Por María Haydeé Brenes.- ¡Sacando la pechuga! ¡Vamos ahora como matando hormigas! Ahora sacudiéndose la falda como cuando no querían que supieran en su casa que estaban sentadas en el parque, jalando. Ahora suban una pierna en la silla y la otra pierna la doblan y la estiran, con movimiento de cadera ¡Así, así! Moviendo la cadera. Y ya para terminar vamos con las manos, que el gordito toque los demás.
Las bromas y risas, que no han cesado desde que comenzó el calentamiento para la clase de baile, suben de tono. Porque el único hombre de este singular grupo es don Ramón —un señor gordito y sonriente— quien dice en voz alta que está presto para tocar los dedos de todas, pero que tardará un poco, pues “se ganan canas, pero no se pierde el gusto”. Todas ríen con la ocurrencia.
“Este espacio es para eso, para que ellos rían, bailen, se ejerciten y fortalezcan lazos de amistad y por supuesto que estén preparados para cuando hay alguna actividad tengan una o varias coreografías montadas ” , comenta el instructor de danza Roberto Vallecillo, quien desde hace cuatro años imparte las clases de baile a parte de los integrantes de la Fundación Nicaragüense de la Tercera Edad (Funite), capítulo Colonia Centroamérica.
Funite en la actualidad cuenta con dos capítulos más en Managua y algunos capítulos en Chinandega, Juigalpa y Matagalpa. El objetivo fundamental es modificar la vida de las personas de la tercera edad pasando de una vejez pasiva a otra más activa.
“No hay que temer a las canas, las arrugas o los achaques. Uno debe envejecer con éxito y eso es vivir hasta el último día, con la misma dignidad de la juventud”, dice Marina López Rodríguez quien ya supero los ochenta años y es una de las promotoras de este grupo.
En el estrecho corredor de la casa de doña Marina López Rodríguez se reúnen cada tarde de martes los integrantes del grupo de baile de Funite. Es un poco incómodo bailar aquí, pero el ánimo no se pierde y para que todos podamos bailar debemos hacer grupos de tres, siguiendo al profesor.
Hoy bailamos son de marimba. Avanzamos un pie detrás del otro, después retrocedemos haciendo reverencia, después colocamos las manos sobre el pecho y sacamos primero el extremo derecho de la falda como “mostrando que me pinte las uñas” y sigue igual el lado izquierdo, hacia donde giramos en 1, 2 y 3.
Pasado esto sigue el aprendizaje del zapateado que se hace “como quien anda enterrado un clavo en un pie” lo eleva y desliza el otro, el paso cuesta pero todas lo logran.
Doña Carmen se quedó sentada hoy y cuando le dicen por qué no baila, contesta que sólo va a mirar hoy y se respeta su decisión, porque ellas están aquí para hacer lo que quieran, cuando quieran.
“Las personas de la tercera edad enfrentamos maltrato. Muchas veces nuestros hijos y nietos asumen un rol de padres y nos limitan a hacer sólo lo que ellos quieren, en otros casos la dependencia económica limita a las personas de la tercera edad a asumir una vida pasiva y nuestra propuesta es que la vejez es otra etapa de la vida y debemos aprovecharla al máximo mientras estemos aquí”, señala la señora Ruth Kelly, presidenta de este capítulo de Funite.
En la actualidad los miembros de esta organización se encuentran abogando por la construcción de la casa para la Tercera Edad en dicha colonia. Una promesa que hace seis años se hizo y aún no ha prosperado, aunque la maleza se comió ya las primeras piedras que fueron colocadas.
“Queremos un lugar para practicar el baile, para que el coro “Voces del Atardecer”, también practique y que nos sirva de lugar de reunión, de lugar para hacer talleres para aprender muchas de esas cosas que tenemos aún en nuestro bolsón de pendientes, una casa para seguir sacando el jugo a la vida”, afirma Kelly.
Después de una exposición grupal sobre la historia del son de marimba, merengue y salsa, las muchachas concluyen la sesión de clases bailando un poco de swin y después twist, recordando la última puesta en escena de este grupo que se llamó “Aquellos Tiempos”, que hizo un recorrido por toda la música de antaño, que aquí se reúnen a practicar.
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