El diputado Enrique Quiñónez Tuckler, actual aliado del Poder Ejecutivo desde la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), se sumó supuestamente a las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) después de una reunión secreta, de la que saldría convertido en empresario gracias a los hermanos Daniel y Humberto Ortega Saavedra, reveló un testigo.
Sucedió en agosto de 1996, cuatro meses antes de la contienda electoral que ganó finalmente el ex mandatario liberal Arnoldo Alemán Lacayo.
Según el entonces secretario de Relaciones Internacionales de la Resistencia Nicaragüense, Juan Carlos Martínez Urbina, quien renunció un año después a su cargo, fue así como Quiñónez, un furibundo y feroz crítico del sandinismo en sus discursos, se convirtió en un “topo de la inteligencia de ese partido”.
Quiñónez era entonces el candidato a la Presidencia de la República, por el Partido de la Resistencia Nicaragüense (PRN) y su segundo era el ahora ex magistrado judicial Noel Rivera.
La reunión se celebró en una casa de tres pisos, que antes de la caída de Anastasio Somoza perteneció al arquitecto José Francisco Cardenal Terán y luego se convirtió en una vivienda de Seguridad del entonces Ejército Popular Sandinista (EPS), ubicada en residencial Altos de Santo Domingo, relata Martínez.
Esa mansión era ocupada por el ex embajador de Costa Rica en Nicaragua, Carlos Aguilar Calderón, primo hermano del ex presidente costarricense Rafael Ángel Calderón Fournier, ligado supuestamente a los Ortega.
“El embajador miraba los negocios privados de Humberto Ortega en ese tiempo”, puntualiza Martínez en su relato.
Es la primera vez que el ex secretario del PRN ofrece su versión sobre esta historia, y decidió hacerlo después de escuchar que Quiñónez llamó “boberías” a las revelaciones que hizo en el mismo sentido otro directivo del PRN, que lo acusó de financiarse la campaña presidencial gracias a su alianza con el FSLN.
De acuerdo con Martínez, Quiñónez se convirtió en un “agente dormido del FSLN”, es decir alguien que está allí para ser usado a conveniencia.
LA SEGURIDAD DE ORTEGA
El encuentro estaba previsto a las cuatro de la tarde. La sesión empezó hora y media después. La vivienda fue revisada antes por agentes de confianza del general Ortega, entre ellos el capitán Johnson Lainez, uno de sus más cercanos oficiales que pidió permiso para hacer su trabajo porque llegaría “alguien importante”.
Los movieron entonces del primer piso al segundo y finalmente los llevarían al tercero. Daniel Ortega, entonces candidato presidencial, entró veinte minutos después de la hora prevista.
Martínez dice que la plática inició con una pregunta del general Ortega: “¿Cómo llegaste a ser líder de la Resistencia?”.
“Porque soy un viejo combatiente”, respondió Quiñónez.
Los asistentes fueron: Roberto Arana Báez, el general Ortega y su hermano Daniel, Quiñónez y dos de sus parientes (su hermano Carlos Quiñónez Tuckler y su tío René Quiñónez, antiguo secretario privado de Luis Somoza Debayle), Martínez y el ex embajador costarricense Carlos Aguilar Calderón.
La segunda parte de la reunión fue en el primer piso, en una oficina privada e inició a las siete de la noche.
En ese despacho sólo estuvieron los hermanos Ortega, Quiñónez, el diplomático y Juan Carlos Martínez.
LA “RECONCILIACIÓN”
“La reunión duró en el primer piso 45 minutos. De allí salió Nicabus (empresa de transporte). Los Ortega convirtieron a Quiñónez en empresario. Él vino a Nicaragua con una mano adelante y otra atrás. La propuesta que le hicieron fue que fueran unidos en la campaña electoral de la época (1996). La primera etapa era sacar un anuncio televisivo”, recuerda el testigo.
El spot debería transmitir un mensaje de reconciliación con el FSLN. Ortega, vestido de blanco, saldría con su pañoleta rojinegra, con una gorra con las iniciales de su partido y caminaría hasta la casa del Partido de la Resistencia, donde Quiñónez (también con la pañoleta del color de su partido, vestido de blanco impoluto) lo encontraría. Al final se estrecharían las manos.
“Enrique (Quiñónez) aceptó primero la propuesta. Cuando él acepta, Humberto Ortega le dice: Hay siempre compensación económica para los acuerdos. Compensación financiera. Enrique le preguntó que cuál era su compensación financiera. Ortega le preguntó que cuál era su sueño. Enrique le dijo que tener una línea de buses que hiciera viajes hasta Guatemala y que pase a Honduras, El Salvador y Panamá, y le dijo que tenía planeado ponerle Nicabus”, sostiene el informante.
Finalmente, Quiñónez incumplió el trato con el spot televisivo, pero se habría quedado al servicio del FSLN.
Consultado anoche, Quiñónez calificó de “babosada” la historia de su ex correligionario y dijo que era una campaña contra él. “Es su palabra contra la mía”, se defendió.
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