“Ortega se equivoca si cree que puede comprar los votos”

Azahálea Solís Román Dirigente feminista y ciudadana

Fotos de LA PRENSA/ Germán Miranda


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Esta semana, decenas de organismos de la sociedad civil iniciaron una convocatoria para una nueva marcha ciudadana, prevista para el sábado 27 de noviembre, en Managua.

La protesta concluirá frente a la Asamblea Nacional y tiene como objetivo la demanda de elecciones libres y transparentes y la elección del relevo de 25 funcionarios públicos cuyos cargos vencieron entre diciembre y julio de este año, pero que permanecen en los cargos porque el Frente Sandinista insiste en revivir un artículo constitucional transitorio, que permitió eso para las elecciones de 1990.

Azahálea Solís Román está convencida de que la única manera en la que los diputados pueden escuchar sus demandas y tomar en cuenta sus propuestas para el relevo institucional es a través de la presión cívica.

“Tenemos derecho a exigir que haya funcionarios de calidad. Los partidos quieren poner a los mismos, como si en el país no existieran personas honorables que reúnan los requisitos. Pero las sillas no están matriculadas para quienes son los presidentes, diputados y magistrados para siempre”, reclama Solís.

Muchos desconfían de este tipo de marchas. Cuestionan quién las financia y las llaman postizas.

(Ríe) A mí me gustaría que el Frente Sandinista dijera cómo financia las marchas. Aquí quien se moviliza con recursos ilegales es el Frente Sandinista. Lo hace con recursos del Estado: combustible del Estado, el tiempo de los empleados públicos y el dinero de la cooperación.

¿Qué cosa es postizo? ¿Que la ciudadanía marche? La gente que marcha va contenta y va combativa. ¿Qué se financian por el Gobierno de Estados Unidos? Si realmente fuera así podríamos movilizar a miles de millones de personas.

¿Para la marcha del 27 de noviembre quién los financia?

En este momento no hay plata. En todas las marchas siempre hacemos la convocatoria sin tener plata. Simplemente la voluntad de participación política y la demanda ciudadana de quienes nos piden que nos movilicemos. En este momento, como siempre ha ocurrido con todas las marchas, no arrancamos con dinero, pero una vez que se hace el llamado con fecha y ejes de la demanda, aparece la plata, exclusivamente de nicaragüenses.

¿Qué tipo de nicaragüenses?

Ciudadanos particulares. Unos aportan dinero, otros se ofrecen para pagar algunas botellas o bolsas con agua, camisetas, gorras, otros pagan el viaje de un bus hacia Managua. Así es que se financian estas movilizaciones.

¿Y creen que están involucrando a más personas o son las mismas?
Decía el Ché Guevara que la revolución se hace con quienes están. La lucha política y ciudadana se hace con los ciudadanos y ciudadanas que dan la cara. No podés inventar gente. No podemos funcionar con el mecanismo de acarrearla, porque no importan los miles y miles acarreados, sino los miles y miles que llegan por voluntad. Además, también es importante la gente que se asoma a las calles y saluda. Son conexiones con la gente que simpatiza con la demanda, aunque por algún motivo no vaya.

Otro reclamo común es quién los elige a ustedes como representantes de la sociedad civil.

Ése es un error conceptual interesado de parte de algunos, como (el diputado Wilfredo) Navarro y compañía. Nosotros no somos representantes, sino actores que participan. Nadie nos tiene que elegir. Yo, como todos, soy ciudadana de este país desde los 16 años y tengo derecho a participar individual o colectivamente sobre todo lo que yo considere.

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Azahálea Solís Román militó en el ahora gobernante Frente Sandinista hasta 1998. Para entonces ella era una militar, que a penas el año anterior había alcanzado el grado de capitán, pero debido a que durante la revolución se involucró en la promoción y defensa de los derechos de la mujer no dudó en apartarse del partido en el que inició ese esfuerzo, cuando Zoilamérica Narváez Murillo denunció por abuso sexual a su padrastro, Daniel Ortega Saavedra.

Solís (Diriamba, 1959) fue fiscal, juez y auditora militar en Managua. Ahora está involucrada de lleno en el Movimiento Autónomo de Mujeres (MAM) y distribuye su tiempo como coordinadora pro-témpore de la Alianza Patriótica, un grupo político integrado a mediados de este año para unir el esfuerzo de varios organismos cívicos con partidos y movimientos de la oposición, para diseñar y promover un plan de nación.

