William Medina, después de ser apicultor, decidió dedicarse a la producción de piña. LA PRENSA/M. CALERO

Piden reparar caminos productivos

Adolfo Medina, conocido popularmente en el barrio Los Marqueses, localidad de San Marcos, como “don Fito”, es un señor ágil de 68 años dedicado a la agricultura. Su familia está integrada por siete miembros, quienes le ayudan a la siembra y cosecha de piña, pitahaya, plátano, maíz y café, en pequeñas cantidades.

Mabel Calero Gaitán/ CORRESPONSAL/ CARAZO.- Adolfo Medina, conocido popularmente en el barrio Los Marqueses, localidad de San Marcos, como “don Fito”, es un señor ágil de 68 años dedicado a la agricultura. Su familia está integrada por siete miembros, quienes le ayudan a la siembra y cosecha de piña, pitahaya, plátano, maíz y café, en pequeñas cantidades.

Adolfo dijo que todo lo que ellos han logrado ganar ha sido por esfuerzo propio, ya que el Gobierno no les ha apoyado ni con la reparación del camino, que ha sido dañado con las lluvias.

“Gracias a Dios lo que tenemos es de nosotros, nadie nos ha dado nada, si se nos pierde una gallina no hay problema, porque era mía y nadie me puede reclamar, lo único que sí debo decir es que es responsabilidad del Gobierno, ya no tanto que nos den, sino que reparen el camino aunque sea que tiren material selecto, porque las lluvias lo han dejado en peores condiciones”, manifestó.

El hijo menor de Adolfo, William Medina, se dedicaba a la apicultura, un rubro que deja buenas ganancias, pero que también requiere de inversión y cuido.

Según William Medina, las abejas africanizadas le producían miel a los quince días, pero debido a que la única persona que le ayuda al cuido se fue al país del sur, Costa Rica; las abejas fueron descuidadas y huyeron del enjambre.

“Nosotros éramos las únicas personas en Carazo que nos dedicábamos a la apicultura, porque es un trabajo con buena paga pero se requiere de cuido, por ejemplo en invierno tenés que poner el dulce hasta que haya polen, de tres cajas nosotros sacábamos a los quince días miel y también cera”, dijo.

OTRAS ALTERNATIVAS

Tras perder su ingreso fijo, William decidió dedicarse a la siembra de piña, que dura 16 meses en dar su cosecha, para luego comercializarse en Masaya, el mercado en donde el producto es mejor pagado y muy cotizado.

La producción es vendida en tres etapas: la primera, que es de mejor calidad, es vendida a 120 córdobas la docena de piña; la segunda es vendida entre 70 y 50 córdobas, y la última, que son las piñas más pequeñas, se dan hasta en 30 córdobas la docena.

“Aquí todos nos ayudamos, mi papá me prestó el dinero y sembramos 23 mil matas y sacamos hace poco de la primera cosecha, que es la mejor pagada, cuatro mil piñas y eso que nosotros no sembramos cantidades, hay gente que siembra tres, cinco manzanas, nosotros apenas sembramos media manzana y le sacamos cuarenta mil (córdobas) y todavía nos hace falta una parte que sale a inicios del año que viene”, dijo.

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