Manny Pacquiao le hunde la cara a Antonio Margarito, a quien derrotó anoche, en una brutal paliza en Arlington, Texas. LAPRENSA/D.AVID J. PHILLIPS

Pacquiao fue demoledor

Pacquiao, quien se adjudicó el cetro universal de las 154 libras de la Asociación Mundial de Boxeo, fue una pesadilla para Margarito a través de los 12 asaltos. Lo golpeó a su antojo y sólo en muy pocos momentos recibió castigo de parte del azteca, que terminó demolido.

Manny Pacquiao dio un salto más en dirección hacia la inmortalidad, al vapulear sin misericordia anoche a Antonio Margarito, a quien derrotó por decisión unánime en el Cowboys Stadium en Arlington, Texas, para conquistar su octavo título mundial.

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  • Manny Pacquiao mejoró a 52-3, con 38 KO, su registro y ganó su octavo título en categorías distintas.
Margarito desmejoró a 38-7, en su carrera, con sólo dos cetros.

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Pacquiao, quien se adjudicó el cetro universal de las 154 libras del Consejo Mundial de Boxeo, fue una pesadilla para Margarito a través de los 12 asaltos. Lo golpeó a su antojo y sólo en muy pocos momentos recibió castigo de parte del azteca, que terminó demolido.

El filipino, que ha ganado sus títulos entre 112 y 154 libras, para establecer un récord sin precedentes en la historia del boxeo, salió desde el inicio a controlar la pelea y no perdió un solo asalto, mientras Margarito terminaba con su rostro abollado y un pómulo reventado.

Por momentos daba la impresión de que Pacquiao debía empinarse para alcanzar el rostro de Margarito con sus golpes, pero lo consiguió. Y las pocas veces que se vio acorralado se le salió por los costado y no se dejó atrapar por el bravo mexicano.

El filipino nunca vio peligrar su éxito, pero a partir del cuarto asalto, cuando le reventó el pómulo a Margarito, su dominio fue mucho más claro y se extendió a través del combate, mientras en el décimo dio su probable mejor golpe, un derechazo que se estrelló en el rostro del azteca, quien por poco se desploma.

Y aunque no cayó, Margarito estaba ya convertido en una calamidad andante, sostenido sólo por su coraje, mientras Pacquiao continuaba con su boxeo electrizante y aguante granítico.

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