José María Chávez. LA PRENSA/S. MARTÍNEZ

Padre llora de impotencia por hijo secuestrado

Don José María Chávez, de 67 años, no tuvo más noticia de su hijo menor. Durante todo el día estuvo pensativo. La ansiada llamada de los secuestradores de su vástago no ocurrió.

CORRESPONSAL/ CHINANDEGA

Don José María Chávez, de 67 años, no tuvo más noticia de su hijo menor. Durante todo el día estuvo pensativo. La ansiada llamada de los secuestradores de su vástago no ocurrió.

Al mediodía de ayer estuvo en el cuarto que usaba su hijo. Levantó la cortina, el colchón y la cama de madera que permanece desnuda desde el mes de junio pasado, cuando éste decidió, con 150 dólares en la bolsa, arriesgarse a cruzar la frontera mexicana y llegar a los Estados Unidos.

El padre del joven supuestamente secuestrado por el grupo de narcos Los Zetas siempre se aferró al celular, aunque cualquier llamada le estremece. Ya son 12 días en zozobra.

“Mi esperanza es Dios, solo un milagro”, señaló don José María, a quien le resulta doloroso observar hacia la cama que dejó su hijo junto al ropero, un abanico antiguo enclavado en la pared y parte de ropa.

EN BUSCA DE TRABAJO

El afligido padre jamás logró conseguir ni un solo dólar de los cuatro mil que le exigieron el jueves los plagiarios de su hijo, “el cumiche”, como le llama.

“Es que hablar en dólares es duro, una señora se me presentó como vicealcaldesa y me dijo esta mañana vaya a conversar con Indalecio Pastora (el delegado de Gobernación)”, le comentó a su esposa al mediodía.

TEMOR A REPRESALIAS

Don José María Chávez dice que su hijo estuvo algunos días en Costa Rica, pero por falta de permiso no logró trabajar y regresó; días después se fue con rumbo norte, en su tercer intento por ir a Estados Unidos, en busca de nuevos horizontes para ayudarle a vivir un tiempo mejor. “Porque aquí no hay trabajo”, recalcó.

Ayer el señor lloró de impotencia porque los supuestos plagiarios expresan la propuesta de matar como si su hijo fuese “un animal”. “No seas así padre”, suplicó en varias ocasiones la semana pasada.

La madrastra llora de miedo ante una represalia, la que se ha extendido mediante una llamada a su hijo en los Estados Unidos.

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