Cuando una persona muere, la tristeza familiar se convierte en un acontecimiento público. Los familiares y amigos se reúnen en la casa del fallecido para hablar, tomar café, contar chistes, incluso algunos hacen juegos de cartas, mientras se vela al muerto.
El día del entierro, luego de una acostumbrada misa para los católicos, se recorren las principales calles de la ciudad hasta llegar al cementerio y ser enterrado.
Este proceso, que actualmente se hace en Nicaragua, es parte de las tradiciones que los españoles inculcaron a través del catolicismo, después del siglo XVI.
Según las culturas y religión la muerte es vista de distintas maneras.
El antropólogo Edgar Espinoza, quien realizó una investigación por más de 20 años sobre la forma en que eran sepultados nuestros antepasados y cómo cambió luego de la conquista española, señala que los indígenas creían que la muerte era “el final feliz”.
Pero además muchos ocupaban la muerte como ofrenda a sus dioses por medio del sacrificio humano, para que esto le diera algún beneficio a la comunidad.
Espinoza explica que en los distintos materiales que han encontrado en varias zonas del país, en los dibujos hechos por indígenas y en las artesanías y adornos que trajeron los españoles después de la conquista, se puede ver claramente cómo percibían la muerte ambas culturas.
Por ejemplo; los indígenas se dibujaban boca arriba, con los brazos estirados viendo al cielo. Mientras que los españoles diseñaban vasijas donde una persona yacía en una olla con llamas, que simboliza el dolor eterno en el infierno.
Asimismo, Espinoza afirma que los indígenas realizaban una especie de juego con danza, música al momento en que enterraban a los muertos.
Los cristianos, en cambio, realizan desde entonces una ceremonia religiosa, con misa y llanto.
Por su parte el antropólogo Ramiro García explica que antes y después de la introducción del catolicismo en el siglo XVI, los entierros eran diferenciados, es decir, los caciques eran enterrados con objetos valiosos, mientras que un indígena común era enterrado con más simpleza.
De acuerdo con las investigaciones realizadas por García en los cementerios antiguos, encuentra que las personas más pudientes de la época o los obispos eran enterrados dentro de la Iglesia. “Pero las iglesias dejaron de ser centros sepulcrales por el mal olor que expendían los cadáveres”, explica Espinoza.
Entonces se decidió que las personas con mejor estatus socioeconómico fuesen enterradas al lado del cerco de la Iglesia católica.
FORMAS DE ENTIERRO
Según los hallazgos de la investigación realizada por los antropólogos Espinoza y García, en León Viejo, San Jacinto y Managua, los indígenas enterraban a los muertos en más de 10 maneras.

Los muertos eran enterrados en un montículo ceremonial.
“Generalmente se enterraban directamente en el suelo con un serie de instrumentos relacionados a los quehaceres domésticos”, explica García.
Por ejemplo; encontraron cadáveres con agujas, se especula que era una mujer que tejía.
También los indígenas enterraban a los muertos en urnas hechas con cerámica, o eran cremados.
Quizá la forma más común era enterrar a los muertos en forma flexionada.
Pero también hacían los entierros atípicos, que son paquetes de huesos, asociados con sacrificio.
Según las investigaciones realizadas por los antropólogos, los indígenas eran enterrados con una cruz similar a los de los católicos, pero dicha cruz simbolizaba los tres puntos cardinales.
En cambio los españoles con las creencias religiosas, los muertos desde entonces son enterrados con las manos juntas sobre el pecho en dirección oeste que simboliza la resurrección, “los católicos trataban de imitar a lo que vivió Jesucristo”.
AFORTUNADOS
Los obispos eran enterrados en primera línea y los que querían que sus difuntos “llegaran más rápido al cielo” los enterraban lo más cerca posible de la primera línea, pero para eso debían pagar más dinero.

Otra costumbre, que se conserva aún en los cementerios, es enterrar de tres a cinco muertos en el mismo hoyo para que los familiares estén en el mismo lugar.
Espinoza explica que en San Jacinto existe un cementerio donde ser refleja la muerte con distinciones, es decir, hay un cementerio inglés, italiano, español e indígena.
“Se comprueba la nacionalidad a través de las investigaciones en el cráneo del esqueleto, que refleja el sexo y la forma en que pudo haber muerto”, dice.
La muerte hasta hoy sigue siendo un tema que no tiene fin, alrededor de la muerte existen muchas interrogantes, porque nadie sabe lo que pasa luego de la muerte, porque nadie ha vuelto a la vida para contarlo.
EL DÍA DE LOS DIFUNTOS
El día de los difuntos se vive de distintas maneras según el país. En todos tiene el mismo significado pero cada región le da su toque personal.
En Nicaragua, miles de personas asisten para rezar y para limpiar las tumbas.
En Guatemala, algunas personas dejan los altares caseros con un vaso de agua, una veladora y una fotografía del difunto.
En esta celebración también aparecen algunas revelaciones y son muchos los creyentes que aseguran tener visiones de los difuntos.
Los mexicanos tienen una manera particular de hacerle honor a los familiares fallecidos.

La gente va al cementerio en la noche y adorna las tumbas, principalmente usando una flor naranja.
En las casas se hace un altar en honor a los parientes difuntos, en el que colocan fotos de ellos, alimentos y bebidas para que el difunto en la noche venga a recordar esos gustos de su vida mundana.
En algunas zonas urbanas de Perú, agasajan a los muertos. Luego de ir al cementerio para adornar con flores es común que familiares se reúnan en una casa para tomar café y recordar con alegría al fallecido.
En Honduras, Costa Rica y Colombia y la mayoría de nicaragüenses religiosos, asisten a los cementerios para llevar ofrendas en símbolo de agradecimiento a los favores concedidos por los santos a sus seres queridos.
También se concurre a la Iglesia para rezar por los difuntos y pedir por la salud y felicidad de los vivos.
Algunas comunidades indígenas de Ecuador celebran aún un ritual antiguo que consiste en el encuentro con el difunto durante una comida sobre su tumba. Según la creencia, el muerto vuelve cada año, entonces hay que prepararle sus platos preferidos.
Ver en la versión impresa las páginas: 9 B