Un aguacero más y la casa de Laura González, en el barrio Camilo Ortega, de Managua, puede quedar aislada.
Las lluvias de las dos últimas semanas, que han dejado centenares de damnificados, “mutilaron” la casa de González: una pared menos y una zanja que pasa a unos centímetros de la puerta de la vivienda que da a la calle.
Los aguaceros abrieron un cauce que nace en la terminal de buses de la ruta 107, que está detrás de la casa, y el río de agua se precipitó sobre una pared que divide a la casa de González del predio baldío.
- El patio de la casa de Víctor Cruz, en el barrio Cristo del Rosario, es una piscina de la que emergen como paraguas, las hojas de los plátanos que el anciano, jubilado de la Alcaldía de Managua, había plantado para cosechar y vender.
Cruz dice que entre los árboles habían cuatro casas que fueron tragadas por el agua. Los que vivían en ellas las desarmaron y salvaron algunas hojas de zinc, pero bajo el agua se perdieron algunos materiales y enseres, y sobre todo el terreno.
Por ahora la zona no es habitable. El agua del Lago Xolotlán está en todas partes. Antes el agua llegaba hasta allá donde se ve aquella punta, dice otro vecino, señalando un punto que se divisa a unos 100 metros.
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“El agua arrancó 50 metros de muro”, dice González. La piedra cantera reventó en pedazos que cayeron sobre dos carros que había en el garaje de González. Los daños por el agua no acabaron ahí. El río, que arrastró piedra, lodo y basura, partió la calle hasta hacer un cauce.
González dice que fue a la Alcaldía de Managua a solicitar apoyo, pero nada. Ella teme que con otros aguaceros se termine de socavar el terreno y el muro del frente de su casa también se vaya en la zanja. Sus vecinos dicen que en este invierno la calle es un río bravo.
En otro punto de la ciudad, en Villa Reconciliación, Ana María Palacios, vivandera del Mercado Roberto Huembes, teme que su casa se hunda durante algún aguacero.
“Mi casita está a la orilla de un sumidero y me da miedo que se vaya a hundir con el agua”, dice Palacios, de 34 años, madre de cuatro niños.

ENFERMEDADES TAMBIÉN
Palacios dice que para llegar a su casa debe caminar un par de cuadras, las que después de un aguacero se convierten en una piscina de lodo. “La más grande de mis chavalas anda con hongos en los pies”, explica y agrega que otro de sus hijos tiene tos.
Las consecuencias de las lluvias para los capitalinos dejan un rosario de problemas: desde una pared en el suelo, una calle rota, filtraciones por el techo, caminos cortados, inundaciones menores en las viviendas, hasta enfermedades como gripe, tos y calentura. También aumentan los casos de dengue, tras las nubes de zancudos que dejan los charcos.
María Membreño, del barrio 31 de Diciembre, tuvo calentura porque se mojó después de haber planchado. La garúa la agarró en el camino y luego fue la lluvia.
“Vine mojada un día de éstos”, dice la planchadora, que como medida preventiva ha acordado con sus empleadores salir un poco más temprano.
“Me vengo a las dos de la tarde”, dice y explica que el camino para entrar a su barrio es intransitable a pie, y aún los vehículos pueden ser arrastrados por el agua o quedarse varados en algún hueco.
“Por eso hicimos este muro, porque el agua se nos metía en toda la casa”, dice Membreño, para quien la lluvia no siempre es una bendición.
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