Carlos Mamani, el único boliviano entre los mineros, vive en un barrio marginal de Copiacó, donde falta el agua y predomina la pobreza. LA PRENSA/AP/MARTÍN MEJÍA

Afamados mineros vuelven a sus barrios marginales

Los mayoría de los 33 mineros chilenos rescatados del fondo de una mina regresaron a sus humildes barrios cargados con una fama que no buscaron y millonarias ofertas para que relaten su historia, pero lo que en verdad les pesa ahora es la realidad y el acoso periodístico.

COPIAPÓ, Chile / AP.- Los mayoría de los 33 mineros chilenos rescatados del fondo de una mina regresaron a sus humildes barrios cargados con una fama que no buscaron y millonarias ofertas para que relaten su historia, pero lo que en verdad les pesa ahora es la realidad y el acoso periodístico.

En una improvisada rueda de prensa en el centro de salud donde la mayoría de los mineros acudió a realizarse exámenes médicos, actuó como vocero del grupo Juan Illanes, un ex soldado, y pidió a la prensa local y extranjera respeto por la privacidad de sus vidas.

Del acoso, dijo que a algunos mineros les ha molestado que se revelen detalles de su intimidad, como fue el caso del que tenía dos mujeres esperando su salida y otro que desató la ira de una hermana porque dejó plantada a su familia que lo esperaba para agasajarlo y fue a lanzarle piedras a la casa de su compañera, con quien había decidido ir.

De vuelta a casa, varios de ellos deben confrontar las limitaciones de una vida humilde, en barrios marginales en donde los servicios escasean y, algo tan básico como tener agua, representa para algunos un reto.

DESEMPLEADOS

Otra condición ineludible que encaran es el desempleo, en virtud de que la mina San José, en donde permanecieron sepultados desde el derrumbe del 5 de agosto, está prácticamente inoperable y enfrenta un proceso judicial en el que a fin de mes un interventor decidirá si puede reactivarse o es declarada en quiebra.

Esta última opción es la más probable, porque la mina está colapsada y sus siete kilómetros de túneles están tapados por un bloque de rocas de unas 700,000 toneladas, según los expertos que trabajaron en el rescate.

El Gobierno dijo que estará atento a las necesidades de los trabajadores, pero ni esa promesa ni la fama de la que aún gozan modifican el panorama que los rodea, ahora que fueron dados de alta después de la odisea que les duró 69 días.

BOLIVIANO VIVE EN CERRO

Carlos Mamani, el único boliviano entre los mineros y a quien el presidente de su país, Evo Morales, le ofreció un empleo en su gobierno, vive en Padre Negro, en el cerro más distante del barrio Juan Pablo II, desde donde por las noches se ve el centro de Copiapó iluminado por las centelleantes lámparas.

Sin embargo, la vista panorámica que muchos podrían codiciar, para los pobladores de las 38 viviendas del lugar a veces se torna en suplicio, pues deben caminar varias cuadras para llegar hasta dos llaves para abastecerse de agua, que luego deben cargar cuesta arriba para llevar a casa.

La calle donde vive Mamani está sin pavimentar y su casa, la número 28, es pequeña, fue construida con madera y pintada de verde. Se desconoce si aceptará la propuesta que Morales le formuló y volverá a Bolivia.

En el mismo barrio, pero en sectores más cercanos al centro de Copiapó, ciudad a 800 kilómetros al norte de Santiago, viven Yonni Barrios y Claudio Yáñez, en un sector donde hay viejas zapatillas colgando los cables de electricidad. Vadillo dice que el calzado colgado marca “territorios” de grupos que rivalizan por su control.

En otra área periférica, cerca de una abandonada ruta ferroviaria está Tiltil Bajo, donde la mayoría de casas son de madera y láminas. En la calle Corona del Inca de ese vecindario viven Pedro Cortez y Carlos Bugueño, otros dos de los rescatados.

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La casa de Bugueño es pequeña para las 17 personas que la habitan, entre sobrinos, hermanos y cuñadas.

Ninguna de las dos viviendas tiene alcantarillado y los vecinos, varios desempleados, no tuvieron dinero para adornar la calle de los mineros famosos, así que improvisaron con bolsas plásticas blancas que colgaron en unas 20 hileras, a modo de guirnaldas.

La mayoría de casas del barrio Ampliación Prat, donde vive el minero Alex Vega, son de madera. Ana Salazar, madre de Vega, dijo a la AP que en la zona “todos somos pobres y con muchas necesidades, pero nos gusta trabajar”.

La situación de Luis Urzúa, el topógrafo que fungía como jefe de turno al momento del colapso dentro de la mina, es un poco más cómoda, pues su vivienda de dos pisos está construida con concreto y la rodea un pequeño muro con rejas altas y firmes.

Algunos están preocupados de qué harán en el futuro, ya que por ahora están cesantes, aunque cuentan con al menos unos 12 mil o 13 mil dólares entre el dinero donado por un empresario minero y otro poco reunido en una cuenta bancaria.

En cuanto a oportunidades, no tienen mucho de donde escoger. En Copiapó la minería es la principal actividad económica, junto con los viñedos, una actividad que requiere cierto nivel de especialización distinta a los conocimientos adquiridos en las minas.

PACTO DE SILENCIO

Quizás su porvenir dependa de un as bajo la manga:

El pacto que entre los 33 hicieron de no entregar detalles de su historia y escuchar ofertas para participar todos juntos en la redacción de un libro, o quizás una película, de la que puedan repartirse las ganancias, como lo comentó Illanes.

“La idea es tener una primicia para agregar a lo que se pretende hacer” un libro, dijo.

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