En Puerto Príncipe, capital de Haití, los campamentos de los damnificados constituyen ciudadelas completas. LA PRENSA/A. PÉREZ

Campamentos de Haití, amparo y martirio

En los días lluviosos y con viento es como si las carpas ni siquiera existieran. Aun así, el campamento permanece “en pie” desde hace meses, luego que un terremoto de 7.0 en la escala de Richter devastara Puerto Príncipe y desplazara a más de 1.5 millones de haitianos que ahora no tienen casa.

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HAITÍ

Los malestares, los enojos y las necesidades, principalmente las necesidades, se propagan fácilmente en Colofe, un campamento en la capital de Haití, Puerto Príncipe, donde 215 familias y sus 1,027 miembros sobreviven dentro de 270 carpas de plástico. Durante el día, la carpa bajo el sol los asfixia y durante la noche los congela.

En los días lluviosos y con viento es como si las carpas ni siquiera existieran. Aun así, el campamento permanece “en pie” desde hace meses, luego que un terremoto de 7.0 en la escala de Richter devastara Puerto Príncipe y desplazara a más de 1.5 millones de haitianos que ahora no tienen casa.

“Es un terreno del Estado”, defiende rápidamente Charles Gabriel, el líder del comité de gestión de ese campamento en el norte de Puerto Príncipe, la capital del país más pobre de América.

Sin embargo, el terreno por ahora es lo de menos.

“No se puede vivir en estas carpas. Necesitamos casas, porque durante el día hace muchísimo calor y cuando llueve todo el agua entra en la carpa como si no tuviéramos ninguna protección. Si el viento es fuerte no hay protección y cuando la lluvia es fuerte no sabemos ni a dónde ir”, cuenta Jele Moulmat, quien además se queja de que su carpa hasta ya se rompió.

NIÑOS SON REGALADOS

Los niños son los que menos aguantan la situación. Por eso Marie Lucie Bernard prefirió regalar a sus dos hijos después del letal terremoto el 12 de enero de este año, según cuenta la mujer de 52 años y desempleada.

Sara, de un año y tres meses, ha tenido mejor suerte. Sigue con su mamá y su papá dentro del campamento Colofe. Lo que a ellos les falta, sin embargo, es la comida, confirma Daphne, la madre.

En medio de la escasez, Colofe y los otros 1,200 campamentos establecidos en todas las áreas públicas de Puerto Príncipe no se desarticulan y más bien se han convertido en la única alternativa de organización y un mecanismo bastante eficaz para recibir alguna ayuda de parte de los donantes.

Hasta el momento, Colofe es atendido de manera directa por el organismo portugués AMI, y aunque es uno de los campamentos más pequeños en el país, ya cuenta con un puesto médico y una escuela primaria.

“Nosotros les garantizamos la primera atención, un cuidado básico. Pero sí tenemos que admitir que hay problemas con la comunicación entre los diferentes niveles de atención. Las personas que requieren de una atención secundaria o de hospital no terminan de hacerse el tratamiento porque no se les acepta la transferencia primaria o no se les acepta en los hospitales por falta de recursos”, cuenta Sofía Galego, la médico a cargo de la atención en Colofe y una de las 40 profesionales que AMI mantiene como ayuda humanitaria en Haití.

El “ambiente” es más divertido en la escuelita dentro del campamento. Ahí los niños con su sabiduría y sus colores se imponen.

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  • “En medio de la emergencia, muchos se preocupan por la comida, por los asuntos materiales, pero no del sistema de seguridad para las mujeres y la niñez, que también es fundamental. La violencia se convierte en un problema sistémico”, alertó por su parte Marecela Suazo, representante regional del UNFPA, luego de la presentación del Informe sobre el Estado de la Población Mundial 2010, que este año aborda el tema de los conflictos y crisis hacia la renovación.
La situación ha llegado a ser tan conflictiva dentro de los campamentos, que UNFPA detectó la necesidad de instalar lámparas solares en los baños y servicios higiénicos de esos sitios, puntos donde más se reportaban agresiones en contra de las mujeres y niñas.

“Ya hemos instalado lámparas solares en 75 campamentos (un promedio de tres en cada campo de refugio), y se instalan en sitios estratégicos que permitan visibilidad y así evitar las agresiones”, indicó por su parte Igor Bosc, representante del UNFPA en Haití, quien además indicó que esa entidad de las Naciones Unidas continuará con la instalación de más lámparas en otros campamentos.

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El terremoto de Haití de 2010 fue registrado el 12 de enero, con epicentro a 15 kilómetros de Puerto Príncipe, la capital de Haití. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, el sismo habría tenido una magnitud de 7.0 grados y se habría generado a una profundidad de 10 kilómetros. Este sismo ha sido el más fuerte registrado en la zona desde 1770. “El sismo fue perceptible en países cercanos como Cuba, Jamaica y República Dominicana, donde provocó temor y evacuaciones preventivas”, según la enciclopedia Wikipedia.

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“¿Qué hace tanta gente aquí?”, pregunta Ángela, una de las niñas que cursa el preescolar en la escuelita dentro de Colofe, al ver llegar a una delegación de periodistas y representantes de las Naciones Unidas a su aula dentro del campamento.

