Hugo Ramón García

Los nuevos millonarios

Para nadie es un secreto que los miembros de la cúpula gobernante del Frente Sandinista son ahora poderosos millonarios. El detalle está en que cuando tomaron por asalto el poder el 19 de julio de 1979, entraron en andrajos, haciéndole creer al pueblo que ellos eran los “salvadores” de Nicaragua.

Pero 10 años después dejaron al país en harapos, con una economía destruida por efectos de la famosa piñata que se recetaron en 1990, y la cual siguen “quebrando”. Combatían a Somoza no por principios ni convicciones, sino por aquello de “quitate vos para ponerme yo”. 31 años después está bien claro que los sandinistas que son de la absoluta confianza de Daniel Ortega, y que en las tres insurrecciones no dispararon un sólo tiro, no se involucraron en la lucha para que el pueblo alcanzara los auténticos cambios sociales que se esperaban y que nunca llegaron, sino para agenciarse los fabulosos beneficios que el poder genera.

Hoy son grandes empresarios, dueños de muchos negocios y acaparadores de todo lo bueno que llega a sus manos, contradiciéndose de los que antes decían. Atacaban a las clases dominantes para que los incautos les creyeran, pero ahora son más elitistas que los mismos “burgueses”, y se dan el lujo de vivir en las mejores zonas residenciales de Managua. Decían que la Revolución era “fuente de derecho”, llamándole “recupere” a la usurpación de muchas propiedades que no eran sujetas de intervención, mucho menos de confiscación, y que jamás volvieron al dominio de sus legítimos dueños.

Los sandinistas orteguistas hablan de “ayudarle a los pobres”, pero despojando a otros de las pertenencias que les cuesta de trabajo y sudor. Si se ufanan de velar por los intereses de los más desposeídos, ¿por qué los miembros de la cúpula gobernante del Frente Sandinista no les ayudan de los mismos recursos millonarios que poseen? Si a los sandinistas metidos ahora a empresarios les “duelen” tanto los pobres, pues que distribuyan entre ellos parte de las utilidades que les producen sus empresas. Pero la verdad es por culpa de ellos que la mendicidad prolífera por todos los costados de Nicaragua por las enormes tasas de desempleo que el orteguismo ha causado en esta irredenta y mísera República.

¿Y el “Pueblo Presidente” dónde está? Lo vemos en las calles y en los mercados, arrastrando su pobreza; la madre campesina y obrera con su hijo enfermo, sin poder comprar la medicina en la farmacia privada, porque el esposo no tiene trabajo, y si va en busca de lo que necesita al hospital o al Centro de Salud, tampoco lo encuentra porque en estos lugares solamente existe medicina que se halla completada en las lista básica que lleva el Ministerio de Salud.

Los pobres, en esta época del sandinismo orteguista, están más pobres que nunca y únicamente se acuerdan de ellos cuando entran en calor las campañas políticas. Los sandinistas tienen una “maestría” para engañar, en especial al campesino al que por mandamientos de la historia lo mantienen sujeto al atraso cultural.

Daniel Ortega debería bajar al pueblo, escuchar sus necesidades, cumplir sus promesas, dejar de ser indiferente a las penurias que viven las mayorías. Pero desde su fastuosa residencia y su cómodo despacho con aire acondicionado, es muy difícil que conozca la miseria en que viven sus electores.

Opinión
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