Un extranjero y un trío de periodistas, que saltaron al muelle en la panga que arrimó el jueves, fueron los últimos turistas que llegaron a San Juan de Nicaragua esta semana, el pueblo que está al final del río San Juan, y el más cercano a la esquina que Nicaragua disputa con Costa Rica en estos días.
Hasta que no llega la panga, hay mucha soledad en la calle que corre paralela al muelle. Uno que otro funcionario transita por él, pero en general los pobladores que revolotean alrededor del pequeño atracadero se han reconcentrado en sus casas, pendientes de los telediarios de los cuatro canales costarricenses, que son los únicos que se ven en el pueblo.
El atracadero de San Juan recibe pangas procedentes desde San Carlos, así como pequeñas embarcaciones que brotan a lo largo de unos 200 kilómetros de río, del San Juan.
En promedio llegan dos pangas desde San Carlos, adonde los turistas llegan por tierra y aire. A veces sólo llega una. Pero en el transcurso del día, llegando pequeñas embarcaciones con viajantes cercanos. Pero desde que estalló el conflicto entre los dos países por el dragado, ellos han bajado de ranking entre los sitios para visitar en el río.
“Cada semana aquí venían entre ocho y 10 turistas al pueblo. Ahora no ha venido nadie”, dice un funcionario local que prefiere el anonimato por temor a represalias. Y la mayoría de esos turistas son europeos mochileros que llegan atraídos por la reserva Indio Maíz, por los cementerios indígenas, por el viejo San Juan, por el paisaje escénico que junta al mar y el río, o simplemente por la tranquilidad de ese pueblo, que está en esa boca del Caribe.
Enrique Gutiérrez, propietario del hostal Evo, uno de los seis hoteles que hay en el pueblo, dice que él esperaba que esa cifra subiera en estos días.
Según Gutiérrez, noviembre y diciembre son meses buenos para el turismo en este municipio de menos de 2,000 habitantes, que sueña con desarrollar turismo ecológico.
Gutiérrez recién había viajado a El Tortuguero, en Costa Rica, para conocer la experiencia de turismo ecológico que desarrollan allá. Tenía la ilusión de replicar algo de lo que vio. De plantear algunos recorridos a los turistas. “Allá en dos meses percibieron dos millones y medio de dólares, sólo en visitas a los sitios de tortugas”, dice Gutiérrez.
“Y nosotros aquí tenemos el triple de belleza de lo que ellos tienen allá”, explica con emoción el empresario.
La de Misael Morales es la segunda Alcaldía sandinista consecutiva que se gana en San Juan del Norte. Antes fue César Collado, el actual delegado de los Consejos del Poder Ciudadano en el municipio. Con orgullo, Morales dice que ha cumplido 30 de los 38 puntos que prometió en su campaña.
Entre los proyectos está el diseño de una estrategia de turismo, pero también algunos hermanamientos con municipios vecinos para temas de turismo y salud.
Uno de los proyectos más importantes ha sido el servicio eléctrico por más horas. Antes, el servicio era mucho más limitado. El actual servicio es subsidiado en buena medida, un 70 por ciento de lo que cuesta el combustible (alrededor de 60 galones diarios), por el actual Gobierno.
Morales dice que ha logrado volver el comercio de San Carlos hacia el poblado y por eso hay más circulación de productos nicaragüenses.
Otro proyecto bandera que está a punto de estrenarse, es el Polideportivo, un complejo deportivo que además de un centro de recreación, espera servir como albergue para una eventual emergencia. Sólo ese edificio habría costado 250,000 dólares aproximadamente.
También se ha adelantado en el proyecto de energía las 24 horas para el municipio.
“Todo iba bien, el Gobierno nos ha estado ayudando bastante, porque nada es regalado aquí”, dice Isidro Salinas. “Hasta que pasó esto”, agrega.
En las últimas votaciones los sanjuaneños habrían votado por Daniel Ortega. En las municipales el alcalde habría logrado alrededor de 1,200 votos. “Ganó sin discusión”, comenta Salinas, quien a modo de broma cree que en estos días esa imagen ha cambiado, no porque estén en contra del dragado, no, tampoco porque estén decepcionados de Ortega, no, pero sí están en desacuerdo en que este conflicto los afecte a ellos, “por eso si las elecciones fueran hoy segurito que el FSLN las pierde”.
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HISTORIA Y NATURALEZA
En San Juan hay naturaleza e historia. Naturaleza porque es el municipio que abarca a la segunda reserva natural más importante del país, que es Indio Maíz. Historia, porque San Juan del Norte, como se llamó hasta el 2002 (cuando oficialmente pasó a conocerse como San Juan de Nicaragua) se fundó hace 471 años, detalla el alcalde Misael Morales.
Morales dice que más allá del pueblo, hay otros ríos, con sus caños, hay termales, piedras basálticas. “Aquí hay mucho para ver y eso es lo que queremos desarrollar”, explica el edil.
