CIUDAD VICTORIA/AFP
La explosión de un coche bomba la madrugada del viernes en Ciudad Victoria (estado de Tamaulipas) acrecentó el clima de temor en el noreste de México, después de la masacre de 72 emigrantes —de los cuales 31 ya han sido identificados— y la desaparición de un investigador de la Fiscalía estatal y un coordinador de la Policía de San Fernando.
La explosión del coche bomba en Ciudad Victoria, capital estatal, dejó fuera del aire en la región al canal Televisa, principal cadena de televisión de México, aunque no provocó víctimas, informó el mismo canal.
El ataque se produjo en medio del fuerte despliegue de seguridad establecido en Tamaulipas tras revelarse la masacre de los migrantes.
El coche bomba explotó a las 00H18 locales (05H18 GMT). Ninguna organización se atribuyó el ataque hasta el momento, el tercero contra Televisa en el noreste de México en menos de 10 días, según Reporteros Sin Fronteras, que pidió esclarecer si hay relación entre la cobertura de la masacre y el coche bomba.
La explosión ocurrió en la capital estatal, mientras a 180 km en el poblado de San Fernando continuaba ayer la identificación de los 72 emigrantes de Centro y Sudamérica que fueron masacrados el martes en un rancho por presuntos miembros de Los Zetas.
Un total de 31 cadáveres ya fueron identificados y entre ellos hay 14 hondureños, 12 salvadoreños, cuatro guatemaltecos y un brasileño, informó ayer la Fiscalía de Tamaulipas.
Los cadáveres están siendo trasladados desde el municipio de San Fernando, donde fueron hallados en un rancho, hasta la ciudad de Reynosa, fronteriza con Estados Unidos, donde diplomáticos de cuatro países: Brasil, Ecuador, Honduras y El Salvador, participaban en las tareas para identificar las víctimas.
El vicecanciller de Honduras, Alden Rivera, expresó ayer que cree que no se podrá identificar a “un grupo importante” de los 72 masacrados.
Su contraparte, el vicecanciller para los salvadoreños en el exterior, Juan José García, aseguró que “será largo” el proceso de identificación de las víctimas, la mitad de los cuales sigue sin haber sido reconocidos por falta de pistas.
Respecto a los agentes desaparecidos, el gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández, informó ayer que no tienen pistas de quienes se los llevaron.
El gobernador no facilitó la identidad del investigador, pero detalló que se trata “del encargado de ir al lugar de los hechos donde estaban los 72 cuerpos de los inmigrantes” y que participó de las tareas periciales.
La sospecha sobre la autoría de la matanza de emigrantes recae sobre Los Zetas, grupo creado por antiguos militares de cuerpos de élite, que en los años noventa pidieron la baja o desertaron para unirse al cártel del Golfo y que ahora disputan a sus antiguos jefes el control de rutas del narcotráfico.
Un ecuatoriano, que sobrevivió al ataque contra los migrantes, informó que los agresores se identificaron como miembros de este grupo, que además del narcotráfico utilizan el robo de combustible y el secuestro de migrantes para financiarse.
El Presidente de México, Luis Felipe Calderón, señaló ayer que la masacre es un hecho de “barbarie” que muestra el “tamaño del reto”, que significa el crimen organizado “para la estabilidad democrática del país”.
Calderón ya se había referido al reto que significa el creciente poderío del crimen organizado, tras el asesinato, en junio en Tamaulipas, del candidato favorito para ganar la gobernación estatal, atribuido también a organizaciones narcotraficantes.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenó ayer la matanza y pidió a México “adoptar medidas urgentes para investigar y hacer justicia, así como para proteger a los migrantes en tránsito”.
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