Sólo en preescolar hay 20 estudiantes, pero “hay más niños que quieren entrar a clases, y no vienen porque no tienen ni ropa qué ponerse. Nosotros (docentes y primeros estudiantes) pasamos trabajando tres meses de manera voluntaria hasta que recibimos la ayuda de Fe y Alegría, con materiales para las clases y con el local”, cuenta la profesora Natasha Honore.

Con siete años de experiencia en el magisterio, Honore asegura que en Haití “hay tanto que hacer”, porque los padres de familia no pueden costear ni los gastos educativos de sus hijos, y eso limita el desarrollo del mismo país.

AYUDA INTERNACIONAL EN RETIRADA

A pesar de las necesidades, la ayuda internacional en Haití va en picada.

Cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lanzó la voz de ayuda, el Gobierno no había terminado ni siquiera de evaluar sus pérdidas como institución y mucho menos de determinar la magnitud real de los daños que ocasionó el terremoto del 12 de enero.

Sin embargo, el apoyo de las mismas agencias de las Naciones Unidas, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial (BM) y una colaboración del Gobierno permitieron hacer un llamado público de solicitud de ayuda por un monto de al menos mil millones de dólares.

Una pequeña pulpería,  cerca de un campamento, es la fuente de trabajo de una familia. LA PRENSA/A. PÉREZ

A raíz de la voz de alarma muchos fueron los gobiernos que, por política o sólo por buena voluntad, prometieron aportar el “granito de arena” para la causa de Haití.

Venezuela y Estados Unidos fueron los que más prometieron y los que menos han desembolsado, señala Igor Bosc, representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA) en Haití.

Después de las promesas públicas, menos del diez por ciento de la ayuda necesaria ha entrado al país. Lo peor es que esa ayuda ha sido destinada básicamente a la remoción de escombros, confirmó Bosc.

“La cifra para los proyectos solicitados por el Fondo de Reconstrucción de Haití andaba por los mil millones de dólares, pero de esa ayuda ha llegado cerca de 110 millones (de dólares), que en su mayor parte se han utilizado para despejar los escombros”, dijo.

Con la escasez de recursos, ni siquiera ha sido posible construir un programa integral de planificación familiar, algo que desde ya el ministro de Salud Pública y Población delega en el próximo Gobierno que resulte electo en el proceso de noviembre venidero.

Actualmente la población de Haití alcanza los 8.5 millones de habitantes. Toda esa masa poblacional asentada sobre fallas sísmicas dispersas en los 29 mil 500 kilómetros cuadrados del país, que junto a República Dominicana forman parte de la isla La Española, que está en medio del recorrido de huracanes que se forman en el océano Atlántico y el mar Caribe.

NO CREEN EN MILAGROS

“Hay muchas ONG (organizaciones no gubernamentales) que son buenas y hay muchas que son malas. Muchos (cooperantes) llegan a este país y se comportan como si fueran tiempos de la conquista y el Ministerio de Salud y el Gobierno no lo aceptan”, indicó el titular de Salud Pública y Población, Alex Larsen, al ser cuestionado por la prensa sobre la relación entre el Gobierno y los organismos que han llegado al país para atender la emergencia.

“Quieren ayudarnos, pues entonces sí, pero con respeto”, sentenció.

El funcionario gubernamental, aun con la ayuda, no ve una salida pronta de la crisis.

“No creo en los milagros”, dice luego de recordar que son más de 250 mil viviendas las destruidas con el terremoto de enero pasado.

Setil Deania, 62 años, tampoco cree en milagros, pero no se conforma. La noche anterior llovió y su carpa en el campamento Colofe está totalmente inundada.

El cólera se ha sumado a las recientes enfermedades  que azotan a los haitianos, miles de los cuales viven en casas de campaña de plástico y tela. LA PRENSA/AFP/T. BELIZAD

“La lluvia era tan fuerte que me fui donde los vecinos (la carpa cercana) para estar mientras pasaba la lluvia, pero aquí toda el agua se metió, por eso hoy estoy escurriendo”, contó Deania, en cuya carpa viven nueve personas.

Después de una hora de trabajo, la señora continuaba escurriendo el trapo con el que limpiaba la carpa.

“Es que no podemos vivir ni cuatro personas aquí. El agua se filtra totalmente. ¿Cómo podemos vivir mi esposa, mis dos hijos y yo en este lugar?”, se pregunta por su parte Olive Franzir, de 53 años.

En la antigua Plaza Haití, en las cercanías del ahora desbaratado Palacio Presidencial, otro campamento se ha apoderado del espacio público.

Este es mucho más grande que Colofe, y la cantidad de letrinas y baños en plena vía es mucho mayor.

Ahí el acceso al agua es mucho más escaso, según cuentan los que en esa zona se mantienen. Precisamente la escasez del vital líquido y las condiciones infrahumanas es una de las principales causas que ahora mantienen en “jaque” a Haití, con más de 280 muertes por el Cólera, el nuevo azote de los haitianos.

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