“Pero con esto la gente no viene”, dice Gutiérrez, uno de los fundadores del nuevo San Juan, quien asegura que se había previsto un arribo de unos 12,000 turistas para los próximos meses.
DISMINUYE CIRCULACIÓN TICO NICA
Pero no sólo hay menos turistas en San Juan, también ha disminuido las visitas entre familias. Por ejemplo, Beatriz Beckford, la enfermera auxiliar del centro de salud, dice que una de sus hijas que vive al lado costarricense “la está pensando para venir a verme, porque le da miedo venir” y después no poder irse. Beckford y otros pobladores consideran que las requisas de los militares, que se han incrementado en estas últimas semanas, preocupan a los pobladores al punto de abstenerse de viajar.
“Yo no me había querido mover de San Carlos porque aquí estaba la cosa caliente”, dice otra mujer que volvía en una panga al pueblo.
FALTAN HUEVOS
Tampoco están llegando los comerciantes como antes. Aunque el Ejército ha dicho que no se está restringiendo la circulación de la gente, de todas formas la población se abstiene de transitar, y los comerciantes de vender.
Como consecuencia, en las pulperías hay escasez de algunos alimentos como el huevo. Algunos pulperos temen que en los próximos días falten otros productos.
Por la cercanía con la frontera Costa Rica, cuando ocurre una emergencia de salud, la gente de San Juan se atiende en hospitales ticos. El más cercano, dicen los pobladores, que está a tres horas y media en panga.
“Tenemos que ir allá (Costa Rica) porque de aquí que vayamos a San Carlos —que está a cinco horas en panga rápida— uno se muere”, dice Rosalío Martínez, quien hace unos meses llevó de emergencia a su esposa. Martínez dice que del hospital local la trasladaron a un centro asistencial de San José, y todo en cuestión de horas. “Eso aquí no pasa”, dice Martínez.
El Ministerio de Salud (Minsa) tiene una, pero no tiene el suficiente combustible para trasladar los casos de emergencia hasta San Carlos.
Pero también al centro de salud de San Juan llegan buscando atención ciudadanos ticos que viven en el borde. Hace poco llegó uno con un dedo cercenado por un machete y fue auxiliado por el personal nicaragüense.
“TUANIS”, “PURA VIDA”
“Así es como vivimos en esta frontera. Todos tenemos familia al otro lado, porque también nosotros vivimos allá”, dice Martínez, quien nació en el viejo San Juan, en el que fue quemado en los ochenta y regresó a comienzos de los noventa a fundar el pueblo nuevo, donde viven poco más de 800 personas.
La relación nica-tica en ese borde acuático se palpa en cada vuelta por San Juan. Se oye en esa mezcla de acentos. Hay gente que dice “tuanis” y “pura vida”, al mismo tiempo.

Hay gente que en la billetera carga córdobas y colones, algunos también llevan dólares. En todos los negocios existen tres formas de pago: colones, córdobas y dólares.
Hasta hace poco, la mayoría de los productos de consumo venían de Costa Rica. Ahora, con este Gobierno eso cambió. Se instaló una oficina de Aduana que cobra impuestos de importación a los productos ticos, sin embargo, al principio eran tan altos que la gente protestó y el Gobierno exoneró de impuestos una lista de 38 productos.
Pese a que las cosas no están normales, el pueblo disimula su soledad y su intranquilidad.
Por las mañanas todo es silencio. El único bullicio es el que hacen los escolares que van a la primaria del pueblo. Pero también el que ha hecho la barata del centro de salud, que en estos días ha estado en función de administrar la tratamiento profiláctico contra la leptospirosis. “Afortunadamente aquí no hemos tenido ni un caso”, comenta Becford.
Y por la tarde, a partir de la una y media de la tarde, la bulla se extiende a otras del pueblo, donde se encienden los equipos de sonido, como señal inéquivoca de que el servicio eléctrico llegó. El servicio se suspende puntual a las 11 de la noche.
Algunos aprovechan el servicio eléctrico para ver noticieros.
ATENTOS A NOTICIAS
Hilario Ballesteros es uno de los que no se pierde los noticieros de las seis. Mientras observa las imágenes de la tragedia de Escazú que ha dejado más de 20 muertos, Ballesteros dice que es nacido en San Juan, y que por muchos años vivió en Costa Rica. Ballesteros, que parece tener la mente aquí y allá, se lamenta lo que está sucediendo entre los dos países. “Nosotros queremos el dragado, todos lo necesitamos”, y seguido dice que no entiende cómo las cosas han llegado a ese punto. Ballesteros, un hombre que sobrepasa los 50 años, dice que está en su casa no porque le guste. “Si aquí todo estuviera normal, yo estaría en el muelle. Yo trabajo como guía turístico, soy bilingüe, pero en estos días, por culpa de este problema, nadie viene, así que no hay que hacer”, dice el hombre que a las seis se encierra para evadir la avalancha de zancudos que a esa hora arrasan con la población, y que quizás son los únicos puntuales, los que no dejan de llegar por su cuota de sangre, a San Juan de Nicaragua.
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