La democracia, cuyo día internacional se celebró ayer 15 de septiembre, sigue viviendo tiempos difíciles en Latinoamérica.
La Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia dio a conocer a través de un comunicado que “la ocasión es propicia para tomar conciencia de las prácticas antidemocráticas que se gestan en muchos países”, aunque no se refirió a ninguno en específico.
La organización, que aglutina a más de 200 organizaciones de la sociedad civil en la región, llamó a los jóvenes, “como grupo social afectado en forma más inclemente por los abusos del sistema democrático”, a fortalecer y defender el sistema.
“No es posible hablar de Democracia donde se coartan las libertades, se desconocen los derechos humanos, se concentra el poder político y económico en manos de pocos; donde no se respeta realmente el sistema democrático, se desprecia la cohesión social; donde no se toman en serio los mecanismos de consulta y concertación, y se dificulta la participación ciudadana”, advirtió la organización.
La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas resolvió, en el año 2007, declarar el 15 de septiembre de cada año como el Día Internacional de la Democracia.
¿CÓMO ES UN PAÍS DONDE NO HAY DEMOCRACIA?
Para la Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia, tampoco se puede hablar de democracia en un país donde el “Gobierno no practica los preceptos democráticos, si no rechaza con firmeza la corrupción; si favorece el amiguismo, clientelismo político y nepotismo; si se burla de la separación constitucional de los poderes públicos; si abusa del poder para intimidar y perseguir, y hasta reprimir, a quienes se atrevan a pensar en forma diferente; si se opta por un populismo demagógico —de izquierda o de derecha— tras el disfraz de demócrata; si abusa de las contrataciones públicas en forma directa, sin mayor transparencia y procesos de selección de contratista; si se utiliza la fuerza militar o policial para amedrentar y socavar la libertad de expresión, reunión y de prensa; si no administra la cosa pública con la diligencia de un buen padre de familia”.
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