RIO DE JANEIRO/AFP
La Policía de Río de Janeiro, usando blindados y helicópteros, lanzó ayer operativos en 20 favelas para contrarrestar una serie de ataques atribuidos a narcotraficantes y abatió al menos a dos sospechosos, informó la institución.
En varias de las favelas, los comercios cerraron sus puertas y se registraron tiroteos, según las autoridades, que desde el lunes arrestaron a 11 personas por supuesto nexo con los ataques. “Haremos lo que sea necesario para que las personas de bien derroten a los que prefieren vivir en la marginalidad”, expresó públicamente ayer el presidente Luiz Inacio Lula da Silva en un acto de la petrolera Petrobras en el interior de Sao Paulo.
La noche del lunes, el gobernador de Río, Sergio Cabral, había solicitado apoyo del gobierno federal. “Es un intento de intimidación. Pero no vamos a retroceder y continuaremos reconquistando territorios (dominados por los narcotraficantes) y llevando la paz a las favelas”, declaró.
En las últimas 48 horas, los narcotraficantes realizaron más de una decena de ataques, incendiaron automóviles y ametrallaron puestos de la Policía como una forma de represalia contra su expulsión de esos barrios pobres. Estos ataques no dejaron víctimas, pero sembraron el terror en diversas zonas de la ciudad y la periferia.
Es la primera vez en dos años, desde la creación de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), que los traficantes organizan una respuesta al programa que instala cuarteles para el accionar de una policía comunitaria y se propone restablecer la paz y los servicios del Estado en los barrios más pobres.
En Río de Janeiro, cerca de dos millones de habitantes viven en más de 1.000 favelas, y las autoridades se proponen pacificar una centena de las más violentas hasta la Copa del Mundo de fútbol de 2014.
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