Solís conversó como disidente y opositora con Domingo sobre la situación política del país, a dos años del fraude cometido en las elecciones municipales del 2008, y sobre las condiciones previas a las próximas elecciones presidenciales, para las que ya resta menos de un año.

Desde la sociedad civil, ¿cómo ven la situación de Nicaragua dos años después de las elecciones municipales del 2008?

Claramente vemos que la situación no está resuelta. Sigue siendo actual el tema del fraude y la demanda de elecciones libres. De hecho el fraude es lo que radicaliza la demanda de elecciones libres y transparentes. Antes del 2008 esta demanda no era tan radical y contundente como ahora. También la legalidad y la legitimidad siguen cuestionadas.

Además, el fraude demostró que el Frente Sandinista está dispuesto a hacer de todo para mantenerse en el poder. En 1990 Daniel Ortega lo entregó porque no le quedaba de otra, pero si hubiera podido se quedaba. Entonces su apuesta al retomarlo es ya no bajarse y para eso el Frente Sandinista está dispuesto a hacer de todo y el fraude es parte de esa apuesta central, pero no tienen legitimidad.

A pesar de eso las encuestas más recientes muestran que a menos de un año de las elecciones Ortega es más popular que la oposición.

Es que ahí hay una dicotomía falsa. Mucha gente de la sociedad civil, de partidos políticos, de los mismos medios de comunicación identifican como oposición a un montón de gente como Arnoldo Alemán, la Alianza Liberal Nicaragüense, Guillermo Osorno, Ana Julia Balladares y otros que realmente no son oposición. Y ése es un error que al Frente Sandinista le interesa: que se mire como oposición a quienes en realidad son sus corifeos y peones. Pero la oposición no es solamente partidaria, también es social, con gente que no está de acuerdo con lo que está sucediendo en este Gobierno. Por eso no creo que deba llamarse a ese tipo de políticos como oposición.

Pero son esos políticos quienes irán a una contienda electoral contra el actual partido de Gobierno.

Hasta el momento hay distintas percepciones sobre cuáles candidaturas se van a mover. Desde la sociedad civil la demanda sigue siendo elecciones libres y transparentes, observación electoral, que no se reelija a ninguno de los magistrados actuales y que se elija a relevos capaces y honestos. Ése es el escenario inmediato. No es que el escenario del 2011 uno lo esté descuidando, si no que ahora estamos concentrados en seguir demandando condiciones claras y creíbles para las elecciones del 2011.

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¿Cómo ven las candidaturas de las que ya se están hablando? ¿La de Ortega, el ex presidente Arnoldo Alemán y de Fabio Gadea Mantilla?

El presidente Daniel Ortega no puede ser candidato. No podemos considerarlo como candidato, por mucho que haya hecho esa espuria sentencia de sus subordinados, que no son magistrados judiciales independientes, sino secretarios de sus decisiones. Es ilegal, ahí no hay enredo. Ortega es un abusador político que quiere imponer una candidatura que la Constitución le prohíbe.

Pero él sigue con su proyecto en marcha. ¿Cómo van a evitar eso desde la sociedad civil?

Tenemos que pensar en qué es lo peor que nos puede ocurrir en noviembre del 2011 y actuar en consecuencia. En el 2006 se dijo que lo peor que le podía pasar a Nicaragua es que Daniel Ortega regresara al poder. Ahora todavía es peor que él y el Frente Sandinista continúen.

Sinceramente, ¿cree que el presidente Ortega pueda ganar?

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Daniel Ortega está destruyendo el país. Aquí no hay manera, absolutamente no hay manera de que la permanencia de Ortega en el poder nos pueda garantizar desarrollo económico ni social.

Pero él está cultivando su caudal político, mientras la oposición sigue dividida, aunque hable de unidad.

Para mí se equivocan quienes creen que el pueblo de Nicaragua es comprable. Creo que el dar para comprar conciencias lo que demuestra es un gran desprecio hacia la gente y actúa como boomerang. Esa repartidera que Ortega hace para intentar comprar conciencias demuestra que desprecia al pueblo de Nicaragua, que lo considera comprable, sin dignidad.

Eso pueden pensar algunos, pero en la calle la gente toma lo que le dan.

