes de agua cubiertas con recipientes de cristal o en farolitos de papel o lámparas.

Pero más allá de que la vela haya logrado ser un elemento en la decoración, su uso cruza barreras, hay algo que atrae en las velas y su luz, quizá porque ella misma sirve como manifestación del fuego, elemento que ha maravillado a los seres humanos desde épocas primitivas.

Para uno de los expertos más reconocidos en el país en elaboración de velas, René Zamora, del taller Mon Amie, “las velas funcionan como un canal abierto al universo, que nos lleva a Dios, por lo que este elemento puede ser utilizado con muchas finalidades”.

Su luz es un rayo de poder, valora Zamora, quien también acepta que “así como funcionan para elevar y atraer buenas energías a tu cuerpo, a tu espacio, a este universo, las velas también pueden ser utilizadas con fines negativos”.

LA FE

Una enorme vela blanca, quizá la más grande que se esté acostumbrado a ver, decorada con imágenes alegóricas a la cristiandad, adorna el altar de las iglesias católicas; a esta se le conoce como cirio pascual y la permanencia de su llama simboliza la Resurrección de Jesucristo, hijo de Dios, de acuerdo a las Escrituras cristianas.

Dentro de las costumbres cristianas, la vela es un elemento que se utiliza en todas las celebraciones, desde el bautizo, que es el primer sacramento de la Iglesia católica, donde la vela representa la presencia del Espíritu Santo y la luz que acompañará al nuevo cristiano; hasta en los sepelios, donde la llama de la vela simboliza la luz que necesita el alma del fallecido en su camino al más allá.
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“En todos estos casos, la vela es un signo que tiene mucho sentido de fe, representa esperanza, la luz en el camino y la permanencia en la fe, una vela en un sepelio quiere decir que aquí hay alguien, que se está presente en el lugar”, explica Henry Moreno, sacerdote católico.

Y así, como un acto de fe, las iglesias se llenan de velas a los pies de las imágenes de centenares de santos, donde cada una de ellas representa un deseo, una petición, o bien el agradecimiento por un milagro o favores recibidos.

“Y es que las velas rompen las tinieblas, iluminan la vida del cristiano”, comenta Moreno.

No importa la tendencia religiosa que se practique, las velas siempre han estado presentes en templos, altares, palacios y hogares.

En los más míticos casos, este elemento de iluminación es usado también en rituales para proteger el hogar, atraer a un ser amado, lograr prosperidad e incluso invocar espíritus, demonios y fallecidos.

Una vela para cada día

René Zamora, especialista en velas y dueño del taller Mon Amie, comparte la fe en velas especiales para día, que en el plano espiritual y metafísico son aquellas que representan rayos de poder.

DOMINGO: Una vela azul de olor sándalo dedicada a San Miguel logra poder y fuerza.

LUNES: Una vela amarilla con olor a canela se dedica a San Jofiel para lograr sabiduría.

MARTES: Los días martes una vela rosada y con aroma a rosas, dedicada a Chamuel, representa el amor divino.

MIÉRCOLES: Encender una vela de color blanco o plateada con fragancia de incienso, en honor a San Gabriel, traerá pureza.

JUEVES: Es el día que se dedica a San Rafael, con una vela color verde y con olor a eucalipto, para atraer la salud física y espiritual.

VIERNES: Una vela color dorado o rubí, con olor a azahar , se dedica a Uriel por la búsqueda de paz y prosperidad.

SÁBADO: En honor a Saquiel se enciende una vela color violeta y con la fragancia de esta misma flor, violeta, con la cual se pretende la trasmutación de “yo soy”.

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