Indígenas matagalpas honran a sus ancestros a quienes la historia oficial no había reconocido. LA PRENSA/H. ESQUIVEL

Los héroes invisibles

De ellos, oficialmente, nadie había hablado. Sí del sargento Andrés Castro que derribó de una pedrada a un filibustero en la batalla que se libró en la hacienda San Jacinto la mañana del 14 de septiembre de 1856. También del coronel José Dolores Estrada, el hombre de 60 años que dirigió a los 160 patriotas, los que con armas menos sofisticadas enfrentaron a los 120 piratas de William Walker, quien se había autoproclamado presidente de Nicaragua un año antes.

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De ellos, oficialmente, nadie había hablado. Sí del sargento Andrés Castro que derribó de una pedrada a un filibustero en la batalla que se libró en la hacienda San Jacinto la mañana del 14 de septiembre de 1856. También del coronel José Dolores Estrada, el hombre de 60 años que dirigió a los 160 patriotas, los que con armas menos sofisticadas enfrentaron a los 120 piratas de William Walker, quien se había autoproclamado presidente de Nicaragua un año antes.

Pero lo que nunca se ha contado en las escuelas es que en la tropa de nacionales hubo una columna de 60 indígenas flecheros matagalpas, quienes participaron en la primera línea de combate en aquella batalla histórica de la guerra nacional que se extendió hasta 1857.

El ambiente era tenso en el país.

“Walker se había tomado toda Nicaragua, menos Matagalpa”, dice Eddy Kühl, historiador de Matagalpa que ha investigado la participación de los indígenas matagalpas en San Jacinto.

El filibustero que había impuesto el inglés como idioma nacional y que pretendía esclavizar a la población se había hecho a la fuerza de las ciudades más importantes del país: León, Granada, Managua y regiones aledañas.

Tan sólo dos días antes de la batalla, el 12 de septiembre, la dirigencia de los partidos nacional legitimistas y democráticos habían firmado un acuerdo de paz y se habían aliado para pelear contra los filibusteros que iban a adueñarse del país.

San Jacinto era una hacienda ganadera que estaba en los llanos de Tipitapa. Otras haciendas de los llanos eran San Roque, San Benito —como ahora se llama el pueblo que está sobre la carretera Panamericana— y San Francisco El Carnicero, donde ahora es el municipio de San Francisco Libre.

La hacienda pertenecía a Miguel Bolaños, antepasado del ex presidente Enrique Bolaños. Coinciden los historiadores que la ubicación de la hacienda fue estratégica en la batalla entre nacionales y filibusteros. Era una zona por donde iban a abastecerse de ganado los filibusteros ubicados en Granada, Masaya y Managua.

en la entrada de la hacienda  fueron sepultados los restos de tres de los 60 flecheros que participaron en la batalla de San Jacinto hace 154 años.
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Los nicaragüenses al mando del coronel Estrada, oriundo de Nandaime, habían llegado a San Jacinto el 9 de agosto, bajo la orden del coronel Fernando Chamorro, quien mandó a un centenar de hombres a la zona de Tipitapa para frenar el robo de ganado que perpetraban los filibusteros.

Sin embargo, no fue “hasta el 1 de septiembre, con la captura y fusilamiento de un prisionero yanqui, que tuvieron noticias sobre la preparación de las tropas filibusteras para el ataque a los nacionales en los llanos de Tipitapa. Entonces el coronel Estrada, junto con sus oficiales y tropas, decidió hacer frente a los filibusteros y organizar la defensa, tomando en cuenta las características del lugar, la cantidad de tropas, el armamento y las municiones que poseían”, escribió en LA PRENSA Francisco Barbosa, jefe del centro de historia militar del Ejército de Nicaragua.

Previendo que los filibusteros eran superiores en hombres y armas, Estrada pidió más hombres de refuerzos. El general Tomás Martínez, del ejército Septentrión (del norte), respondió con el envío de una división de 60 indígenas matagalpas que eran expertos en flechas.

No se sabe con exactitud cuáles fueron las condiciones por las cuales se movilizaron los indígenas hasta la hacienda San Jacinto. Kühl considera que fue el fervor patrio, que posiblemente se les planteó a los indígenas que Walker iba a esclavizarlos y despojarlos de sus tierras. Los matagalpas, que eran unas 12,000 personas en aquella época, estaban asentados en el sector de la cañada de Yucul, por donde ahora está San Ramón, municipio de Matagalpa. Allí vivían de la agricultura y hablaban en su lengua matagalpa, dice Kühl.

