BOGOTÁ/AFP/EFE
La muerte de Víctor Julio Suárez, alias Jorge Briceño “Mono Jojoy¨, el número dos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y su jefe militar, es el golpe más duro sufrido por esta guerrilla colombiana en su historia de casi medio siglo, por lo que corre el riesgo de desintegrarse y podría decidirse al diálogo, manifestaron ayer analistas.
“Es sin lugar a duda el golpe más duro, por encima de (las muertes en 2008 de los jefes guerrilleros Raúl) Reyes e Iván (Ríos) juntos”, consideró Ariel Ávila, de la Corporación Nuevo Arcoiris, que estudia el conflicto armado en Colombia. “Él era un mito. Realmente se puede decir que es un golpe devastador. Su muerte puede significar la desestructuración de la guerrilla. Es un golpe a la moral de las tropas, porque era muy querido, y es también un golpe militar y económico, porque el Bloque Oriental que dirigía, era el que tenía más plata” y también el más numeroso, agregó Ávila.
- El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, prometió ayer seguir con la lucha contra las FARC hasta que ese grupo se desmovilice y entregue las armas, en una alocución desde Nueva York en la que celebró la muerte del jefe militar de esa guerrilla, alias Mono Jojoy.
Personalmente seguiré al frente de la ejecución de la estrategia que nos permita consolidar la seguridad de todos los colombianos.
¡Vamos por ustedes, no ahorraremos esfuerzo alguno y ustedes saben que nosotros sabemos cumplir!, exclamó Santos en un eufórico discurso emitido a la nación colombiana y grabado con anterioridad en Nueva York, donde asiste a la Asamblea General de la ONU.
Volvió a decir que Víctor Julio Suárez, alias Jorge Briceño Suárez o Mono Jojoy, era el símbolo del terror en Colombia, era el símbolo de la sevicia, de la crueldad, de la inhumanidad de una organización que por casi medio siglo ha jugado con la vida y la libertad de los colombianos.
El gobernante dijo que el mundo recuerda con horror las imágenes escalofriantes en las que el cabecilla terrorista humillaba a sus indefensos secuestrados recluidos en atroces campos de concentración.
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Briceño, de 57 años, y una veintena de guerrilleros de su cordón de seguridad, murieron este miércoles en la “Operación Sodoma“, un operativo conjunto de todas las fuerzas de seguridad del Estado contra el “corazón estratégico” de las FARC, un gigantesco campamento en la serranía de La Macarena (sur del departamento del Meta), en el centro de Colombia. En la zona había entre 600 y 1,000 guerrilleros, según el Ministerio de la Defensa.
Por su parte, el director de la Fundación Seguridad y Democracia, Alfredo Rangel, señaló que la muerte de “Mono Jojoy” “deja huérfanas” a las FARC en capacidad de lucha y estratégica. A juicio del experto, a las FARC les va a ser difícil reponerse de esta pérdida, al igual que “nunca pudieron recuperarse en el plano político” de la muerte de “Raúl Reyes”, portavoz internacional, abatido en 2008.
Reyes, quien era el número dos de las FARC, detrás de su fundador Manuel Marulanda, resultó muerto en el bombardeo a su campamento del lado ecuatoriano de la frontera con Colombia, el 1 de marzo de 2008. Días más tarde, falleció el legendario Marulanda, de 80 años, de un ataque cardíaco, y otro miembro del secretariado, Iván Ríos, fue asesinado por su escolta.
Tras esas muertes, las FARC atravesaron uno de sus peores períodos, perdiendo parcialmente su estructura y capacidad de ataque, según los expertos.
Para el politólogo Fernando Giraldo, la muerte del “Mono Jojoy” será muy difícil de asimilar para las FARC “porque esa guerrilla perdió mucho en los años recientes su rumbo político, y hoy en día está reducida más bien a una estructura militar”. Según el Ministerio de Defensa contaría con unos 8,000 guerrilleros.
“Briceño era muy radical y muy ortodoxo”, por ello “si el Gobierno (del presidente Juan Manuel Santos) sabe aprovechar la ocasión, se podría facilitar un diálogo para una paz negociada”, dijo Giraldo, quien opinó que aunque la guerrilla no dejará las armas, sí podría liberar a 20 policías y militares que mantiene cautivos, como exige el Gobierno.
La muerte de Briceño “debe favorecer al sector de Alfonso Cano —un ideólogo con mayor flexibilidad política— y eventualmente un acercamiento con el Gobierno”, explicó Giraldo, al recordar que tras la muerte de Marulanda Cano y Briceño se disputaron la jefatura de las FARC.
Alejo Vargas, doctor en Ciencias Políticas y profesor de la Universidad Nacional de Bogotá, consideró que la caída de “Mono Jojoy” “afectará a la moral de la tropa” guerrillera y puede “desestimular” a los combatientes rasos y a “mandos medios”.
Según Vargas, el mando de las FARC, incluido su jefe máximo, Guillermo León Sáenz (“Alfonso Cano”), “va a tener que valorar cada vez más que todos ellos van a ser posibles objetivos militares”.
PIDE DIÁLOGO
La senadora liberal Piedad Córdoba, quien ha mediado en los últimos tres años para la liberación de 14 secuestrados de las FARC, pidió ayer al Gobierno y a las FARC que entablen un diálogo “para que se definan mutuamente las acciones a seguir: la entrega de los cautivos, acuerdos de derecho humanitario y el diálogo sobre temas políticos”.
El diálogo fue propuesto por Cano el 30 de julio, una semana antes de la toma de posesión de Santos. Aunque dijo que la puerta al diálogo “no está cerrada”, Santos aseveró en su investidura el 7 de agosto que para iniciar conversaciones las FARC deben abandonar las acciones violentas, liberar a los secuestrados que mantienen cautivos y cesar el reclutamiento de menores de edad.
Con la muerte del “Mono Jojoy”, “Santos se fortalece ante la opinión pública, porque con los ataques recientes se comenzó a pensar que las FARC se estaban recuperando”, apuntó Giraldo.
Operaciones como “Sodoma” son un “arma letal, por la combinación de inteligencia técnica y humana con bombardeos de precisión”, comentó Vargas.
“Se puede llegar a una posibilidad de negociación política realista”, reiteró Vargas al destacar que la zona donde fue abatido el “Mono Jojoy” es una región por donde históricamente se han movido con relativa facilidad las FARC, lo que implica que la fuerza pública tiene más capacidad de “golpear a las retaguardias” guerrilleras.
Aunque su capacidad de hacer daño “está muy disminuida”, las FARC podrían intentar en el corto plazo “responder a este golpe realizando acciones terroristas de tipo urbano para generar impacto en la opinión pública”, advirtió Rangel.
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