Sí, pero este escenario ya lo vivimos. Veinte años atrás, para las elecciones de 1990, se dio cualquier cosa. Se dieron unas mochilas bien lindas, que tal vez ahora son comunes y algunos las pueden comprar, pero en los noventa, con aquella escasez, ni siquiera había dónde comprarlas. Te regalaban cualquier cantidad de cosas que en la aridez de entonces eran bastante más significativas de lo que pueden ser hoy. Ése es un punto que uno no puede obviar. Imaginate que se repararon las carreteras, como ahora; se dieron taxis, regalados en cantidades. ¿Pero cuál fue el resultado? Perdieron. ¿Por qué? Porque las conciencias no se compran. Ortega cree que son comprables, pero se equivoca.

¿En un país pobre qué puede pesar más que la necesidad?

En 1979 Nicaragua también era un país empobrecido, pero la revolución de 1979 se dio por ansias de libertad. La gente quería elecciones libres, un país libre. Creer que la libertad es algo que el pueblo de Nicaragua no aprecia tiene una base equivocada y demuestra de cuerpo entero el desprecio que Daniel Ortega le tiene al pueblo, porque cree que puede comprar conciencias. La lucha contra el somocismo y las elecciones del noventa son pruebas fehacientes de que no es así.

¿Qué piensa de la aspiración presidencial de Arnoldo Alemán?

Alemán tiene su partido, que dice él que lo eligió, pero lo que hemos visto —sobre todo en las últimas semanas— es una presión muy fuerte de liberales que no quieren hundir al partido, porque saben que mantener la candidatura de Alemán realmente llevaría a que el Partido Liberal Constitucionalista desaparezca. Sobre eso las últimas semanas han sido bastante significativas, sobre todo en sitios como Jinotega, Matagalpa, Juigalpa, que son bastiones del PLC, pero se unen a la candidatura del señor Fabio Gadea. Hay una cantidad importante que demanda al PLC que decante del pacto. Algo que debe estar claro es que no se puede confundir al PLC con Alemán, porque en del partido hay gente que no acepta lo que Alemán ha hecho, que consideran que ha traicionado al partido. Esa es una realidad.

¿Y la Alianza Patriótica ya definió si apoyará o no a Fabio Gadea?

Aún no. La sociedad civil ahorita tiene una prioridad: crear las condiciones para unas elecciones libres y transparentes. El siguiente paso es la plataforma política: qué es lo que tenemos que hacer para arreglar el desastre institucional que tenemos. Hay que desbaratar el pacto.

¿Pero de él qué es lo que piensan?

Nos parece excelente que hayan candidaturas independientes como la de don Fabio, que tiene una historia de honorabilidad y de lucha política. Nos parece excelente porque aquí no hay que dar por sentado que hay dueños de las sillas.

¿Cree que Gadea Mantilla pueda convertirse en el candidato de consenso de la oposición?

Creo que luego los tiempos se van a acelerar. Para la Unión Nacional Opositora (UNO) fue unos meses antes que se eligió la fórmula presidencial.

Precisamente sobre la fórmula. ¿Quién creen o quién quisieran que acompañe a Gadea Mantilla en una eventual inscripción y contienda?

Eso es algo que a estas alturas no se ha discutido dentro de la sociedad civil. La discusión actual es sobre las condiciones del sistema, sobre el programa de nación que queremos. Eso es lo que se debate. Lo que sí está claro es que para la próxima contienda tendrá que haber una suerte de alianza nacional de distintos sectores políticos y sociales, para poder acabar con esta situación de falta de institucionalidad en el país. ¿Quién va a ser? No creo que pueda dar un nombre. No se ha discutido.

Después del fraude muchos dudan del valor del voto. ¿Creen que puedan restituir la confianza de los nicaragüenses en el sistema electoral?

La gente sabe que el voto es importante, que tiene un valor tanto porque durante mucho tiempo de la dictadura somocista no se votó, como porque con ése acabó con el primer gobierno sandinista que quería continuar en el poder.

Pero eso no va con los jóvenes que no vivieron eso, que no lo recuerdan. En la calle la gente comenta que con este sistema no se puede ir a elecciones. ¿Qué pasa si no hay relevo?

Creo que las expectativas inmediatas de la gente no están puestas en votar o no. Están puestas en que el proceso electoral es importante. La historia se los ha demostrado. No hay hecho más significativo que el de 1990 y en términos de confianza ésas fueron un poco más complicadas. Hay que ser reiterativo, creo que la única manera de garantizar condiciones para las elecciones del 2011 es seguir trabajando hoy para un voto masivo. b

Política Azahalea Solis Daniel Ortega votos archivo

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