Luis Sánchez Sancho

Regreso del infierno

Los 33 mineros chilenos que fue ron rescatados el miércoles de esta semana, después de dos meses de permanecer atrapados en las profundidades de la tierra, 700 metros debajo de la superficie, de manera figurada y real se puede decir que regresaron del infierno.

Para los antiguos griegos y para casi todos los pueblos y creencias del mundo, el lugar a donde iban y van los muertos, o el infierno —ya sea que a éste lo consideraran como lugar de castigo eterno o simplemente como destino de las personas al terminar su vida—, se encontraba en las profundidades de la tierra.

Pero hay casos de personajes legendarios que bajaron a las profundidades de la tierra, o sea al infierno, y, como los mineros chilenos, regresaron a la superficie que es el mundo de los vivos. Heracles (Hércules), Odiseo (Ulises) y Orfeo, son los seres míticos más conocidos de los que bajaron al infierno y pudieron volver a la parte superficial de la tierra. Pero el caso más emocionante es el de Orfeo.

Orfeo era un héroe, o sea hijo de un ser divino y de una persona mortal. Su padre fue Eagro, rey de Tracia, y su madre, Calíope, “la de la bella voz”, Musa de la elocuencia y la poesía épica. Apolo le regaló a Orfeo una lira y las musas le enseñaron a tocarla de manera tan maravillosa, que con su música no sólo seducía a las personas que la escuchaban sino que hasta animaba a las piedras y amansaba a las fieras más terribles.

Orfeo acompañó a los argonautas en su viaje a la Cólquide (ahora el Cáucaso), en busca del vellocino o mechón de oro. Cuando regresó a Tracia, Orfeo se casó con Eurídice, una bella ninfa auloníade, como se les llamaba a los seres femeninos divinos que vivían en los pastos de las montañas y los valles, las cuales eran como damas de compañía de Pan, el dios de los pastores y los rebaños.

No mucho tiempo después de casarse con Orfeo, Eurídice murió al ser mordida por una serpiente venenosa, mientras huía de Aristeo, un hijo de Apolo que la perseguía por el bosque con la intención de violarla. Pero Orfeo no se resignó a la muerte de su amada y bajó al infierno, en las profundidades de la tierra, para tratar de rescatarla.

Con su música maravillosa Orfeo neutralizó al monstruoso can Cerbero, que guardaba las puertas del infierno. Luego sedujo a Hades, el dios del mundo de los muertos, y lo convenció de que le devolviera a Eurídice.

Hades consintió en que Eurídice volviera con Orfeo a la superficie de la tierra, es decir, a la vida, con la condición de que durante el viaje de regreso él no mirara hacia atrás, so pena de perderla para siempre. Orfeo y Eurídice emprendieron el viaje de regreso a la superficie de la tierra por un escabroso sendero, en la absoluta oscuridad. Orfeo se alumbraba con la luz de su inteligencia mientras Eurídice lo seguía, orientándose por la música que aquél iba ejecutando.

Cuando Orfeo vio, a lo lejos, la suave luz de la superficie, no resistió el deseo de ver el rostro de su amada (o tal vez pensó que estando ya a esa altura no violaría el compromiso con Hades) y miró hacia atrás. Entonces la figura de Eurídice se desvaneció y desapareció envuelta en un estremecedor doble lamento, fundido en uno solo: el de ella, que volvía a la muerte; y el de él, que perdía a su adorada Eurídice para siempre.

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