Una sombra de lo que fue aquel fornido Vicente López, se encuentra postrado en su casa de habitación en la comarca de Quebrada Seca, municipio de San Isidro, Matagalpa.
“Cierre los ojos si desea hablar”, le dice Juana López, hermana de Vicente para saber si su respuesta es positiva.
Vicente cierra los ojos dos veces, es la señal que está cansado. La fiebre lo tiene bajo de energías, sólo sostiene mi mano y aprieta con las pocas fuerzas que le quedan. Entiendo.
- Las estadísticas de Vicente López hablan de un jugador brillante en la receptoría y en el cajón de bateo.
Su porcentaje máximo lo consiguió en el Campeonato Nacional de 1978, en el que terminó con un average de .437, aunque su récord fue batido por el .439 de Nemesio Porras.
El 4 de abril de 2005 fue ingresado al Salón de la Fama del Deporte Nicaragüense.
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Sus hermanos e hijos se encuentran alrededor de él, mientras el sacerdote de San Isidro invita a una oración para darle fuerzas y tranquilidad.
“No sabemos cuánto tiempo más puede durar, es muy duro ver a mi padre así, enfermo. Sólo esperamos el momento de su partida, no hay más nada que hacer”, expresa abatida Isabel López, la hija mayor de Vicente.
“Traé el agua , pero le echás un poco de hielo, por la fiebre”, ordena su esposa Gregoria, quien no se ha apartado en ningún momento del compañero de toda su vida.
Vicente señala que lave sus manos y parte de sus brazos. El cáncer lo ha deteriorado, pero sus manos son las mismas robustas, de aquel excelente receptor y gran exponente en el cajón del bateo.
Sus manos están frías, su mirada ya no posee ese brillo, lo agobia la tristeza, esa cruel enfermedad que le grita una realidad triste y lo aleja de sus seres queridos.
Extiende sus piernas en la cama, mira hacia el horizonte, como perdido, pone su mano en el rostro, para ocultarse las lágrimas.
“Recuerdo que mi padre decía que estaba muy agradecido con la gente que lo llegaba a ver cuando estaba en el hospital en Managua. Se sentía bien, ver que tenía muchos amigos que estaban pendientes, y hoy soy yo la que agradezco todo el apoyo moral que le han dado a mi papá”, dijo Isabel.
A pesar que las esperanzas de vida se extinguen con cada minuto que pasa, y que en los próximos días puede partir, Vicente aún se resiste a decir su último adiós.
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