ISLA DE PAGAI DEL NORTE, Indonesia / AFP
- A más de 1,000 km de las Islas Mentawai, las autoridades de Indonesia hacían frente a la segunda catástrofe ocasionada por la erupción del Merapi.
El balance de pérdidas humanas podría haber sido mucho mayor sin la orden de evacuación lanzada el lunes por las autoridades para las 19,000 personas que vivían en las laderas del volcán Merapi, considerado el más activo de Indonesia y que ayer volvió a entrar en erupción.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, “profundamente triste -según un portavoz- por la pérdida de vidas y la destrucción de propiedades”, ofreció ayer la ayuda de Naciones Unidas a Indonesia.
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El devastador tsunami que golpeó las islas indonesias del océano Índico causó probablemente la muerte de 500 personas, estimaron este jueves las autoridades. A este mortífero balance hay que añadir el de la otra catástrofe natural que azotó esta semana Indonesia, la erupción del volcán Merapi, con un saldo de 32 muertos.
A última hora del día las autoridades contabilizaban 370 muertos y 338 desaparecidos por el tsunami.
“Pero es probable que los dos tercios de los desaparecidos fuesen arrastrados por el mar o bien sepultados”, declaró un responsable de los servicios de emergencia, Ade Edward.
“Sobrevolando la zona vimos muchos cuerpos. Cabezas y piernas que salían de la arena, cadáveres enganchados a los árboles”, contó.
Las búsquedas se complican por el aislamiento de los pueblos de pescadores diseminados por las costas de las Mentawai, un archipiélago frente a Sumatra.
El presidente indonesio Susilo Bambang Yudhoyono visitó ayer el lugar para reconfortar a los supervivientes y supervisar la llegada de comida, agua y medicamentos.
En Sikakap, el puerto de la isla de Pagai del Norte, cientos de habitantes recibían tratamiento por las heridas provocadas por el paso de dos olas gigantes que llegaron hasta 600 metros tierra adentro.
EXPLOSIÓN EN LA NOCHE
Los lugareños coincidían en señalar que la catástrofe fue brutal. El tsunami llegó apenas unos diez minutos después de un terremoto de magnitud 7.7 cuando era de noche y llovía.
“Escuchamos como una explosión cuando llegó la primera ola”, relató Chandra, de 20 años. La joven consiguió sobrevivir “por milagro gracias al tronco de un cocotero”. Pero su marido murió y su bebé sigue desaparecido.
En el poblado de Muntei Baru Baru, donde sólo quedan los cimientos de las casas, los sobrevivientes dicen no haber sido advertidos, pese a que el Gobierno activó una alerta de tsunami inmediatamente después del terremoto.
Las autoridades reconocen que el sistema no está disponible en las Mentawai, donde numerosos pueblos carecen de sirenas de alerta.

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