Ernesto González Valdés

Similar conducta

El término conducta nos conduce al análisis del comportamiento de una persona durante su vida y ante las acciones que puedan surgir a lo largo de la misma, planificadas o imprevistas. Por supuesto que ligado o vinculado a este término solemos asociarlos a un adjetivo calificativo: bueno o malo, calificativos extremos sin medias tintas. ¿Acaso no tenemos arraigados de años preguntar sobre la conducta, de cómo se comportan en la escuela nuestros hijos? Y que en el momento que lo hacemos, la profesora traga en seco, su rostro manifiesta preocupación y responde: “Bien”, que difícilmente podrá decir mal, porque ¿quién no se porta mal, cuando niño o niña?

El término conducta nos conduce al análisis del comportamiento de una persona durante su vida y ante las acciones que puedan surgir a lo largo de la misma, planificadas o imprevistas. Por supuesto que ligado o vinculado a este término solemos asociarlos a un adjetivo calificativo: bueno o malo, calificativos extremos sin medias tintas.

¿Acaso no tenemos arraigados de años preguntar sobre la conducta, de cómo se comportan en la escuela nuestros hijos? Y que en el momento que lo hacemos, la profesora traga en seco, su rostro manifiesta preocupación y responde: “Bien”, que difícilmente podrá decir mal, porque ¿quién no se porta mal, cuando niño o niña?

Obviamente, a mayor edad —lo lógico, si es que el alumno su entorno es estable, sus padres lo apoyan y se preocupan por su educación— la posibilidad de pasar a mejor nota será mayor. De haber acercamiento hogar-escuela mucho mejor, como hemos señalado en otras ocasiones.

Pero, ¿y cuando somos mayores, que somos independientes o que ya hay quienes dependen de nosotros, cómo debemos comportarnos?

La respuesta estará en la madurez que tengamos, para asumir con responsabilidad lo que se presente, planificado o no. ¿Y ello podría estar ligado a las profesiones? ¿Una conducta en el centro de trabajo y otra fuera de él?

Piense usted en cualquier profesión, cualquiera, imagínese en este momento a un compañero de trabajo suyo, persona conservadora, seria, responsable, poco comunicativa con el colectivo y que en una noche —como puede ser un viernes en que solemos compartir inclusive con nuestros compañeros de trabajo— de pronto ve al que poco habla bailando al compás de la marimba, o no dependiendo de los grados de alcohol que circulen en ese momento junto al torrente sanguíneo. ¿Cuál sería su reacción? ¿Asombro, risas, molestias? ¿Podrá aguantarse hasta el siguiente lunes para divulgar el “descubrimiento”? o ¿respetará la conducta del bailador?

¿Qué sería lo ideal? Que nos manifestemos como somos, evidenciando los mejores valores, que tenemos y no con una doble moral. Que si sabe que unos tragos lo ponen alegre, pero ese día quiere ser el más alegre del planeta Tierra, hágalo y dígale a otra persona que maneje. ¿Coincide usted con mi valoración?

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí