Carlo Desouza ha vivido toda su vida en Laguna de Perlas, Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS) y ver atracado un barco le resulta de lo más cotidiano. Sin embargo, realizarse una intervención quirúrgica a bordo de uno fue realmente una nueva experiencia.
El pasado domingo Desouza llegó a bordo de un helicóptero al USS Iwo Jima, un buque militar de bandera estadounidense que se encuentra anclado frente a las costas de Bluefields para brindar atención médica a los pobladores de la zona, como parte de la misión humanitaria Promesa Continua 2010.
Pero tal y como lo explicó el capitán Michael Hopkins, jefe de la misión médica, la mayoría de las más de 400 atenciones diarias se están brindando en tierra firme y sólo los pacientes que necesitan de cirugía son trasladados al barco en uno de los seis helicópteros destinados para tal fin.
- El USS Iwo Jima tiene una altura de cerca de un edificio de diez pisos. Cuenta con seis aeronaves destinadas al traslado de pacientes, salvamento y avituallamiento.
Cuando un miembro de la tripulación, un paciente o un visitante camina por cualquiera de los estrechos pasillos del barco, revive las escenas de ese combate ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, a través de una colección de fotografías que retratan las labores de rescate y la atención a los soldado.
En estos momentos el barco alberga una tripulación de 1,600 personas. Sólo 200 están destinadas a atenciones médicas, el resto son ingenieros o personal que hacen que el barco funcione. A bordo se pude encontrar desde un cocinero, hasta un barbero.
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Desde hace cuatro años, Desouza había sido aquejado por una hernia. Sin embargo fue hasta la semana pasada que se dirigió a la Escuela Morava para ser evaluado por el cuerpo médico y luego ser remitido al barco para que le practicaran la operación.
Ya pasaron casi cinco horas después de la operación y Desouza reposa sobre las impecables sábanas blancas en una de las camas ubicadas en la sala de recuperación, con la única compañía de Alberto Rojas, su amigo de 35 años al que ahora considera su hermano.
“Yo fui más que beneficiado. El trato es excelente, no hay ninguna excusa ni nada de qué quejarnos”, señaló.
AGRADECIDA
Aunque en la sala de recuperación no entra la luz del sol con tanta intensidad, Karen Lawood no se quita las gafas oscuras que está usando desde el domingo.
Sentada en su cama espera que lleguen las tres de la tarde, sea dada de alta y pueda llegar nuevamente a su casa en tierra firme, a bordo del helicóptero que la llevó al barco, donde recuperó la calidad de su visión luego de ser operada de cataratas en su ojo izquierdo.
Lawood es muy creyente y puso su operación en las manos de Dios, por tal razón asegura que no tuvo miedo de la intervención y mucho menos de su primer viaje en helicóptero.
Quien sí sintió un poco de miedo fue Antonio Fajardo. Además del temor natural previo a una operación, subirse por primera vez a un helicóptero y llegar a un buque, tampoco dejó de preocuparlo. Sin embargo ahora puede respirar tranquilo, pues no tuvo que pagar ni un centavo para sentir que recuperó la salud, un beneficio que en Bluefields hubiera sido muy difícil de conseguir.
“Éstas cosas son sólo con reales (dinero), por eso esto fue de gran ayuda y los médicos me trataron bien, fueron muy amables”, dice Fajardo.
PRINCIPALES AFECCIONES
El capitán Michael Hopkins aseguró que la mayor parte de demandas son operaciones de hernias y cataratas, pero también están en la capacidad de operar algunas lesiones de la piel, quistes sebáceos y otras intervenciones leves, que no requieran más de un día de hospitalización.
En cuanto a la atención general que están brindando en tierra firme y que abarca a la mayor parte de pacientes beneficiados, Hopkins señala que además de pediatría se ofrecen atenciones dermatológicas, medicina preventiva y educación en salud materna.
La consulta general se ve abarrotada principalmente de personas con dolores de espalda y artritis, problemas en la piel y algunos problemas respiratorios propios de la época.
INFRAESTRUCTURA
Además de las atenciones médicas, durante los diez días que dure la misión, un grupo de ingenieros que arribaron con el buque está rehabilitando la Iglesia morava de Bluefields y una cancha de baloncesto y además está construyendo un campo de beisbol.
“Miles y miles de nicaragüenses van a beneficiarse de las atenciones médicas. Entonces ésta es una muestra de lo que podemos hacer con respeto mutuo”, señaló el embajador de Estados Unidos en Nicaragua, Robert Callahan.
El embajador también anunció que se planea el arribo próximo de otro buque, que atracaría en un puerto de la costa del Pacífico de Nicaragua.
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