“En Nicaragua lo insólito se ha vuelto cotidiano”, así resume un editorial de La Nación de Costa Rica las constantes violaciones a la Constitución de parte del presidente Daniel Ortega, en su afán reeleccionista.
“La Constitución y las leyes son en extremo maleables y se acomodan siempre a los resultados pretendidos por Ortega. El círculo está cerrado y lo que el Ejecutivo desea, el Judicial lo refrenda y el Electoral lo acoge con entusiasmo”, precisa el editorialista.
Para luego añadir que “el Congreso (Asamblea Nacional), paralizado por las luchas internas, es un simple espectador, para beneficio del partido gobernante, salvo un descuido de los grupos opositores, como sucedió el martes (cuando se aprobó la publicación de la nueva versión de la Carta Magna). Entonces sí actúa en refrendo de los deseos del Presidente”.
De acuerdo con el editorial de La Nación, el principal problema es que “los líderes autoritarios” obtienen una victoria electoral para buscar posteriormente como no desprenderse la banda presidencial.
“La institucionalidad, en suma, está doblegada y los principios básicos del gobierno democrático no operan, en especial la división de poderes. Sólo así se explican las virtudes reformadoras de un simple decreto presidencial, cuya jerarquía entre las normas jurídicas es la más baja. Absurdo como es el planteamiento, responde a un patrón en boga en varios países del Continente”.
Señala que el presidente Ortega tiene todo a su favor para ganar los comicios del 2011, al contar con el apoyo de un Poder Electoral cuestionado por el fraude de las elecciones municipales en el 2008 y un Poder Judicial conformado a la medida de las pretensiones del mandatario nicaragüense.
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