Por Meyling Marín Altamirano *
Un bosque escaso es lo que queda de lo que un día fue una de las áreas de pinos más grandes y densas de Nicaragua en el municipio de Prinzapolka, Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).
Desde que la explotación irracional del bosque se ha convertido en el medio de subsistencia de los pobladores, el valioso recurso ha ido en decadencia.
Vender el recurso a comerciantes (madereros) del Pacífico y Norte del país se ha convertido en la manera más fácil de aprovechar el bosque.
Aunque el recurso bosque amenaza con desaparecer, son pocos los esfuerzos de las autoridades por generar alternativas de subsistencia que disminuyan el impacto ambiental de esta actividad.
Por decreto del gobierno autónomo, la explotación racional del bosque es única y exclusiva para los residentes de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).
Es por ello que en primera instancia los avales para explotar el bosque son concedidos por líderes comunitarios. Sin embargo, se han concedido planes de aprovechamiento del bosque a otras personas que no son nativas de Prinzapolka. De los seis planes de manejo forestal que funcionan actualmente, tres pertenecen a personas que no son de la región.
Si bien es cierto los planes de manejo forestal son documentos técnicos que orientan el aprovechamiento sostenido del recurso, se han convertido en herramientas para su sobreexplotación.
Dado que el bosque es un recurso común, los lugareños acostumbran a cortar árboles y venderlos a las personas que tienen planes autorizados y a aserríos, según expresó Adrián Gutiérrez Ponce, quien es regente forestal de dos planes de manejo en Prinzapolka.
“Los miskitos basados en la Ley 445 de la Propiedad comunal de los pueblos indígenas y comunidades étnicas, cortan el bosque sin autorización del Inafor y lo venden dentro de la región, en Siuna y Rosita”, agregó.
Una vez que los planes son aprobados por el Instituto Nacional Forestal (Inafor), la Secretaría de Recursos Naturales (Serena) y la Alcaldía dan poco seguimiento al cumplimiento del plan.
REGENTE FORESTAL TIENE LAS MANOS ATADAS
Para operar el plan de manejo, el Inafor exige a los dueños del plan la contratación de un regente forestal. Éste deberá realizar planes operativos anuales, cuyo objetivo final es garantizar la sostenibilidad del recurso.
Sin embargo, el regente forestal seguirá las instrucciones de su empleador, es decir de las empresas que explotan el recurso.
“Lo ideal sería que el regente forestal sea contratado a través de los fondos del Inafor para asegurar que el trabajo del regente no sea limitado por otros intereses”, expresó Carlos Rodríguez, responsable del área de medio ambiente de la alcaldía de Alamikamba, Prinzapolka.
Como regente forestal de dos planes en Prinzapolka, Adrián Gutiérrez dice tener ética profesional y trabajar a favor de la sostenibilidad del bosque.
Asegura seguir las indicaciones del plan. Ha reforestado algunas áreas y está alistando los viveros para plantar en el año 2011 unos 60,000 mil árboles de pino, porque el Inafor así lo ha exigido a los dueños de cada plan.
- En Prinzapolka se ha trabajado por más de 10 años con planes de manejo de bosque que, teóricamente, garantizan el aprovechamiento sostenido del recurso.
Esto implica un desequilibrio ecológico irreversible. El bosque proporciona funciones ecológicas vitales como la regulación del flujo del agua desde tierras altas de montaña hasta áreas bajas.
De manera que los suelos de Prinzapolka se están quedando expuestos a la intensidad del sol y de las lluvias torrenciales.
Durante los recorridos realizados para esta investigación se observó la presencia de ganado en las áreas de explotación del bosque, lo cual limita la regeneración natural del bosque.
Francisco Acosta, del proyecto Mi Familia, ha trabajado en la zona por casi 10 años y asegura que desde hace cinco años ha aumentado la ganadería debido a que ahora hay más áreas para potrero en los sitios donde se ha arrasado con el bosque.
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EL ETERNO PROBLEMA DE LA FALTA DE PERSONAL
Por su parte el Inafor ha asignado un delegado y un técnico para la vigilancia y el control de la explotación del bosque, mientras la alcaldía municipal cuenta con una persona que contribuye a las labores de inspección.
Sin embargo, el personal es insuficiente para controlar el tráfico ilegal y vigilar los planes en una extensión de 7,020 kilómetros cuadrados del municipio de Prinzapolka, dijo Rodríguez.