A PIE DURANTE TRES DÍAS

Desde esa zona habrían salido a pie los 60 flecheros. La resistencia de los indígenas, lo mismo que su destreza con el arco y la flecha, fue reconocida por los cronistas de Indias, según Kühl. De ellos se decían que eran capaces de desgranar una mazorca de maíz en el aire a punta de flechazos.

Los indios salieron caminando el 9 de septiembre y llegaron a la hacienda el 11. Después de dos largos días de camino, bajaron por el cerro que está al pie de la hacienda, que es el último de la meseta Estrada o Totumbla. Ahí donde termina las regiones Norte y Centro y comienza el Pacífico, explica el historiador.

Si llegaron el 11 habrían tenido dos días para descansar, porque el tercero, bastante temprano, comenzó la batalla contra los filibusteros.

Kühl, que también es ingeniero civil, dice que ha tomado medidas y hecho cálculos de la casa hacienda, y dice que ahí adentro era imposible que alcanzaran más de 80 hombres. Por eso cree que los indios seguramente fueron acomodados en los alrededores, fuera de la casa.

A la hora del combate, los indios —de los que no se sabe nombres— habrían estado en la primera línea del combate, aunque otros historiadores los sitúan en la retaguardia. Kühl se apoya en las recientes investigaciones arqueológicas que dieron con los restos de tres indígenas matagalpas.

En la entrada de la hacienda  fueron sepultados los restos de tres de los 60 flecheros que participaron en la batalla de San Jacinto hace 154 años.
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La batalla habría comenzado por el costado sur de la hacienda. Ahí había una barricada de piedras, detrás de la cual se situaron algunos flecheros, cuyas flechas tenían un alcance de 30 a 40 metros.

Se estima que unos 25 de estos hombres murieron en la refriega, aunque el parte oficial de Estrada habla de 28 nacionales caídos en combate. Sin embargo, se estima que los flecheros fueron omitidos por el coronel. En ese sentido, el historiador reconoce que hubo racismo y marginación con los matagalpas.

¿POR QUÉ FUERON OLVIDADOS?

Pese al silencio de Estrada respecto de los flecheros, años después el sargento Carlos Alegría dijo que la presencia de los flecheros “fue de gran fortuna para la jornada del 14”, la participación de ellos se borró del mapa.

También Patricio Centeno, el segundo al mando después de Estrada, habría reconocido que “de no haber sido por los flecheros” hubieran perdido la refriega contra los filibusteros, que a pesar de sus pistolas Colt y de sus rifles de largo alcance (1,500 metros, dice Kühl) emprendieron la retirada.

Clemente Guido, codirector del Instituto Nicaragüense de Cultura, ha resumido bien lo que ocurrió con los flecheros: “Ellos combatieron, murieron y fueron olvidados. Son los historiadores conservadores trasnochados los que dicen eso (de que no participaron en los combates de la hacienda San Jacinto) porque durante los 30 años del gobierno conservador se dio el levantamiento de los indios flecheros (en su contra) y a partir de entonces no se les volvió a mencionar”.

EL MAUSOLEO DE LOS FLECHEROS

En el 2008, a unos 700 metros en dirección suroeste de la hacienda, en un sector que ahora es propiedad privada, se encontró una fosa común, se excavó y se encontraron los restos de unas 20 personas. Las osamentas fueron analizadas por arqueólogos nacionales, incluso se hicieron pruebas en Perú, y se estableció que correspondían a los cadáveres de tres flecheros que habrían participado en San Jacinto.

El sábado recién pasado, los restos de esos tres héroes, de quienes se ignora el nombre, se enterraron en la entrada de la hacienda. Guido dijo que las excavaciones en la fosa común donde se hallaron estas osamentas continuarán más adelante.

Ese día, entre los asistentes estuvo Eliodoro Pérez, un indígena matagalpa de 60 años, originario de San Dionisio, uno de los seis municipios donde se asientan los 85,000 matagalpas.

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Pérez, un agricultor que nunca sale de su comunidad y llegó hasta segundo grado de primaria, la efeméride del 14 de septiembre siempre fue un día de respeto. “Así me enseñaron en la escuela”, dice este hombre que tiene puesto un salbeque entre las piernas. “Ahora le tengo más respeto”, dice este campesino que hasta el día que se hizo el homenaje a sus ancestros flecheros no había pisado nunca los predios de San Jacinto.

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