Por la falta de personal no pueden estar presentes siempre que las empresas cargan la madera a ser transportada. Por lo que no se tiene certeza si la cantidad de metros cúbicos cargada es la autorizada en el plan operativo anual de estas empresas.
Inafor no tiene suficientes funcionarios para supervisar todas las áreas, expresó Adrián Gutiérrez. “Para hacer el despacho de madera el Inafor debería ir hasta donde tengo cargada la madera y hacer inspección y ver si coinciden las medidas por camión y salen 5 a 6 camiones cada tres días y solo está un delegado para inspeccionar todos los camiones, casi nunca supervisan cuando se carga”, sostiene.
SÓLO SIETE PUESTOS DE CONTROL
Para detectar el flujo ilegal de madera el Ejército de Nicaragua, en coordinación con la Policía Nacional y el Serena, han instalado siete puestos de control a lo largo de la carretera Alamikamba-Managua.
Los puestos de control revisan si los camiones o rastras llevan el permiso y guía de transporte con certificación, la factura de servicio de procesamiento de la madera y el permiso de operación.
Según Catalino Sequeira, miembro del puesto de control de El Guineo, este año ha disminuido el tráfico ilegal de madera debido a las malas condiciones del clima y de la carretera. El problema más frecuente que se presenta es que, en algunas ocasiones, los dueños de los planes presentan planes operativos anuales vencidos, por lo que no dan paso a la carga.
Agrega que también han detectado algunos camiones que llevan madera escondida o camuflada con otros productos, pero que en lo que va del año no han decomisado madera.
Sin embargo, la alcaldía de Alamikamba aún reclama su parte de la madera que decomisó el Inafor este año.
“Inafor actúa mal porque dice la ley que el 25 por ciento de los beneficios de la madera decomisada debe ser para la alcaldía del lugar y ellos no nos han dado nada”, señala Carlos Rodríguez, responsable del área de medio ambiente de la alcaldía municipal de Alamikamba, Prinzapolka.
“Recientemente decomisaron tres mil metros cúbicos de caoba y no hemos recibido nada, al parecer la madera se perdió”, dijo con gesto de resignación.
Pero aunque existan puestos de control del tráfico de madera hacia fuera de la región, el tráfico interno no se ha podido controlar. Así, a menudo los pobladores venden en los aserríos autorizados madera sin plan de manejo.
“Hay fuga de madera por cantidades y ésta es explotada por la mafia maderera después de las 6:00 p.m. cuando los puestos de control ya no operan”, expresa Rodríguez.
Añadió que se hace necesario que el Inafor destine más recursos económicos para el control y vigilancia de la extracción ilegal, pero reconoció que aunque la alcaldía se ha enfocado en atacar este problema, el presupuesto municipal es insuficiente para contratar más personal.
PRECARISMO FORESTAL
Para Adrián Gutiérrez Ponce, regente forestal de dos de los seis planes que funcionan en Prinzapolka, lo más complicado del trabajo es lidiar con los lugareños, quienes basados en el derecho de uso común de las propiedades irrumpen en las parcelas donde se tiene el plan de manejo y con el pretexto de mejorar o construir sus casas cortan en muchas ocasiones los árboles semilleros que han sido destinados para fomentar la regeneración natural.
En otras ocasiones las actividades de cacería no controladas han provocado incendios forestales dentro de los planes de manejo forestal, agregó.
Mientras los habitantes de Prinzapolka alegan no tener otra fuente de ingreso más que vender su recurso forestal a empresarios del Centro y Pacífico del país, éstos aprovechan esa falta de visión para comprar el bosque a unos 10 dólares el metro cúbico en pie, una vez procesado y transportado a Managua lo venden a unos 130 dólares y se quedan con una ganancia de 55 dólares por cada metro cúbico vendido.

El margen de ganancia más grande es para los intermediarios o comerciantes, quienes se ganan unos 75 dólares por cada metro cúbico vendido.
El reto para las autoridades de Prinzapolka es implementar la forestería comunitaria que permita a los dueños de los bosques participar en toda la cadena forestal productiva y maximizar los beneficios del recurso.
Esto implica invertir en la maquinaria necesaria para tumbar, aserrar, procesar la madera y vender los productos elaborados. Sin embargo es una tarea difícil ante la falta de financiamiento del gobierno central para ejecutar proyectos relacionados a la forestería comunitaria.
(* La autora es especialista en riesgos ambientales)
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